No hay mañana

No hay mañana
(There’s No Tomorrow)
Dermot O’Connor / Incubate Pictures
35 min
2012

Esta es la Tierra, tal y como era hace 90 millones de años. Los geólogos llaman a este período el Cretácico Tardío, un tiempo de extremo calentamiento global y los dinosaurios aún dominaban la Tierra. Estaban seguros con sus vidas en la cima de la cadena alimenticia, ajenos a los cambios que sucedían a su alrededor.

Los continentes se alejaban unos de otros abriendo enormes grietas en la corteza terrestre que se inundaron convirtiéndose en mares. Las algas prosperaron en el calor extremo envenenando el agua. Murieron y billones de ellas cayeron al fondo de las fallas. Los ríos arrastraron sedimentos a los mares, hasta que los restos orgánicos de las algas fueron sepultados. La presión creció con el calor, hasta que una reacción química transformó los restos en hidrocarburos fósiles: petróleo y gas natural. Un proceso similar ocurrió en tierra, y produjo carbón.

La naturaleza tardó 5 millones de años en crear los combustibles fósiles que consume el mundo en un año.

El estilo de vida moderno depende de esta energía solar fosilizada, aunque una sorprendente mayoría de gente lo da por sentado.

Desde 1860 los geólogos han descubierto más de 2 trillones de barriles de petróleo; desde entonces hemos gastado alrededor de la mitad.

Antes de poder extraer petróleo, hay que descubrirlo. Al principio era fácil de encontrar y extraerlo era barato. El primer gran yacimiento americano fue Spindletop, descubierto en 1900. Muchos más le siguieron.

Los geólogos rastrearon los EEUU, encontrando enormes reservas de petróleo, gas natural y carbón. EEUU producía más petróleo que ningún otro país en el mundo y esto le permitió convertirse en una superpotencia industrial.

Una vez que un pozo empieza a producir petróleo, es sólo cuestión de tiempo que empiece su declive. Cada pozo tiene una tasa de producción diferente. Cuando se hace la media de muchos pozos, la gráfica resultante se muestra como una campana de Gauss. Lo habitual es que pasen 40 años desde que un país alcanza el pico de descubrimiento hasta que alcanza el pico de producción, después del cual entra en declive permanente.

En los años 50, el geólogo de la Shell M. King Hubbert predijo que el pico de producción de EEUU se daría en 1970, 40 años después del pico de descubrimientos en EEUU. Pocos le creyeron. Sin embargo, en 1970, la producción de petróleo de EEUU llegó al máximo y entró en un declive permanente. Hubbert tenía razón.

A partir de entonces, EEUU dependería cada vez más de las importaciones de crudo, lo que hizo que fuese vulnerable a cortes de suministro y contribuyó a los estragos de las crisis petroleras de 1973 y de 1979.

En la década de 1930 se vieron las tasas más altas de descubrimientos petroleros de la historia de EEUU. A pesar de la avanzada tecnología, el declive de los nuevos yacimientos norteamericanos ha sido inexorable.

Hallazgos más recientes, como el de ANWAR (en Alaska), en el mejor de los casos proveerían petróleo para 17 meses. Incluso el nuevo yacimiento “Jack 2” del Golfo de México sólo suministraría unos pocos meses de consumo doméstico; a pesar de ser grandes, ninguno de estos yacimientos está cerca de satisfacer las necesidades energéticas de EEUU.

Se acumulan las evidencias de que la producción de petróleo ha llegado a su cenit o está cerca de hacerlo. Globalmente el ritmo de descubrimientos de nuevos yacimientos llegó a su cenit en los 60. Más de 40 años después, el declive en los descubrimientos de nuevos yacimientos parece imparable.

54 de los 65 mayores países productores de petróleo han llegado a su techo de producción. La mayoría del resto esperan seguirlos igualmente en un futuro próximo.

El mundo necesitará el equivalente a una nueva Arabia Saudí en producción cada 3 años para cubrir el declive de producción de los pozos actuales.

