Kinsey, el doctor del sexo

Kinsey, el doctor del sexo
(Sex in America)
Discovery Channel / Curiosity

44 min
2012

El sexo. ¿Qué sabemos en realidad?

Soy Debby Herbenick y hago un estudio sobre conducta sexual.

El mayor estudio sobre sexualidad jamás realizado. 5.000 personas, cientos de preguntas, sin limitaciones.

El estudio nos revela qué hace la gente en la cama, y la ciencia más avanzada nos revela el por qué. ¿Por qué somos infieles? ¿Cómo escogemos? y ¿Qué ocurre cuando se apagan las luces?

Es uno de los pasatiempos de los estadounidenses. ¿Pero cómo es exactamente en el siglo XXI?

El mayor estudio sobre sexo realizado en los EEUU responderá a esa pregunta de infinitas maneras.

Fue un trabajo inmenso. Durante muchos meses no hicimos otra cosa. Fue el estudio sobre comportamiento sexual más exhaustivo jamás realizado.

No se utilizaron sólo personas jóvenes, ni sólo personas blancas, ni sólo personas con un cierto nivel educativo. Entrevistamos a todo tipo de personas.

No se coartó ninguna pregunta.

Le preguntamos a la gente con qué frecuencia se masturbaba, con qué frecuencia practicaba sexo oral, sexo anal pasivo… preguntamos por qué practicamos sexo, por qué lo hacemos.

Sólo otro estudio ha hecho una variedad tan amplia de preguntas acerca del sexo a una población tan amplia y se llevó a cabo hace 60 años en la misma institución.

Fue justo en este campus donde se realizaron los primeros estudios sistemáticos a gran escala sobre las conductas sexuales de los humanos.

Durante una década Alfred Kinsey y su equipo preguntaron a miles de estadounidenses acerca de sus prácticas sexuales más íntimas. Los resultados se publicaron en 2 libros que asombraron a la nación.

Era la primera vez que los estadounidenses tenían un análisis profundo de lo que ocurría en los dormitorios del país, por así decirlo. Tuvieron que enfrentarse al hecho de que las mujeres se masturbaban, que la homosexualidad era parte de la vida, que también se practicaba sexo oral, que las mujeres eran seres sexuales como los hombres.

Los estudios hechos por Kinsey revolucionaron nuestra manera de hablar sobre el sexo y nuestra manera de pensar sobre ello. De pronto la gente tuvo que enfrentarse al hecho de que la verdadera conducta sexual humana no era ordenada.

Las conclusiones de Kinsey, aunque revolucionarias, hace tiempo que están anticuadas.

Ahora contamos con los resultados del estudio nacional sobre salud y comportamiento sexual de la Universidad de Indiana.

Capítulo 1. Orgasmo

Una de las cosas que más curiosidad despierta sobre el sexo es el orgasmo. Sobretodo el femenino.

Hace 60 años Kinsey descubrió que en el momento del matrimonio el 36% de las mujeres nunca había alcanzado el orgasmo, ni una sola vez.

En nuestro estudio les pedimos a hombres y mujeres que nos indicasen su conducta sexual más reciente en pareja. Lo que descubrimos es que cerca del 85% de los hombres dijo que su pareja había tenido un orgasmo cuando practicaron sexo. En cambio sólo el 64% de las mujeres dijo haber tenido un orgasmo cuando practicaron sexo. Es lo que se conoce como brecha orgásmica.

Se trata de una brecha demasiado grande como para ignorarla, pero ¿cómo se explica?

Creo que seguramente tenga que ver con la comunicación. La gente puede dar por supuestas cosas sobre lo que experimenta su pareja que pueden no ser ciertas.

El tamaño de la brecha sugiere claramente otra posibilidad. Algunas mujeres fingen sus orgasmos. Pero ¿por qué las mujeres fingen el orgasmo? Creo que existe una enorme presión tanto para el hombre como para la mujer al hacer que tu pareja se sienta bien y para que vea que has quedado satisfecha das muestras de haber tenido un orgasmo.

