La ciencia del Sex Appeal (1 de 2)

La ciencia del Sex Appeal (1 de 2)
Discovery Channel
88 min
2008

El atractivo sexual. ¿Será cuestión de gustos personales o fruto de una compleja ecuación biológica?

Una nueva generación de investigadores y un numeroso grupo de cobayas humanas nos desvelan los sorprendentes y, a veces, desconcertantes secretos de la ciencia del sex-appeal.

Para gustos, los colores“, como se suele decir. Pues no, en absoluto, el atractivo sexual no es cuestión de gustos; es un imperativo biológico: la evolución está detrás de nuestra elección de pareja y eso es algo que se puede demostrar científicamente.

Estamos programados para interpretar información genética a partir del rostro, la silueta, el movimiento y la voz. Y al parecer, para las mujeres, la elección es más compleja que para los hombres.

Hasta ahora, pensábamos que la elección de una pareja se basaba en criterios totalmente arbitrarios: la belleza es subjetiva. Pero en los últimos años, hay pruebas que indican que, probablemente, eso no sea así. Hay muchos mecanismos que funcionan de forma inconsciente e intervienen en nuestra elección: la belleza no es arbitraria. En el mundo entero, a hombres y mujeres, hay ciertas cosas que les resultan más atractivas y otras, menos.

Todos actuamos con arreglo a unas reglas genéticas, que nos ordenan emparejarnos con la pareja más sexy que podamos encontrar y que hace que nos encante estar enamorados. Resulta que la monogamia e incluso la infidelidad son comportamientos programados. Todo está preparado para que nuestros hijos tengan los mejores genes y las mejores perspectivas de sobrevivir.

¿Dónde comienza la ciencia del sex-appeal? En el rostro. Una sola mirada puede desatar una pasión que dure toda una vida.

A lo largo de los siglos, hay rostros que han pasado a la historia por su magnetismo y su encanto. Los artistas, científicos y filósofos de todos los tiempos han tratado de averiguar qué es lo que hace que una cara sea absolutamente irresistible.

Los griegos pensaban que el secreto residía en una fórmula matemática. Platón la bautizó como proporción áurea, la fórmula de la perfección. Tomamos un segmento y lo dividimos en dos partes. La proporción áurea se da cuando la relación de la parte menor, con respecto de la mayor, es la misma que la que existe entre la parte mayor y la longitud total del segmento: aproximadamente, dos tercios del total.

Y resulta que en la naturaleza hay muchas estructuras que se rigen por este número áureo, incluido el ser humano. Muchas proporciones anatómicas de las manos, los pies, los brazos, el torso y la cara se ajustan con bastante precisión a esta medida matemática.

Kendra Schmid trabaja como estadística en la Universidad de Nebraska y emplea la proporción áurea para medir el atractivo de los rostros.

“Comenzamos pidiéndoles a los participantes que puntuaran unas fotografías en función de su atractivo. Descubrimos que hay características que son más importantes que otras para que alguien nos resulte atractivo. Por ejemplo, que el ancho del ojo mida lo mismo que el espacio entre ambos ojos y que la relación entre el ancho de la boca y el de la nariz se ajuste a la proporción áurea.”

Kendra tan sólo tiene que marcar los puntos claves de las orejas, los ojos, la nariz y la boca de una persona y el programa calcula cuánto se ajusta ese rostro a la proporción áurea. La imagen de Greta Garbo puntúa un 6,5. El 10 es la perfección, pero cualquier puntuación por encima de 6 se considera atractiva. Nefertiti obtiene un 6,8. Con más de un 7, eres irresistible. Kirk Douglas saca un 7.

Ni el programa que usa Kendra ni la proporción áurea hacen distinciones entre la belleza masculina y la femenina, pero la femineidad y la masculinidad tienen mucho que ver con el atractivo de una cara.

Lisa DeBruine es una psicóloga que lleva años analizando rostros. Trabaja en la Universidad de Aberdeen, en Escocia, en el Laboratorio de Investigación Facial más importante del mundo. Al igual que Kendra Schmid, Lisa descompone el rostro humano en varios rasgos: los ojos, la nariz, la boca y la piel.