En los años 60, se descubrían 6 barriles de petróleo por cada barril que se consumía. Cuatro décadas después, el mundo consume entre 3 y 6 barriles de petróleo por cada barril que se descubre.

Una vez que se llegue al pico mundial de producción de petróleo, la demanda de petróleo superará a la oferta y el precio de la gasolina fluctuará con fuerza, afectando a mucho más que el coste de repostar un coche.

Las ciudades modernas son dependientes de los combustibles fósiles, incluso las carreteras están hechas de asfalto, un derivado del petróleo, así como los tejados de muchas casas. Áreas inmensas serían inhabitables sin calefacción en invierno, o sin aire acondicionado en verano.

La expansión de las ciudades obliga a la gente a conducir muchos kilómetros al trabajo, escuela y comercios. Las grandes ciudades han separado las zonas residenciales y comerciales lejos, obligando a la gente a utilizar el coche. Los suburbios y muchos barrios, fueron diseñadas asumiendo una abundancia de petróleo y energía.

Los productos químicos derivados del petróleo, o petro-químicos, son esenciales en la elaboración de innumerables productos. La agricultura moderna depende enormemente de los combustibles fósiles, como los hospitales, los aviones, la distribución de agua, el ejército de EEUU, que usa unos 140 millones de barriles de petróleo anualmente.

Los combustibles fósiles son también esenciales para la fabricación de plásticos y polímeros, ingredientes clave en ordenadores, dispositivos de ocio y ropa. La economía global depende actualmente de un crecimiento infinito, demandando un creciente suministro de energía barata. Somos tan dependientes del petróleo y otros combustibles fósiles, que una pequeña alteración en el suministro puede tener efectos incalculables en todos los aspectos de nuestras vidas.

Energía

La energía es la capacidad de desarrollar un trabajo. Un americano medio dispone hoy de la energía equivalente a 150 esclavos trabajando 24 horas al día.

Los materiales que almacenan energía para trabajar se denominan combustibles. Algunos combustibles contienen más energía que otros. Esto de denomina densidad energética. De estos combustibles, el petróleo es el más crítico. El mundo consume 30.000 millones de barriles al año, que equivale a 1 milla cúbica de petróleo (4,17 km³) lo que contiene tanta energía como la que generarían 52 plantas nucleares trabajando durante 50 años.

Aunque el petróleo sólo genera el 1,6% de la electricidad de EEUU, mueve el 96% del transporte. En 2008, EEUU importaba 2/3 del petróleo que consumía, la mayoría de Canadá, México, Arabia Saudí, Venezuela, Nigeria, Irak y Angola.

Varios factores hacen único al petróleo: es energéticamente denso. Un barril de crudo contiene la energía equivalente a la de 3 años de trabajo de una persona. Es líquido a temperatura ambiente, fácil de transportar y utilizable en pequeños motores.

Para conseguir energía, hay que usar energía. El truco está en usar una cantidad pequeña para extraer una cantidad más grande. Esto se denomina TRE (EROEI), Tasa de Retorno Energético. El petróleo convencional es un buen ejemplo. El fácil de extraer, crudo de alta calidad, se bombeó primero. Los petroleros gastaban una energía equivalente a un barril para poder extraer 100; la TRE del petróleo era 100.

A medida que el petróleo fácil se extraía, la exploración se llevó a aguas profundas, o a países distantes, usando cantidades mayores de energía para obtener lo mismo. A menudo, el petróleo que se encuentra ahora es de baja calidad y caro de refinar. La TRE del petróleo actual es menor de 10. Si se usa más energía para obtener el combustible que la energía que éste contiene, no merece la pena obtenerlo.

Es posible convertir un combustible en otro. Cada día hacemos algo similar, parte de la energía contenida en el combustible original se pierde. Por ejemplo, hay petróleo no-convencional: las arenas bituminosas y el esquisto. Las arenas bituminosas se encuentran principalmente en Canadá. 2/3 del esquisto mundial está en EEUU. Ambos combustibles pueden convertirse en crudo sintético, sin embargo requiere grandes cantidades de agua y calor, reduciendo su TRE, que se reduce hasta 5 e, incluso, a un valor tan bajo como 1’5.