La Dra. Nicole Prause de UCLA ha estudiado la excitación sexual femenina en el laboratorio.

En términos generales las mujeres no siempre tienen orgasmos durante el coito pero siguen teniendo relaciones. ¿Por qué? ¿Qué es lo que hace que las mujeres lo sigan haciendo una y otra vez si no es el orgasmo?

Para ayudarle a averiguarlo, una mujer joven cuya identidad se mantendrá oculta, se conectará a un electroencefalógrafo o EEG para medir sus ondas cerebrales mientras se estimula. También se colocará un termistor, un diminuto dispositivo que medirá su temperatura genital. Mantendrá este pequeño disco en contacto con sus labios.

Básicamente cuando una mujer se excita sexualmente aumenta la temperatura en esa zona.

En otra sala, la Dra. Prause y su colega Greg Siguel [¿?] examinan las ondas cerebrales y la temperatura de los genitales. A medida que se excita la lectura se dispara. Transcurrido un rato, la sujeto alcanza el orgasmo.

Cribando los datos, la doctora descubre un resultado sorprendente: al parecer, en el patrón que hemos visto hoy, la lectura del EEG que creemos indica la mejor señal de recompensa, llegó a su punto más alto cuando se estaba autoestimulando para alcanzar el orgasmo, mientras que cuando llegó al orgasmo, sobre el punto medio, la lectura cayó, de inmediato.

Creo que las mujeres obtienen más placer de todo lo que conduce al orgasmo que del propio orgasmo.

Nuevamente, en Indiana, el estudio sugiere que aunque el orgasmo puede ser menos importante para las mujeres, existen maneras de maximizar las posibilidades de tener uno.

Las mujeres que dicen haber practicado un mayor número de conductas sexuales y una mayor variedad de estas en su última relación sexual en pareja, tienen más probabilidades de haber tenido un orgasmo.

De las mujeres que tuvieron un solo acto sexual en su último encuentro íntimo sólo el 55% tuvieron un orgasmo. 3 actos sexuales diferentes y el número se eleva al 78%. 5 actos y el número sube al 89%. Una posible lección: a mayor variedad, más orgasmos. No es de extrañar que la variedad fuese uno de los puntos importantes del estudio, y uno que arroja resultados impresionantes.

Capítulo 2. Estilos sexuales

Hace 6 décadas Kinsey descubrió que un 70% de las parejas practicaban sexo sólo en la postura del misionero. Para averiguar si ese porcentaje ha cambiado, el estudio dividió el comportamiento en 6 actos concretos y preguntó cuales practicaba la gente.

En nuestro estudio encontramos 41 combinaciones diferentes de conductas sexuales. Combinaciones diferentes de coito vaginal, coito fálico-anal, masturbación en pareja, sexo oral, tanto activo como pasivo… Ninguna conducta predomina sobre la otra.

Hoy lo que descubrimos es que el coito pene-vagina aún siendo la práctica más común entre la gente, representa una proporción más pequeña de lo que denominamos el espacio sexual.

El estudio de la Universidad de Indiana demuestra que sólo 1/3 de los entrevistados se atienen únicamente a esa anticuada versión del sexo. Los 4 actos sexuales más practicados entre las parejas de hoy, por orden de popularidad, son:

1. Pene-vagina
2. Sexo oral
3. Masturbación en pareja
4. Sexo anal

Eso no significa que todos los estadounidenses se hayan convertido en campeones olímpicos del sexo. Sólo 1 de cada 40 hombres practicaron 5 o más actos en su último encuentro sexual y sólo 1 de cada 200 mujeres. No obstante, esta mayor variedad plantea una pregunta: ¿Por qué la gente practica más actos sexuales que en los tiempos de Kinsey?

Existe un gran catalizador.

Cuando en el 53 se publicó Comportamiento Sexual en la Mujer, no había la píldora anticonceptiva.