“Estas son las imágenes de una mujer y un hombre medios, generadas a partir de las fotografías de 60 jóvenes caucásicos de cada uno de los sexos. Con ellas podemos apreciar cuáles son las diferencias entre un rostro femenino y uno masculino. Los femeninos tienen una mandíbula más pequeña y afilada, menos cuadrada que la de los hombres y unas cejas menos pobladas. Por último, el nacimiento del pelo es más recto en los hombres.”

Pero el trabajo de Lisa no consiste únicamente en analizar rostros, sino también en crear caras nuevas exagerando los rasgos de alguien.

“Esta es la fotografía de una mujer; a partir de ella, podemos crear una cara más masculina. Ensanchamos la mandíbula, empequeñecemos los ojos y bajamos las cejas. O al contrario, la hacemos más femenina, estrechando la mandíbula y elevando las cejas.”

DeBruine encuestó a muchos sujetos sobre estas caras masculinizadas, feminizadas y sin modificar. El 81% de los hombres prefirieron a la mujer más femenina y la mayoría de las mujeres, al hombre masculinizado.

Las diferencias entre los rostros de hombres y mujeres se deben a la acción de las hormonas sexuales.

“Durante la infancia, las caras de los niños y las niñas son muy parecidas, pero en la pubertad empiezan los cambios y a causa de la testosterona las caras de los chicos se alargan, la mandíbula se les ensancha y las cejas se hacen más pobladas. Que un hombre tenga una cara muy masculina significa que su concentración de testosterona es alta y que una mujer tenga una cara muy femenina es indicio de que tiene altas concentraciones de progesterona y estrógenos y un sistema reproductor sano.”

Al parecer, a la mayoría de nosotros nos atraen las personas del sexo opuesto que, en la pubertad, produjeron una gran cantidad de hormonas sexuales. Sus caras dan indicios de buena salud y fertilidad.

“Cuando decimos que alguien es atractivo, lo que estamos diciendo, en realidad, es que, probablemente, esa persona tiene buenos genes, que tiene una buena salud reproductora. Si me emparejo con esa persona y tenemos hijos, a esos niños les irá bastante bien.”

Cuando nos fijamos en alguien que nos parece sexy, lo que realmente enciende la chispa es un análisis vertiginoso de la cara de esa persona que hacemos de forma subconsciente. Pero el cerebro hace mucho más que valorar los niveles de hormonas sexuales de una posible pareja. El rostro nos da otra pista fundamental sobre la salud genética y física del individuo: la simetría.

Imaginemos que pudiéramos separar el rostro por la mitad y suponer un lado sobre el otro. El resultado serían unos ojos alineados, una sonrisa recta y la nariz, los pómulos y la frente en un equilibrio perfecto. La simetría de la cara es algo a lo que afectan una serie de sucesos que se producen antes de nuestro nacimiento.

El feto de un ser humano está diseñado para desarrollarse en dos lados iguales, a partir del eje central de la columna vertebral, pero eso no siempre ocurre así; la composición del rostro se puede ver ligeramente alterada por pequeñas anomalías genéticas, una alimentación deficiente o una leve infección, cuya sutil huella queda grabada para siempre.

Lisa DeBruine ideó un experimento para comprobar qué relación había entre la simetría y el atractivo sexual. Escogió a un hombre y a una mujer y empezó a modificar sus caras.

“Tengo que repasar los 200 puntos de referencia que tenemos aproximadamente para determinar dónde estaría la simetría. Después, calculo dónde tendrían que estar situados para que la cara fuese simétrica y los coloco.

Esta es una fotografía de la misma mujer, con otro peinado y otra ropa; ahora, voy a hacer un rostro menos métrico, exagerando las diferencias en esos mismos puntos.”

Lisa colocó las fotografías en la pared de un edificio universitario; a quienes pasaba, les decía que eran gemelos y quería saber cuál les parecía más atractivo y por qué. Ocho de cada diez hombres y mujeres prefirieron la cara simétrica. Es una elección subconsciente basada en unos indicios fundamentales sobre la salud física y genética que quedan grabados en el rostro ya en el vientre materno.

Pero no nos limitamos a buscar pistas sobre la salud genética de los demás; también nos preocupamos de promocionar la nuestra.

Uno de los hallazgos más curiosos de los estudios de investigación facial es que los rostros sufren cambios muy sutiles de un día para otro. Lisa DeBruine ha constatado que las mujeres se ponen más atractivas cuando están ovulando.