El esquisto es un combustible extraordinariamente pobre, a igual peso contiene aproximadamente 1/3 de la energía de una caja de cereales para el desayuno. El carbón existe en enormes cantidades, y genera casi la mitad de la electricidad del planeta. El mundo usa casi 2 millas cúbicas (8,34km³) de carbón al año. Sin embargo, la producción global de carbón tocará techo antes de 2040. La afirmación de que EEUU tiene siglos de carbón es discutible, ya que no tiene en cuenta una demanda creciente y una calidad decreciente del carbón. La mayoría del carbón antracita de alta calidad ya se ha consumido, dejando carbón de baja calidad que tiene menor densidad energética.

La producción sube, a la vez que el carbón se agota, y los mineros tienen que cavar más profundo y en áreas menos accesibles. Muchos usan métodos destructivos para llegar a los depósitos de carbón, causando destrozos medioambientales.

El gas natural se encuentra a menudo junto con el petróleo y el carbón. Los hallazgos de gas convencional en EEUU tocaron techo en los años 50, y la producción llegó a su máximo al principio de la década de 1970. Si desplazamos la curva de hallazgos 23 años hacia adelante, el futuro de la producción de gas convencional de EEUU se revela.

Recientes avances han permitido la extracción de gas natural no-convencional como el gas de esquisto, lo que ayudaría a compensar la caída de los próximos años. Hay controversia en cuanto al gas no convencional ya que necesita unos precios altos de energía para ser rentable. Aún con gas no convencional, podríamos ver un pico en la producción mundial de gas hacia 2030.

Aún existen grandes reservas de uranio fisionable. Para reemplazar los 10 terawatios (TW) que se generan en el mundo a partir de combustibles fósiles se necesitarían 10.000 centrales nucleares. A ese ritmo las reservas conocidas de uranio durarían de 10 a 20 años.

Los experimentos con los reactores reproductores rápidos basados en plutonio en Francia y Japón han sido caros fracasos. La fusión nuclear se enfrenta a obstáculos técnicos enormes.

Luego están las renovables. La eólica tiene una TRE alta pero es intermitente. La hidroeléctrica es fiable, pero la mayoría de los ríos en el mundo desarrollado ya tienen presas. Las plantas de energía geotérmica convencionales utilizan los puntos calientes existentes cerca de la superficie de la Tierra; están limitadas a esas áreas. En el sistema experimental SGA (EGS), se perforarían dos pozos a 10 km de profundidad. Se bombea agua hacia abajo por una tubería para que se caliente en unas fisuras del subsuelo subiendo por otra, generando electricidad. De acuerdo a un estudio reciente del MIT, esta tecnología podría suministrar un 10% de la electricidad de EEUU en 2050.

La energía de las olas está restringida a zonas costeras. La densidad energética de las olas varía de una región a otra. Transportar la energía generada por las olas a zonas interiores del continente sería un reto. Además, la sal del medio marino es corrosiva para las turbinas.

Los biocombustibles son combustibles que se cultivan. La madera tiene una baja densidad energética y crece lentamente. El mundo utiliza 3.7 millas cúbicas (15.4km³) de madera al año. El biodiesel y el etanol se producen a partir de cosechas cultivadas mediante agricultura impulsada por petróleo. El beneficio energético de estos combustibles es muy bajo.

Algunos políticos quieren convertir el maíz en etanol. Usar etanol para suplir un 10% del consumo de petróleo previsto para 2020 necesitaría emplear el 3% de la superficie de EEUU. Para suplir 1/3 del petróleo se necesitaría el triple de superficie de la que se utiliza hoy para cultivar comida. Para suplir todo el consumo estadounidense de petróleo en 2020 se necesitaría el doble de la tierra que se utiliza usa para cultivar alimentos.