La invención en 1960 de la píldora anticonceptiva separó el sexo de la procreación y lo convirtió en diversión. Su impacto fue enorme.

Lo que permitió la píldora fue que las mujeres, por primera vez, disfrutasen realmente del sexo sin preocuparse por quedarse embarazadas. Fue una experiencia de enorme liberación y dio paso a la revolución sexual; nuestras vidas cambiaron para siempre.

Los anticonceptivos dieron elecciones a las parejas y un nuevo tipo de libro, publicado en 1972 [The Joy of Sex / El placer del sexo] les dio ideas.

Creo que El placer del sexo ha ayudado a dar forma a nuestra cultura al ayudarnos a ver que se supone que tenemos que disfrutar de nuestra sexualidad. Era una especie de recopilación de sexualidad de la A a la Z.

Con sus ilustraciones claras y su asesoramiento explícito encendió una hoguera bajo la dormida sexualidad estadounidense, animando a la gente a probar actos de los que no habían oído hablar y mucho menos habían practicado. Fue el más influyente de un floreciente mercado de vídeos y libros de sexo explícito.

El Instituto Sinclair continúa con esa tradición. Carey Bramy [¿?] es la directora de producción del Instituto Sinclair. Lleva décadas enseñando a las parejas a hacer el amor.

El Instituto Sinclair produce y comercializa vídeos de educación sexual para adultos. Contamos con más de 70 títulos que van desde alcanzar el orgasmo para mujeres a la eyaculación precoz, vídeos sobre prácticas de sumisión, vídeos sobre el sexo anal… todo, el espectro completo.

El sexo es algo placentero. Debería ser divertido. Debería ser muy divertido.

La posibilidad de hacer llegar nuestros vídeos a millones de personas y cambiar la vida diaria de alguien es verdaderamente gratificante.

Puede que el orgasmo aumente con la variedad, pero la variedad también está aumentando. Las cosas pintan bien para el sexo en pareja, pero ¿qué ocurre con la versión en solitario? El estudio está a punto de indagar sobre uno de los actos sexuales más privados: la masturbación.

La masturbación es una experiencia sexual muy común. Las personas lo hacen tanto si tienen pareja como si no, y también a todas las edades a lo largo de la vida.

El estudio confirma lo que ya sabe la mayoría: que los hombres son grandes aficionados.

Hace 60 años en el estudio de Kinsey casi la mitad de las mujeres dijeron no haberse masturbado nunca. El estudio de Indiana lo confirma.

Un 58% de las mujeres mayores de 70 años dicen haberse masturbado alguna vez en su vida, pero eso significa que el 42% de ellas nunca se masturbaron. A muchas mujeres, sobretodo de las generaciones anteriores, se les enseñó muy clara y firmemente a no tocarse los genitales. Tal vez ni a mirárselos.

Desde entonces se ha producido una transformación radical. Hoy el estudio indica que el 43% de las chicas de 14 años ya se han masturbado alguna vez. El número aumenta hasta el 85% para mujeres de entre 25 y 29 años. Por tanto casi la mitad de las mujeres de entre 18 y 39 años se masturban regularmente, al menos varias veces al mes.

Pero ¿qué opinión tiene la gente de hoy sobre el soporte vital de la masturbación, la pornografía?

Las cifras revelan una cultura cada vez más a gusto con la masturbación, tanto entre los hombres como entre las mujeres. Pero, ¿ocurre lo mismo con algunos de los actos sexuales más polémicos, incluso aquellos tradicionalmente vistos como inmorales o ilegales?

El sexo anal nos interesaba especialmente ya que nadie había publicado datos a nivel nacional sobre el sexo anal, por lo menos en 20 años. Así que estábamos intrigados, nos preguntábamos ¿habrá aumentado este comportamiento? Y si es así, cuanto.

El sexo anal ha vivido un gran aumento en cuanto a popularidad.

En nuestro estudio comunicaron haber practicado sexo anal muchas más personas que hace 20 años.