“Hemos hecho estudios sobre cómo cambian las caras de las mujeres a lo largo del ciclo menstrual y lo hemos comparado con el aspecto que tienen durante la ovulación y con otros momentos del ciclo en los que esa probabilidad disminuye. Pedimos a los participantes que eligieran entre ambas caras y con más frecuencia señalaban el rostro que se correspondía con el período de ovulación como el más atractivo.

Aún no sabemos en qué consiste la diferencia, pero pensamos que las mujeres pueden tener un aspecto más saludable y radiante cuando están ovulando.”

Masculinidad, femineidad, simetría y fertilidad, los ingredientes secretos de la atracción. Pero no hemos hecho más que empezar; el sex-appeal es mucho más que una cara bonita.

¿Qué hace que un cuerpo sea sexy? A juzgar por las imágenes con las que nos bombardea la publicidad, la mujer ideal tiene una figura estrecha, caderas redondeadas y unas piernas largas y esbeltas. En el caso de los hombres, unas espaldas anchas, los pectorales marcados y unos abdominales de infarto. ¿Pero es esto lo que nos resulta atractivo realmente? La ciencia ya nos ha desvelado los secretos de una cara bonita; ahora, sigamos bajando.

Carrie Johnson trabaja en la Universidad de California, en un estudio sobre los cuerpos que más despiertan nuestro apetito sexual. Ha fotografiado cientos de cuerpos y ha entrevistado a cientos de personas para evaluarlo. En su estudio utilizó un dispositivo que sigue el movimiento de los ojos mientras los sujetos observan los cuerpos.

“El punto aparece en el lugar al que miran los sujetos; cuanto más se detienen en un lugar, más se ensancha el punto. Como podéis observar, lo repasa todo con la mirada. Se detiene un poco más en la cara; luego, mira los hombros y sube y baja la mirada por todo el cuerpo. También observa los pechos de la mujer, lo que es bastante normal; es habitual que los hombres se fijen más en el pecho que las mujeres.”

El busto de una mujer indica claramente que ha pasado la pubertad y, probablemente, sea capaz de reproducirse, así que no es raro que los hombres se fijen en él. Pero no es lo único que llama la atención de los hombres. Hay avances neurológicos recientes que sugieren que hay una parte del cerebro que se activa con intensidad cuando miramos un cuerpo. Carrie Johnson ha investigado qué era lo que estimulaba esa parte del cerebro y resultó ser una pregunta difícil de responder.

“Cuando miramos a una persona que anda por la calle, hay cosas que pueden distraer nuestra atención de lo que realmente nos interesa en un estudio científico. Puede que la persona lleve un vestido muy corto y eso nos hace mirar esa parte del cuerpo o que lleve alguna joya, y esas son cosas que nos entorpecen a la hora de interpretar qué es lo que nos parece atractivo o no.”

Para asegurarse de que lo único que se juzgase fueran los contornos del cuerpo, Carrie creó una siluetas grises sin rostros, senos, ni adornos, idénticas, salvo en las proporciones del cuerpo y le pidió a los participantes que dijeran si correspondían a un hombre o a una mujer.

En seguida Carrie observó que había un patrón: independientemente de la forma que tuviera la silueta los participantes solían fijarse en las caderas y la cintura.

“No ha dudado; le ha resultado evidente. Ha mirado la cintura y las caderas y ha dicho, de inmediato, que era una mujer. Ha mirado rápidamente a esa categoría. Este cuerpo es más ambiguo, así que ha ido pasando de un lado al otro, porque no estaba del todo seguro.”

Carrie ha averiguado que todos los seres humanos usamos la cintura y las caderas como referencia para juzgar el sexo de una persona; eso tiene una explicación muy sencilla: las hormonas sexuales, que invaden nuestro organismo durante la pubertad, transforman radicalmente el cuerpo femenino. La cintura se estrecha y la silueta se asemeja a un reloj de arena.

Los investigadores han asignado una cifra a la silueta femenina más sexy: la cintura debe tener una anchura del 70% con respecto a la medida de la cadera. Las obras de arte que nos permiten trazar una cronología de esta proporción, cercana a la proporción áurea, demuestran que ese fue el ideal a lo largo de la historia de la humanidad, incluso en la Edad de Piedra, que fue cuando se esculpió esta figura de 20.000 años de antigüedad.