El hidrógeno tiene que ser extraído del gas natural, carbón o agua, lo que utiliza más energía que la que obtenemos del hidrógeno. Esto convierte la economía del hidrógeno en algo improbable.

Todos los paneles fotovoltaicos del mundo generan tanta electricidad como 2 centrales eléctricas de carbón. Se utiliza el equivalente a entre 1 y 4 toneladas de carbón para fabricar un único panel solar. Deberíamos cubrir unos 360.000 km² con paneles para suplir la demanda mundial. En 2007 había sólo unos 10 km². La energía solar concentrada o solar térmica tiene un gran potencial, pero por ahora sólo hay un pequeño número de plantas operativas. También están limitadas a climas soleados, necesitando transmitir grandes cantidades de electricidad a través de largas distancias.

Todas las alternativas al petróleo dependen de máquinas propulsadas por petróleo, o requieren materiales como los plásticos que se producen del petróleo. Al oír futuros anuncios de nuevas y asombrosas fuentes de energía o inventos deberíamos preguntarnos: ¿Existe un modelo operativo comercial del invento? ¿Cuál es su densidad energética? ¿Se puede almacenar y distribuir fácilmente? ¿Es constante o intermitente? ¿Se puede escalar a nivel nacional? ¿Hay problemas ocultos de ingeniería sin resolver? ¿Cuál es su Tasa de Retorno Energético (TRE)? ¿Cuál su impacto medioambiental?

Recordemos que las cifras pueden engañar. Por ejemplo: 1.000 millones de barriles de petróleo satisfarían la demanda mundial sólo durante 12 días. Una transición desde los combustibles fósiles sería un desafío enorme.

En 2007, el 48,5% de la electricidad de EEUU provenía del carbón, 21,6% del gas natural, 1,6% del petróleo, 19,4% de las centrales nucleares, 5,8% de hidroeléctricas. Otras renovables suponían sólo un 2,5%

¿Es posible remplazar un sistema basado en combustibles fósiles con energías alternativas?

Se requieren grandes avances tecnológicos, así como de voluntad política y cooperación, enormes inversiones, consenso internacional, la reconversión de la economía global de 45 billones de dólares, incluido el transporte, industrias manufactureras y producción agrícola, así como personal competente para gestionar el cambio.

Si se consigue todo esto, ¿podría continuar el modo de vida actual?

Crecimiento

Estas bacterias viven en una botella. Su población se dobla cada minuto. A las 11:00 hay una sola bacteria. A las 12:00 la botella está llena. Está medio llena a las 11:59 dejando espacio suficiente para una duplicación más. Las bacterias ven el peligro. Buscan nuevas botellas y encuentran 3; creen que su problema se ha resuelto.

A las 12:00 del mediodía la primera botella está llena. A las 12:01 la segunda botella está llena. A las 12:02 todas las botellas están llenas.

Éste es el problema al que nos enfrentamos debido a la duplicación provocada por el Crecimiento Exponencial.

Cuando la humanidad empezó a utilizar carbón y petróleo como fuentes de combustible, experimentó un crecimiento sin precedentes. Incluso tasas de crecimiento bajas producen grandes incrementos a lo largo del tiempo.

A una tasa de crecimiento del 1% una economía duplicaría su tamaño en 70 años. Al 2% se duplicaría en 35 años. A una tasa de crecimiento del 10% una economía se duplicaría en sólo 7 años. Si una economía crece al 3% medio anual actual se duplicará cada 23 años. Con cada duplicación la demanda de energía y recursos excederá a la demanda de todas las duplicaciones previas conjuntamente.

El sistema financiero se basa en la asunción del crecimiento, el cual requiere de un suministro creciente de energía para soportarlo.

Los bancos prestan dinero que no tienen, en efecto, creándolo. Los prestatarios utilizan el dinero recién creado para construir sus negocios y devuelven la deuda junto con el pago de un interés que requiere más crecimiento. Debido a esta forma de crear dinero a partir de la deuda, la mayoría del dinero del mundo representa una deuda con un interés que ha de ser repagado.