Kinsey documentó que sólo el 10% de los heterosexuales estadounidenses lo habían practicado alguna vez. El estudio muestra que hoy entre el 20% y el 25% de las mujeres entre 20 y 40 años han practicado sexo anal en el último año.

Más del 20% de los hombres de entre 25 y 49 años comunicaron haber participado en sexo anal activo.

Sin embargo para la mayoría esta práctica sigue siendo algo exótico.

El sexo anal se ha hecho algo más común en las últimas 2 décadas, es más habitual entre personas que se encuentran actualmente entre los 20 y 40 años. A algunas personas les gusta, pero lo que descubrimos en nuestro estudio es que muy pocas personas lo practican con cierta regularidad.

Si la mayoría de los estadounidenses practica ahora una variedad más amplia de actos sexuales, también aceptan un abanico más amplio de parejas, y no sólo del sexo opuesto.

Capítulo 5. Conducta del mismo sexo

Cuando se publicó el informe Kinsey, la homosexualidad todavía estaba clasificada como una enfermedad mental patológica y lo seguiría estando 20 años más. No obstante Kinsey detectó porcentajes de conducta homosexual prácticamente iguales a los de hoy. El 8% de los hombres se definieron como exclusivamente homosexuales entre los 16 y 55 años. Sin embargo nuestra tendencia hacia una mayor experimentación sexual se hace evidente por el creciente número de personas que experimentan con encuentros sexuales.

Más hombres han practicado sexo con otros hombres y más mujeres con otras mujeres que los que se identifican como gays, lesbianas o bisexuales.

El 4’2% de los hombres adultos se identifican como hombres sexuales pero aproximadamente el 14% de los hombres de entre 40 y 60 años comunican haber recibido sexo oral de otro hombre alguna vez.

El 2% de las mujeres se identifican como lesbianas, de las cuales el 9%, de entre 20 y 24 años, han practicado sexo oral con otra mujer en el último año.

Estas cifras nos recuerdan que cómo identifique alguien su orientación sexual no refleja necesariamente su conducta sexual, no nos dice con quien tiene relaciones.

Lo que hace simplemente es reforzar aún más lo que ya sabíamos. El ser humano tiene una curiosidad natural por su propia sexualidad y las etiquetas que a menudo nos vemos obligados a ponernos en cuanto a ser gay, lesbiana o bisexual, para muchas personas no tiene sentido.

El estudio da una imagen de una nación a gusto con su variedad sexual y dispuesta a experimentar. Distintos actos, distintas parejas, distintas posiciones. Pero ¿qué dice este retrato sobre los estadounidenses? En concreto, ¿sugiere que esta es su verdadera naturaleza o sólo el producto de su cultura más liberal?

Un experimento pionero con ratas pretende responder a esa pregunta.

Hace 60 años, en los tiempos de Kinsey, la práctica sexual más popular, con mucho, era la penetración pene-vagina en la posición del misionero. Pero ahora parece haber una segunda pisándole los talones.

Creo que lo que el estudio revela sobre el sexo oral es que es habitual.

Tan habitual que una abrumadora mayoría de los jóvenes lo han practicado. El estudio muestra que el 91% de los hombres entre 25 y 29 años había recibido sexo oral de una mujer al menos una vez. Un número que se ha triplicado desde la época de Kinsey, cuando era sólo de un 30%. El aumento para las mujeres es igualmente espectacular, con un 88% de mujeres de entre 25 y 29 años que ha recibido sexo oral de un hombre al menos una vez. Antes era aproximadamente del 20%.

Más del 80% de las mujeres entre 20 y 60 años han practicado sexo oral con un hombre, eso es casi el doble de las mujeres de entre 70 y 80, de las cuales sólo el 42% han practicado sexo oral con un hombre en su vida.

Para mí eso indica que existe un gran cambio generacional.

Pero ¿por qué se está produciendo este cambio? ¿Por qué practicamos hoy más sexo anal, oral y entre personas del mismo sexo que en los tiempos de Kinsey?