“Cuando comenzamos el estudio, la teoría que imperaba sobre el atractivo físico se basaba en un único rasgo: en lo curvilíneo que fuese el cuerpo. Se pensaba que eso se debía a que indicaba salud o fertilidad; según esta teoría, las mujeres más atractivas serían aquellas que están sanas y son capaces de tener hijos.”

Pero los resultados de la investigación, en principio, parecían contradecir esta teoría: aunque los hombres encontraban atractiva la proporción del 70%, una cintura del 60, e incluso del 50% con respecto a la cadera, les parecía aún más atractiva, de modo que la cintura sería tan estrecha que a la mujer le sería imposible tener hijos.

“Si las zonas del cuerpo fueran indicativas de la salud y de la fertilidad, cabría esperar que los cuerpos más extremos, que ni siquiera existen en la naturaleza, resultaran menos atractivos, pero resulta que sucede al contrario: los cuerpos que nos resultan más atractivos, son los más extremos, los que tienen la cintura más estrecha con respecto a las caderas, tanto que ni siquiera existe de forma natural, pero los participantes dicen que es atractiva.”

Esto parece contradecir la vinculación que los científicos han identificado entre el atractivo sexual y la salud y la fertilidad. Pero, en realidad, no era así, porque la pieza que nos faltaba es que el cerebro valora el atractivo del cuerpo en función de cómo se mueve.

“Uno de los primeros estudios que se hicieron sobre el cuerpo en movimiento, en la década de 1970, fueron los de Johansson. Puso un material reflectante, como pelotas de pimpón y cinta adhesiva en las principales articulaciones y grabó a los modelos caminando y saltando, haciendo todo tipo de movimientos. Cuando los participantes en el estudio veían las grabaciones de esos puntos en movimiento, identificaban, sin dudarlo, que eran personas y ese fue el gran hallazgo de la investigación. Eso nos dice lo importante que es el cuerpo y, en particular, el cuerpo en movimiento, para formarnos una opinión.”

Carrie animó sus siluetas grises con distintas formas de andar y distintos anchos de cintura, y les pidió a los participantes que le dijeran cuál les parecía más sexy.

“Cuando evaluamos las respuestas, comprobamos que los cuerpos que resultaban más atractivos eran los que tenían un torso recto y erguido y balanceaban los hombros con un aire masculino. O bien los que tenían forma de reloj de arena, que más movían las caderas. El resto de las combinaciones no resultaban tan atractivas.”

Las conclusiones de Johnson indican que usamos un método simplificado para interpretar los indicios de masculinidad y femineidad. En otras palabras: “somos vagos, no me hagas pensar demasiado. ¿Es este un cuerpo con el que me merezca la pena aparearme?”

“Pensamos que el mecanismo realmente no se basa en la salud o en la fertilidad, sino en una combinación de indicios que sea muy fácil de entender. Este es un hombre masculino; es una información fácil de procesar y por eso nos resulta atractivo. Y por otro lado, una mujer con un cuerpo muy femenino, también es fácil de interpretar y resulta más atractiva a quienes la miran.”

Y lo que funciona con el que mira también se aplica al que es objeto de deseo. Carrie le pidió a unos cuantos sujetos que caminasen en una cinta de correr, mientras les grababa. A la mitad, les explicó en qué consistía el experimento.

“Queremos que camines sobre la cinta a una velocidad que te resulte cómoda y, luego, analizaremos la eficiencia de tus movimientos al andar, mediante un algoritmo informático.”

Y a la otra mitad, les dio una explicación distinta.

“Te grabaremos caminando y enseñaremos las imágenes a otras personas para que valoren tu atractivo sexual.”

Enseguida, Carrie advirtió que las personas que pensaban que se estaba valorando su atractivo tendían a exagerar sus movimientos y a tratar de parecer especialmente masculinas o femeninas.

“Cuando observamos a una mujer, vemos que balancea más las caderas de un lado a otro; en el caso de los hombres y de la forma masculina de andar, los hombres se mueven un poco más también e incluso saca los brazos un poco hacia fuera, para aumentar el tamaño visible de su cuerpo.”

Esta es una mujer caminando con normalidad. Y este es el movimiento de caderas de una de las mujeres que piensan que se va a evaluar su atractivo. A la izquierda, vemos a un hombre caminando con normalidad y, a la derecha, el movimiento de hombros de uno de los que está desplegando sus encantos.