Sin la continua aparición de nuevas y mayores generaciones de prestatarios para producir crecimiento y así saldar estas deudas, la economía mundial colapsaría. Al igual que en un esquema piramidal o Ponzi, el sistema debe expandirse o morir.

Debido en parte a este sistema de deuda los efectos del crecimiento económico han sido espectaculares: en PIB, embalses en ríos, utilización de agua, consumo de fertilizantes, población urbana, consumo de papel, vehículos motorizados, comunicaciones y turismo.

La población mundial ha crecido hasta 7.000 millones de personas y se espera que supere los 9.000 millones para 2050. En un planeta plano e infinito esto no sería un problema, sin embargo, dado que la Tierra es redonda y finita en algún momento nos enfrentaremos a los límites del crecimiento.

La expansión económica ha dado lugar a incrementos en el óxido nitroso y metano atmosféricos, reducción de ozono, incremento de grandes inundaciones, daños a los ecosistemas oceánicos, incluyendo escapes de nitrógeno, pérdida de selvas y bosques, incremento de tierra domesticada y extinción de especies.

Si pusiéramos un único grano de arroz en el primer cuadro de un tablero de ajedrez, duplicásemos esta cantidad y pusiésemos 2 granos en el segundo, duplicásemos otra vez para poner 4 en el tercero, 8 en el cuarto y continuásemos de esta manera poniendo en cada cuadro el doble de granos de arroz que en el anterior, en el momento que llegásemos al último cuadro necesitaríamos la astronómica cifra de granos: 9.223.372.036.854.776.000; más granos de los que la humanidad ha cultivado en los últimos 10.000 años.

Las economías modernas, al igual que los granos del tablero de ajedrez, se duplican cada pocas décadas. ¿En qué cuadro del tablero estamos?

Además de la energía, la civilización requiere otros muchos recursos esenciales: agua potable, suelo fértil, alimentos, bosques y muchos tipos de minerales y metales. El crecimiento está limitado por el recurso esencial con menor disponibilidad.

Como en un barril hecho con tablas que llenásemos de agua, el crecimiento no puede ir más allá de lo que permita la tabla más baja o el recurso esencial más limitado.

Los seres humanos aprovechamos el 40% de toda la actividad fotosintética de la Tierra. Aunque sería posible llegar a aprovechar el 80%, es poco probable que lleguemos a utilizar alguna vez el 160%.

Alimentos

El suministro global de alimentos depende en gran medida de los combustibles fósiles.

Antes de la Primera Guerra Mundial, toda la agricultura era orgánica. Tras la invención de los fertilizantes y pesticidas derivados de los combustibles fósiles se produjeron mejoras a gran escala en la producción de alimentos, permitiendo incrementos en la población humana.

El uso de fertilizantes artificiales ha alimentado a mucha más gente de lo que hubiera sido posible con agricultura ecológica solamente.

Los combustibles fósiles son necesarios para los equipos de producción agrícola, transporte, refrigeración, empaquetado en plástico, y cocinado. La agricultura moderna utiliza la tierra para transformar los combustibles fósiles en comida y la comida en personas. Se utilizan alrededor de 7 calorías de energía de combustibles fósiles para producir 1 caloría de comida.

En EEUU la comida viaja aproximadamente 2.400 km desde la granja hasta el consumidor.

Además de la disminución de los combustibles fósiles, existen varias amenazas al sistema actual de producción de alimentos: la energía barata, las mejoras tecnológicas y los subsidios han permitido capturas masivas de pescado.

La pesca global alcanzó su cénit a finales de la década de 1980, obligando a los pescadores a desplazarse a aguas más profundas.

El nitrógeno liberado por los fertilizantes basados en combustibles fósiles envenena los ríos y los mares creando enormes zonas muertas. A este ritmo, se prevé que todas las poblaciones de peces colapsen para 2048.

La lluvia ácida procedente de las ciudades e industrias elimina del suelo nutrientes vitales como el potasio, el calcio o el magnesio.