El profesor doctor Jim Pfaus, de la Universidad de Concordia en Montreal, explora el impacto de las circunstancias sobre la sexualidad.

¿Es flexible el sistema sexual? Y si lo es, oh dios mío, ¿qué significa eso?

En un revolucionario estudio realizado con ratas indaga si la cultura o la naturaleza definen nuestro gusto sexual.

Para estos experimentos se le pone una chaqueta a una rata macho, se meten las patas delanteras y se sujeta con velcro. El macho se mete en esta cámara y después de un tiempo se introduce una hembra sexualmente receptiva. El macho es virgen y copulará. Con el paso del tiempo la montará como es debido, conseguirá realizar una penetración vaginal con su pene varias veces y finalmente eyaculará. Hacemos esto cada 4 días, un total de 9 ensayos.

En el décimo ensayo, los machos que han llevado puesta la chaqueta se dividen en 2 grupos. En uno llevarán puesta la chaqueta otra vez; en el otro se les quitará la chaqueta. Y hacemos esta pregunta cuando los metemos en la cámara: ¿qué harás ahora que no tienes puesta la chaqueta? Los que la llevan están bien. Copulan, 3 eyaculaciones en 30 minutos, pero los machos sin chaqueta no consiguen montar. Y si finalmente lo consiguen, son sustancialmente torpes.

El macho estaba impotente en presencia de una hembra en celo que literalmente le estaba pegando sus genitales en la cara. La hembra se le subía encima pero él no la montaba porque no llevaba puesta su chaqueta.

¿Qué es una chaqueta para una rata? No es nada, es absurdo, reaccionaba como si le faltase algo. ¿Qué diablos impide, no teniendo la chaqueta puesta, que una rata macho perfectamente sana copule con una hembra receptiva perfectamente sana? Pensé, oh dios mío, ahí tienes el concepto de flexibilidad. Y flexibilidad significa que los animales pueden aprender a hacer todo tipo de cosas que no pensábamos que pudieran.

En este experimento podemos pensar que la chaqueta es nuestra cultura, que configura y moldea el cuerpo que la lleva. Si nuestra cultura apoya ciertas prácticas sexuales es más probable que nos excite. Si no, entonces, no tanto.

Un ejemplo perfecto de condicionamiento cultural lo encontramos en el ámbito del uso del preservativo.

Lo que descubrimos son novedades importantes en el porcentaje de uso del preservativo en el país.

El estudio descubrió que durante la penetración pene-vagina se utilizaba el preservativo un 20% de las veces. Contrariamente a lo esperado, el uso es mayor entre los adolescentes. De sus últimos 10 coitos vaginales, los chicos menores de 18 años utilizan el preservativo en un 79% y las chicas menores de 18 años en un 58%. El estudio sugiere que cuanto más joven es la persona, más probable que practique sexo seguro.

Las conclusiones son totalmente contrarias al modo en que funcionamos como sociedad, en el que asumimos que los miembros de mayor edad en nuestra sociedad son los más responsables y los más jóvenes los más irresponsables.

Creo que los jóvenes de hoy practican el sexo de manera más segura que los mayores. Lo primero es que han crecido en la era del SIDA y eso ha provocado algunos cambios de comportamiento. Lo segundo es que hemos intentado educar a la juventud sobre la importancia del uso del preservativo en todo acto sexual.

La tendencia hacia el sexo seguro puede ser tranquilizadora, pero la ciencia y el estudio también analizan el acto en sí mismo y se preguntan si somos dueños o esclavos de nuestros impulsos sexuales.

En lo relativo a la frecuencia el estudio descubrió que el grupo con relaciones sexuales más frecuentes es el formado por casados de entre 18 y 24 años. El 21% de los hombres de este grupo y el 24% de las mujeres manifiestan practicar sexo más de 4 veces por semana. Esa frecuencia disminuye con la edad. Menos del 4% (3’7%) de los hombres y del 3% (2’7%) de las mujeres de 40 años manifiestan haber practicado sexo con esa frecuencia. Más del 50% (54%) de hombres y mujeres de 70 manifiesta no haber tenido relaciones sexuales en el último año.