Al parecer, tenemos un mecanismo mental que nos impulsa elegir a las parejas que caminan de forma atractiva y otro que nos hace andar de forma atractiva, cuando sabemos que nos están mirando. Es un impulso que procede de los instintos de apareamiento de los primeros seres humanos. Si alguien caminaba de forma irregular, eso sugería que podría tener debilidades genéticas y una corta esperanza de vida. En cambio, unos buenos andares reflejaban que se trataba de una persona sana, con probabilidad de sobrevivir lo suficiente para criar a los hijos.

“La evolución consiste en transmitir los genes a la siguiente generación, así que estamos muy atentos a los indicios sobre la salud de una persona, sobre la calidad de sus genes. Estamos dotados de mecanismos para detectar las sutiles características que nos dan esa información sobre los demás.”

Pero no todos tenemos una cara o un cuerpo perfectos y esa es la cara oscura del sex-appeal. Tenemos 10 hombres y 10 mujeres que van a pelear por conseguir la mejor pareja para aparearse en pro de la ciencia.

El cerebro está entrenado para calcular rápidamente el atractivo de las caras y cuerpos de las posibles parejas, en busca de los mejores genes. Pero no todos somos capaces de pillar una pareja 10; lo hacemos lo mejor que podemos.

Cómo y con quién deberíamos emparejarnos es un enigma que Douglas Kenrick, psicólogo evolutivo, lleva décadas tratando de resolver.

“Si nos limitáramos a buscar buenos genes, ningún hombre estaría satisfecho si no acabara con Jennifer López o alguna supermodelo… desistirían. Y las mujeres no se conformarían con nadie por debajo de Brad Pitt o alguien así de atractivo. En la vida real, la gente tiene que emparejarse con alguien.”

¿Cómo funciona el mecanismo de emparejamiento? Para averiguarlo, el doctor Kenrick reunió a 10 mujeres y 10 hombres de atractivo medio, para realizar con ellos unos cuantos experimentos sobre dinámica social. En primer lugar, eliminó todas las diferencias posibles entre estas cobayas humanas y las vistió de forma neutral e idéntica.

“Bueno, vamos a hacer un ejercicio de emparejamiento. Como veis, todos lleváis un número; no podéis ver el vuestro, pero sí el de los demás. Para ofreceros, tendedle la mano a la otra persona; si os acepta, estaréis emparejados y os retiraréis al fondo. Y no tendréis que seguir buscando y tender la mano a otra persona. El objetivo es tratar de conseguir el número más alto posible, pero tenéis que tener en cuenta que vosotros lleváis un número también, que influye en la elección de los demás.”

Los números se han asignado de forma arbitraria y representan el atractivo del 1 al 10. En la vida real, en la que uno no sabe exactamente cuál es su grado de atractivo, tendemos a aspirar a lo más alto, a conseguir un 10, y a partir de ahí vamos rebajando las aspiraciones a alguien que nos acepta.

“Algunos hacen el ofrecimiento y son rechazados. Los dos con el 5 ya se han emparejado entre sí. No se ha dado una correspondencia exacta, pero sí que se ha establecido una correlación. Las personas con los números más altos esperaron y obtuvieron más ofrecimientos. Quienes tenían los números más bajos no recibieron ofrecimientos; eso es, más o menos, lo que ocurre en la vida real.”

El experimento arroja luz sobre lo que ocurre en una mente adolescente, cuando uno aún no es consciente del propio atractivo.

“Imaginemos a unos adolescentes en el instituto: tenemos a un chico y a una chica y ambos son dieces; lo que ocurrirá es que van a recibir mucha atención del sexo opuesto y, pronto, se van a dar cuenta de que van a tener más donde elegir. Si eres un 5 o un 6, como la mayoría, te vas a dar cuenta también. Es cuestión de observar la actitud de los demás hacia ti.”

Es algo que tenemos que aprender y que puede ser un proceso desagradable. Para ilustrar una versión rápida de este proceso de aprendizaje, el doctor Kenrick le puso micrófono a la mujer con el número 3 y le pidió que fuese narrando el mecanismo de elección de pareja.