Otra amenaza es la escasez de agua. Muchas granjas utilizan para el regadío agua subterránea bombeada desde los acuíferos. Los acuíferos necesitan miles de años para llenarse pero pueden agotarse en unas pocas décadas igual que los pozos petrolíferos. En EEUU, el enorme acuífero de Ogallala se ha reducido a tal nivel que muchos agricultores han tenido que volver a cultivos de secano menos productivos. Adicionalmente, el uso de regadíos y fertilizantes puede llevar a la salinización: la acumulación de sal en el suelo. Ésta es una de las principales causas de desertificación.

Otra amenaza es la pérdida de suelo fértil. Hace 200 años la capa de suelo fértil de las praderas en EEUU tenía unos 6 pies (1,8m) de espesor. Hoy, debido al arado y a las malas prácticas se ha perdido aproximadamente la mitad.

El riego fomenta el crecimiento de los hongos de la roya como el UG-99, que tiene el potencial de destruir el 80% de la cosecha de grano mundial. Según Norman Borlaug, padre de la Revolución Verde, la roya “tiene el inmenso potencial de la destrucción humana y social”.

El uso de biocombustibles significa que habrá menos tierra disponible para la producción de alimentos.

Cualquier terreno tiene una capacidad de carga finita. Esto es, el número de animales o personas que pueden vivir en él indefinidamente. Si una especie excede la capacidad de carga de ese terreno, morirá hasta que la población retroceda hasta sus límites naturales. El mundo ha evitado esta mortandad mediante la localización de nuevas tierras para cultivar o mediante el incremento de la productividad que ha sido posible en gran medida al petróleo.

Para continuar con el crecimiento, se necesitan más recursos de los que la Tierra puede proporcionar pero no tenemos a nuestra disposición nuevos planetas.

Ante estos desafíos, la producción global de alimentos debe duplicarse para 2050 para alimentar a la creciente población mundial. Actualmente 1000 millones de personas padecen hambre o malnutrición. Será todo un desafío alimentar más de 9.000 millones de personas en los próximos años, cuando la producción de petróleo y de gas natural esté en decadencia.

Final Feliz

La economía global crece exponencialmente, a un ritmo aproximado de un 3% anual, consumiendo cantidades crecientes de combustibles no renovables, minerales y metales, así como recursos renovables como agua, madera, suelo fértil y pescado más rápido de lo que pueden reponerse.

Incluso a una tasa de crecimiento del 1%, una economía se doblará en 70 años. El problema se agrava por otros factores: la globalización permite a la gente de un continente comprar productos y alimentos producidos en otro continente.

Las cadenas de suministro son largas e imponen tensiones sobre los limitados recursos petrolíferos. Actualmente dependemos de países remotos para nuestras necesidades básicas. Las ciudades modernas dependen de los combustibles fósiles. La mayoría de los sistemas bancarios están basados en deuda, obligando a las personas a integrarse en una espiral de créditos o devoluciones – generando crecimiento.

¿Qué puede hacerse para encarar estos problemas?

Muchos creen que la crisis puede evitarse mediante la conservación, la tecnología, el crecimiento inteligente, el reciclado, los coches eléctricos e híbridos, la sustitución o votando.

Podemos ahorrar dinero mediante la conservación pero por sí sola no salvará el planeta. Si algunas personas reducen su consumo de petróleo, la demanda eliminada reducirá el precio permitiendo a los demás comprar más barato. De la misma forma, un motor más eficiente que utilice menos energía conducirá, paradójicamente, a un mayor uso de energía.

En el siglo XIX el economista inglés William Stanley Jevons cayó en la cuenta de que las máquinas de vapor más eficientes convirtieron al carbón en una fuente de energía más rentable, lo que impulsó el uso de más máquinas de vapor que, a su vez, llevó a un incremento del consumo total de carbón.

El incremento del uso consumirá toda la energía o recursos ahorrados mediante conservación.