Cuando fui consciente que existía esa gran diferencia a medida que nos hacemos mayores, me sentí un poco triste por ello. Y sin embargo lo que descubrimos es que la gente a menudo sigue estando casi tan satisfecha con su vida sexual como lo estaba cuando eran más jóvenes, o a veces incluso más.

A lo largo de la vida, el sexo parece muy similar en las primeras etapas y en las últimas. Presenta una especie de curva; empieza lentamente, comienza a diversificarse con el tiempo, alcanza el punto álgido en la edad adulta y luego empieza a descender.

En la mayoría de los casos el sexo se practica con una pareja sentimental, pero no siempre. El estudio también pretende descubrir información sobre otras dos formas de sexo. Son la base de mucha especulación, pero hasta ahora de muy poca información.

Les preguntamos si su última pareja sexual había sido remunerada, es decir, alguien a quien le hubiesen pagado por sexo o le hubiesen dado algo por ello.

Aunque mucho ha cambiado desde los tiempos de Kinsey, existe un hecho innegable que perdura: los hombres todavía pagan por sexo.

Descubrimos que el 4% de los hombres de todas las edades había pagado en su relación más reciente. Eso es 1 de cada 25 hombres. En comparación con menos del 1% de las mujeres.

En el informe Kinsey cerca del 69% de la población total de hombres de raza blanca había tenido alguna experiencia con prostitutas. En tiempos de Kinsey puede que hubiese un porcentaje mucho mayor de hombres que hubiesen practicado sexo con prostitutas, quizás un 10%.

El sexo por dinero existe, ¿no? Sabemos que ocurre. No ocurre con una enorme frecuencia, pero tampoco resulta algo nada raro.

La prostitución perdura pero ¿por qué? ¿Es porque algunos de nosotros tenemos deseos que no podemos controlar, que nos llevan a relaciones que puede que después lamentemos?

Lo que sabemos es que algunas personas toman decisiones sexuales en su vida que les pueden causar problemas o pueden interferir en su vida. Sabemos que algunas personas no sienten que tienen el control.

En el Instituto Kinsey el profesor Erick Janssen está llevando a cabo un experimento innovador para averiguar con qué efectividad pueden los hombres controlar sus impulsos sexuales.

La compulsividad sexual tiene que ver con las cosas que quieres hacer o con los pensamientos que tienes y no puedes controlar. La mayoría de estos tipos de procesos implican la excitación sexual, por tanto creo que la compulsividad sexual en relación con la excitación, es algo que debemos comprender mejor cómo funciona.

Hoy estos 3 hombres verán una serie de imágenes, algunas de ellas no sexuales, otras pornográficas, y cuando aparezca la pornografía intentarán controlar su excitación.

Una cosa es no actuar sobre tus impulsos o tus deseos cuando suceden una vez al año, pero si suceden cada 2 minutos y tienes que seguir regulando y evitando actuar sobre ellos, se hace más difícil.

Cuanto más frecuentes son las señales sexuales, más difícil es resistirse a ellas. Pero en la segunda prueba la dificultad se duplica. En este caso un destornillador.

El alcohol es un lubricante social. Lo que estamos viendo es que la excitación sexual puede potenciarse en ciertos casos con el alcohol, así que lo estamos estudiando en condiciones más experimentales.

Los resultados: hoy 2 de cada 3 pudieron luchar contra su excitación pero no pudieron controlarla. Con alcohol ni siquiera pudieron luchar contra ella. Esto no es excusa en absoluto para la infidelidad, pero desde un punto de vista científico podría ayudar a explicarla.

La evolución nos ha preparado para la conducta sexual y para las respuestas sexuales y en cierto modo es un poco como estar viendo chocolate durante mucho rato e intentar no quererlo.

Pero no son sólo los hombres. Cuando se trata de control, puede que todos tengamos menos del que imaginamos.