“Supongo que todas van a ir a por el chico con el 10. 3… 1… 4… 10… Anda, el 10 ya está cogido. Nadie cruza la mirada conmigo. No estoy acostumbrada a eso. Me gusta ese, sí. Pero tiene un número demasiado bajo; puedo conseguir algo más. A ver… 1… No. 7… Igual… Vaya, ya está emparejado. Me temo que llevo un número muy bajo, porque nadie viene a por mí. Vamos… 2… No, puedo aspirar a más. Ya casi no quedan números. 1… 8… Creo que esto es lo que queda. Vale, me ha tocado el 2.”

Después de asignar los números de forma arbitraria, el doctor Kenrick quiso saber cómo serían las cosas si la elección de pareja se hiciese en función del atractivo físico real. Cuando los voluntarios llegaron y antes de que los hombres y las mujeres pudieran verse cara a cara, les pidió que valoraran el aspecto físico de los participantes del sexo opuesto, del 1 al 10. Después, calculó la media de cada persona y los ordenó en función de eso. En esta segunda prueba, los participantes van a tratar de emparejarse con la persona más atractiva que puedan.

“Vamos a cambiar un poco las reglas y les vamos a permitir a las chicas que se quiten las medias de la cabeza. Vale, ahora, los chicos. Bueno, esta vez, guiaos por vuestras propias preferencias. Y haced como en la prueba anterior: intentad conseguir a la persona que os parezca más atractiva. Apuntad alto.”

Tal como Kenrick esperaba, todos ellos se emparejaron con alguien más o menos a un punto de su propia valoración. ¿Significa esto que, en lo que respecta a nuestro atractivo, la suerte está echada desde el día en que nacemos? Afortunadamente, no. La atracción física no es el único criterio que rige nuestra elección de pareja.

El sex-appeal tiene muchos más ingredientes que la mera apariencia física.

En Tanzania, viven los hadza, una de las últimas tribus de cazadores y recolectores. Puede parecer extraño que hayan sido sujetos de un estudio sobre el sex-appeal, pero en el año 2006, se hizo un estudio con ellos para averiguar cuáles de estos hombres eran más capaces de conseguir que sus genes pasaran a la siguiente generación. Sus rasgos más representativos son su tradición oral y sus cánticos. El objetivo del estudio era comprobar si había alguna relación entre sus voces y su capacidad para atraer a una pareja.

“Primero, hemos grabado una serie de voces masculinas y hemos anotado cuántos hijos han tenido esos hombres. Y lo que hemos constatado es que los hombres con un mayor número de hijos, tendían a tener voces más graves. Y los hombres con voces más agudas, tendía a tener un menor número de hijos.”

¿Cómo puede estar relacionado el tono de voz con el número de hijos que engendres?

“Creemos que la importancia del tono de voz de una persona puede estar relacionada con el hecho de que, durante la mayor parte de la historia evolutiva del ser humano, cuando el sol se ponía, reinaba la oscuridad y por eso, por la noche, las relaciones interpersonales más decisivas estaban presididas por los sonidos.”

Y en el centro de esas interacciones nocturnas, cómo no, se situaban la seducción y el sexo. Cuando un hombre y una mujer charlan distendidamente en una primera cita, hay una antena que se pone en funcionamiento para detectar el atractivo sexual que no se centra en lo que se está diciendo, sino en cómo se está diciendo.

David Feinberg ha estado tratando de averiguar en qué reside el atractivo de una voz.

“Del sonido de una voz sacamos muchas conclusiones sobre esa persona, desde la primera vez que la escuchamos. Podemos intuir qué edad tiene o en qué estado de ánimo se encuentra, por ejemplo, pero nuestro estudio se centra en una de las cosas más interesantes con respecto a la voz: si podemos medir el atractivo de una persona por cómo suena su voz.”

Feinberg pidió a varios estudiantes de ambos sexos que valoraran el sex-appeal de varias voces del sexo opuesto. En general, los hombres eligen a mujeres con voces más bien agudas.

“Con las voces femeninas, nos puede parecer que a los hombres les gustan las suaves y sensuales, pero el estudio muestra lo contrario. Una de las principales razones de esto es que las mujeres más jóvenes, así como las que tienen niveles altos de estrógenos, tienen la voz más aguda.”

Y probablemente, no nos sorprenda comprobar que las mujeres elijan a los hombres con las voces más graves, más masculinas.