Muchos creen que los científicos resolverán estos problemas con nuevas tecnologías. Sin embargo, la tecnología no es energía. La tecnología puede canalizar la energía en trabajo pero no puede reemplazarla. La tecnología también consume recursos: por ejemplo, la fabricación de un ordenador consume la décima parte de la energía necesaria para fabricar un coche. Las tecnologías más avanzadas pueden empeorar esta situación pues requieren de minerales raros que también están acercándose a sus límites. Por ejemplo, el 97% de las Tierras Raras del mundo las produce China, la mayoría de una única mina en el interior de Mongolia.

Estos minerales se usan en convertidores catalíticos, motores de aviación, imanes de alta eficiencia y discos duros, baterías de coches híbridos, láseres, Rayos-X, portátiles, aislamiento de reactores nucleares, CDs, motores de vehículos híbridos, bombillas de bajo consumo, fibra óptica y pantallas planas.

China empieza a considerar la restricción de la exportación de estos minerales a medida que la demanda se dispara.

El llamado crecimiento sostenible o crecimiento inteligente no servirá de ayuda pues también requiere de minerales y metales no renovables en cantidades crecientes, incluyendo Tierras Raras.

El reciclaje no resolverá el problema pues requiere energía y el proceso no es eficiente al 100%. Sólo es posible recuperar una fracción del material reciclado mientras que una gran parte se pierde para siempre en forma de residuos.

Los coches eléctricos funcionan con electricidad. Dado que la mayoría de la electricidad se genera a partir de combustibles fósiles esto no es una solución. Adicionalmente, la fabricación de todo tipo de vehículos consume petróleo. Un único neumático requiere de unos 7 galones (26,5 litros) de petróleo.

En 2010, había aproximadamente 800 millones de coches en el mundo. Al ritmo actual de crecimiento esta cifra alcanzaría los 2.000 millones para 2025; es poco probable que el planeta pueda soportar esta cantidad de vehículos por mucho tiempo, independientemente de su tipo de combustible o energía.

Muchos economistas creen que el libre mercado sustituirá una fuente de energía por otra gracias a la innovación tecnológica. Sin embargo, los principales sustitutos del petróleo se enfrentan a sus propias tasas de decaimiento. La sustitución también falla al no tener en cuenta el tiempo necesario para preparar una transición.

El informe Hirsch del Departamento de Energía de EEUU estima que se necesitarían al menos 2 décadas para prepararse para los efectos del pico del petróleo. Los problemas de la escasez de energía, el agotamiento de los recursos, la pérdida de suelo fértil y la polución son todos síntomas de un único problema mayor: el crecimiento.

Mientras nuestro sistema financiero exija el crecimiento perpetuo, es poco probable que las reformas tengan éxito. Entonces, ¿qué aspecto tendrá el futuro?

Los optimistas creen que el crecimiento continuará para siempre sin límite. Los pesimistas creen que nos dirigimos a una nueva Edad de Piedra o a la extinción. La realidad puede estar entre estos dos extremos.

Es posible que la sociedad retroceda a un estado más sencillo en el cual se utilice una cantidad de energía muy inferior. Esto significaría una vida más dura para la mayoría: más trabajo físico, más trabajo agrícola y producción local de bienes, alimentos y servicios.

¿Qué debería hacer una persona para prepararse de cara a este posible futuro? Contar con un descenso en el suministro de productos y alimentos desde lugares remotos, empezar a andar o a montar en bicicleta, acostumbrarse a utilizar menos electricidad, liberarse de sus deudas, intentar evitar a los bancos, en lugar de comprar en grandes superficies apoyar a los comercios y negocios locales, comprar comida cultivada localmente en mercados de agricultores y granjeros, considerar cultivar su propia comida en lugar de mantener césped, aprender a conservarla, considerar el uso de monedas locales en caso de que las monedas mayores dejen de cumplir su función y desarrollar una mayor autosuficiencia.

Ninguno de estos pasos evitará el Colapso pero podrían mejorar las posibilidades en un futuro de baja energía, uno en el que tendremos que ser más autosuficientes tal y como nuestros ancestros lo fueron una vez.

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Publicado el 16/12/2013 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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