Las personas toman decisiones en situaciones en las que incluso se ven a sí mismas y se dicen “no debería estar haciendo esto”, pero lo hacen.

El estudio ha trazado un nuevo mapa sobre la sexualidad de los estadounidenses en el siglo XXI. Pero, ¿significa eso que estamos más cómodos con el sexo que en la época de nuestros padres y la de nuestros abuelos?

Un polémico experimento que implica sexo con desconocidos puede tener la última palabra.

Hace 40 años un polémico experimento [Deviance in the dark] sobre comportamiento humano llevado a cabo por los profesores del Swarthmore College Kenneth y Mary Gergen, produjo un resultado sorprendente. Grupos de desconocidos fueron invitados a pasar tiempo juntos en una habitación oscura. No hubo ninguna instrucción y ninguna norma. Los investigadores simplemente querían ver qué harían.

Una abrumadora mayoría, el 80%, comenzaron a tocarse, a meterse mano y a besarse entre ellos.

Curiosity ha vuelto a juntar al equipo original para llevar a cabo el experimento hoy. ¿Nuestra pregunta? Hasta donde llegaría ahora la gente.

Los participantes no podrán ver a ninguno de los cámaras ni ninguna cámara y no se verán entre ellos. Irán entrando a intervalos de 5 minutos. La habitación está totalmente a oscuras.

Al igual que en el experimento original, los participantes tienen edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. Cada grupo está formado por entre 6 y 8 personas, algunos hombres y otras mujeres. Sin su conocimiento se han colocado cámaras térmicas en el techo para que los investigadores puedan observar su comportamiento.

Uno por uno van entrando los participantes. Muy pronto la conversación adquiere un cariz sexual, pero todavía sin tocamientos. Los investigadores esperan y observan. Pasados 45 minutos se produce el primer contacto, pero parece más amistoso que sexual.

Los Gergen están sorprendidos. Llegado este punto, hace 40 años, estarían pasando muchas más cosas. Ahora, si la gente siente impulsos sexuales, lo cierto es que no actúan sobre ellos.

Han transcurrido 90 minutos, el tiempo total del experimento. Y no hay nada, ni tocamientos, ni besos ni magreos. Y desde luego nada de sexo, no en 2012. Pero ¿por qué? Los Gergen tienen una posible explicación. Su estudio original se llevó a cabo en 1972, justo a medio camino entre la época de Kinsey y el mundo en que vivimos hoy, y a pesar de que algunas cosas se han vuelto más libres, otras se han restringido más.

Dado el cambio cultural general y el superconocimiento que tenemos ahora del acoso, por ejemplo, si alguien te toca de repente es motivo de demanda. No teníamos eso a principio de los 70, es decir, tocar es lo que se hacía.

A pesar de toda nuestra variedad en la cama este experimento sugiere que existe una paradoja en la sexualidad en los EEUU de hoy. Somos más atrevidos en cuanto a nuestros actos sexuales, pero más cautos a la hora de abordarlos.

En última instancia el informe Kinsey y el estudio nacional son fotografías sexuales de sus épocas que hacen posible identificar algunas tendencias generales del último medio siglo.

Formar parte de este estudio, de esta investigación, me ha recordado lo compleja que es la conducta sexual humana. Hay datos que no podemos identificar igual de bien. No sabemos, por ejemplo, porqué la gente practicaba sexo en la época de Kinsey. Me imagino que las razones eran múltiples y variadas entonces y que eran múltiples y variadas hace 5.000 años. Es sólo parte de la experiencia humana sobre la sexualidad.

Una experiencia que seguirá adaptándose a medida que cambie nuestra cultura, pero algunas cosas nunca cambian; el sexo es excitante, variado, nos define tan profundamente como cualquier otra fuerza y su estudio puede ayudar a orientarnos como individuos. Una referencia de nuestra humanidad. Una celebración de nuestro potencial para el amor, la risa y la alegría.

Publicado el 28/10/2013 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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