“El tono de voz de un hombre está relacionado con la producción de testosterona durante la pubertad. Los hombres con más testosterona desarrollan voces más graves y los que hayan producido menos hormonas sexuales tienen voces más agudas, de forma que, cuando las mujeres las escuchan, aunque no sepan que se debe a la influencia hormonal, están reaccionando, inconscientemente a esa información.”

Las mujeres reaccionan ante algo que no sólo está relacionado con el tono de voz; el aumento de la testosterona durante la pubertad, además de originar una voz atractiva, también modela un rostro y, a menudo, un cuerpo atractivo. Con las mujeres ocurre lo mismo: una concentración hormonal alta hace que tengan una cara y una cintura más atractivas, más pecho y una voz más aguda. Y aquí es donde la historia da un giro interesante: a medida que la cara de la mujer se hace más atractiva durante la ovulación, la voz también.

El doctor Gordon Gallup, de la Universidad Estatal de Nueva York, ha estudiado cómo afectan los niveles de estrógeno al tono de voz de una mujer, a lo largo del ciclo menstrual.

“La subida hormonal afecta al tono de voz de una persona durante la pubertad, pero eso sigue ocurriendo en las mujeres adultas, como consecuencia de la variación de la concentración de hormonas durante el ciclo menstrual.”

10 hombres se han presentado voluntarios para valorar el atractivo de 10 voces femeninas. Al final del experimento, el doctor Gallup les revela una información sorprendente.

“No sé si os habréis dado cuenta o no, pero algunas de estas voces corresponden a la misma mujer. De hecho, en esta prueba, sólo han intervenido cuatro mujeres, a las que grabamos en distintas fases del ciclo menstrual.”

Esta es la voz de una de las mujeres. Y esta es su voz durante una fase distinta del ciclo. En la segunda grabación, el tono de voz es ligeramente más agudo que en la primera. Se grabó cuando la mujer estaba ovulando, en sus días más fértiles.

“Cuando las mujeres están en mitad del ciclo, que es cuando son más fértiles y tienen más probabilidades de concebir, es cuando sus voces resultan más atractivas.”

Una cara bonita, un cuerpo escultural, una voz seductora… todo fruto de las hormonas e impulsado por la genética. Lo que entendemos como atractivo sexual es el resultado de una motivación genética para llamar la atención de la pareja más apropiada. ¿Pero hay alguna forma de cambiar las tornas si la genética juega en contra?

El sex-appeal es toda una trama que se está desarrollando de forma subconsciente en el cerebro, siguiendo las órdenes de nuestros genes, hasta llegar al punto culminante en el que nos emparejamos para aparearnos. Y aquí es donde la cosa se pone interesante.

“En el caso de los seres humanos, la elección de la pareja es una decisión muy importante, porque tenemos un número muy reducido de hijos. En general, se piensa que tanto a los hombres como a las mujeres, les gusta encontrar parejas atractivas, pero, en realidad, lo que resulta atractivo en un hombre no es lo mismo que en una mujer.”

Las diferencias entre lo que ambos sexos buscan en el sexo opuesto se refleja en la forma en la que nos promocionamos. Las mujeres son el sexo más bello y ornamentado de la especie humana, una rareza en comparación con el reino animal, donde los machos son quienes exhiben los adornos más elaborados para atraer la atención de sus posibles parejas. Los pavos reales machos tienen un plumaje espectacular; los leones, una magnífica melena.

Los varones no cuentan con ningún adorno anatómico específico, pero sí tienen otras cosas… llamémoslos “accesorios”.

“Un coche dice mucho de ti: te hace parecer más estable, más interesante y atractivo. Atrae las miradas de las chicas. Eso es así. El coche, de alguna forma, te define, porque lo que conduces refleja lo que eres.”

“Los seres humanos, como mamíferos que son, establecen una competencia entre los machos, porque las mujeres eligen a los machos dominantes. Así que los hombres usan varias estrategias para lucirse. Es lo mismo que ocurre en otras especies de mamíferos; en el parque nacional de las Montañas Rocosas se ven esos carneros con una enorme cornamenta. Antes de que lleguen las hembras, se dedican a embestirse entre ellos; a las hembras no les interesa la competición en sí, sino cuál ha ganado a los demás.

