Ex Drummer

Ex Drummer

Película “Ex Drummer” (2007)
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“Tengo que decir que puedo arreglármelas con muchos sentimientos a la vez.
Puedo estar completamente feliz y dolido al mismo tiempo.
Me consumen las dudas de la vida, y no me preocupa la muerte.
Esta combinación es posible si tu espíritu es fuerte, si eres robusto.
O sea, para alguien que quiere luchar hasta el final
y es tan cínico como el rey de Siam.

Alguien como yo.
Soy así, tengo esas dudas y sentimientos que cambian.
He ido tan a fondo como para decir que esos sentimientos dirigen mi trabajo.
Aparte de eso, tropiezo como todos.
Ando viendo por qué lado sopla el viento
y asegurándome de no volverme loco.

Eso es todo.
¿El precio de la fama?
Es un fenómeno extraño.
No guardo en secreto el hecho de vivir en Ostend
y la gente viene y me molesta de vez en cuando.

Algunos llegan incluso a tocar el timbre y pedirme un autógrafo.
En ocasiones hay niñas que piensan que me las quiero follar.
Personas extrañas, visitantes extraños.
Como ayer.
Tres minusválidos vinieron ayer.
Verdaderos perdedores.
Y eran minusválidos.
Tenían un grupo de rock sin baterista y lo andaban buscando.
Les pregunté cómo llegaron a mí y el primero dijo que su madre pensó en mí.
El segundo gritó que había oído que yo era bueno con la batería.
El tercero no habló.
Sólo estuvo sentado, mirando a mi chica.
Peligroso el tipo.
Era el vocalista y su discapacidad era un impedimento del habla.
Ceceaba.
Usualmente no se toma el ceceo como una discapacidad, pero en este caso sí.
También había ido a prisión por asalto.
Más de una vez.
Dijo que en ese momento era como especialista en asaltos.
Koen De Geyyter, acostumbrado a golpear mujeres.”

 

“- La banda tocará sólo una vez.
Sólo una presentación y ya.
OK. Ahora que te tengo al teléfono, me uniré a la banda.
– ¿En serio? ¡Genial!
¿Y la discapacidad?
– Tengo una, un poco llamativa.
No sé tocar la batería.
– Ah, bien.
– Y tengo un buen nombre.
The Feminists.
– ¿Los qué? ¿Feministas?
– Sí, cuatro discapacitados son tan buenos como cuatro putas feministas
¿Entiendes?”

 

“- ¿Por qué quieres tocar con ese jodido grupo?
– No lo sé. Creo que quiero salir fuera de mi mundo feliz.
Descender a los abismos de la estupidez,
fealdad, torpeza, falta de fe y falsedad.

Unirme a la vida de los perdedores pero sin
pertenecer a ese mundo y con el conocimiento

de que siempre puedo volver a mi propio mundo.
Y a ti.”

 

“- ¿Hay algo que puedas hacer?
– Sí.
Puedo ver desde muy lejos si alguien lleva peluca.”

 

“- Brindemos por él.
Erna, cuatro cervezas y un agua.
– No, gracias. Ya me voy.
– Cinco cervezas y nada de agua.”

 

“- ¿Así que piensas que eventos como la muerte
de Su Majestad el Rey Boudewijn I llevan al dolor colectivo?
Querida…
Antes que nada, el dolor colectivo no existe.
Segundo, sólo pasaría si el precio del petróleo
o el pan de pronto subiera hasta los cielos.

Pero no cuando alguien muere.
Desde luego no por un jodido imbécil como el Rey Boudewijn.
OK, los primeros días después de algo como eso podría haber algo como
sorpresa colectiva.
Algo como ”¿quién lo hubiera pensado?”
y ”la semana pasada se veía muy bien en TV”.

Pero no puedes llamarlo dolor colectivo, perra excitadiza.
No es el tipo de dolor del que puedas hacer toda una tesis.
Porque, como dije, el dolor colectivo no existe.
Sólo hay dolor personal.
El Rey de Siam fue el último rey que casi provoca algo colectivo.
– ¿Aún quieres tomar parte o no?
– Sí, claro. ¿Por qué no?
– ¿Qué pensaste al escuchar que el Rey Boudewijn había muerto?
– A las 3 en punto, esa noche, Lio se fue a dormir y había una triste y casi
insoportable música en la radio.
Y me di cuenta de que había ocurrido un terrible desastre
o alguien importante había muerto.
Y que su viaje a través del Limbo
era acompañado por extraña música

que no era constantemente interrumpida
por las estupideces usuales del DJ.

No era yo.
Seguía vivo.
No eran Phoebe o Gloria, podía sentir
su palpitar en mis arterias, como siempre.

Ni mi madre, ella ya había fallecido.
Y de pronto lo supe.
Era el rey.
Tenía que ser él.”

 

“- ¿Quién te pidió que te sentaras?
– ¿Quién pidió que me hablaras?
– Seré breve.
Tu peluca está torcida.
– Me das ganas de vomitar.”

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Publicado el 18/12/2013 en 1001. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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