En cierta forma, los clubes de coches son algo parecido. Los hombres se dedican a presumir de que los demás les respetan y les admiran y lo que llama la atención de las mujeres es que seas el hombre con más prestigio en ese círculo. Los hombres son quienes deciden quién es el que destaca y, entonces, ellas les eligen como pareja.”

El motivo por el que ellas son más exigentes que ellos es que, en su caso, el sexo puede tener más consecuencias: un hombre puede acostarse con una mujer y largarse; una mujer puede tener que enfrentarse a nueve meses de embarazo y a muchos años cuidando un hijo. Las mujeres buscan buenos genes y carteras abultadas.

“Vamos a poner un ejemplo: si vas a salir a cenar esta noche y te vas a gastar 200 euros, seguro que te leerás primero las opiniones que haya sobre los restaurantes y tendrás cuidado de elegir bien y no te va a hacer ninguna gracia si no comes bien. Pero si te vas a gastar cinco euros en cualquier puesto callejero, te conformas con mucho menos.

Desde la perspectiva de la evolución, los hombres tienen la posibilidad de comer por cinco euros; entre los mamíferos, todos los machos la tienen, pero las hembras, no.”

El deseo de las mujeres de encontrar a alguien que comparta con ellas esa carga, les hace buscar algo más que un físico; ellas buscan indicios del prestigio, la riqueza y la idoneidad de un hombre como pareja en general, que la proteja a ella y a su prole.

Un estudio realizado en Austria ha demostrado que las mujeres pueden cambiar su percepción sobre un hombre, en función del coche que tenga. En él se les pedía que valoraran fotografías de coches, como si fueran imágenes de hombres.

“Es como si los coches tuvieran una cara que realmente afectase a la percepción que tenemos de ellos y a la personalidad que les atribuiríamos. Las mujeres prefieren los coches que dan una imagen de fuerza y dominio. Lo que también puede que se asocie con que son más seguros y suelen ser los más caros.”

“Muchos de los factores que intervienen en la reproducción humana se ven en la publicidad. Las personas anuncian lo mejor que tienen. Dicen: “esto es lo que ofrezco” y lo amplifican en cierta medida.”

“Para los hombres, lo prioritario es el atractivo físico; para las mujeres, que un hombre tenga una buena posición social puede marcar la diferencia.”

“La reproducción humana no se basa únicamente en el sexo; elegir una pareja es sólo parte del juego; luego, hay que conservar esa pareja. Hay que construir un nido, por así decirlo, con esa persona y criar a los hijos entre los dos. Así que hay mujeres atractivas que se casan con hombres menos atractivos que ellas, porque lo compensan con otras características, como los recursos o el compromiso.”

Con un experimento sencillo, podemos comprobar hasta qué punto la posición social y económica de un hombre puede cambiar la percepción de una mujer sobre él. En la prueba de los emparejamientos, se les hicieron fotos a los participantes con ropa normal. A cada hombre se le atribuyó un trabajo inventado: unos eran dependientes, otros, altos ejecutivos del mundo de la música… A continuación, se les mostraron las fotos a mujeres por la calle.

En el estudio anterior, basándose sólo en su atractivo físico, a este hombre se le dio un 4 sobre 10. Pero con unos ingresos anuales de 245.000 dólares y un trabajo de prestigio…

“- Yo diría que un 8.
– Digamos que un 7.
– Pues un 6 o un 7.
Por el dinero.”

Este chico obtuvo un 9 en el experimento, pero, ahora, con un sueldo de 23.500 dólares al año, en una tienda de material de oficina, ha perdido mucho sex-appeal.

“- Un 5.
– Un 4.”

Y este chico, que fue el que menor puntuación obtuvo en el experimento, recibió un empujoncito en su atractivo, gracias a su imaginaria y lucrativa empresa de software (sueldo 375.000 dólares al año).

“- Un 10.”

Mientras que a los hombres les basta con una cara seductora y un cuerpo llamativo, a las mujeres les atraen tanto la salud como la riqueza. Pero esa no es la única diferencia entre ambos sexos; la exigencia de las mujeres va mucho más allá y está asociada a un radar que los hombres no son capaces de detectar.

El atractivo sexual es algo que todos estamos seguros de apreciar a simple vista. O al oírlo. ¿Pero acaso tiene un olor en particular?

[En 3 días continuamos y acabamos…]

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Publicado el 18/11/2013 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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