Tokyo. Planeta Edo

Tokyo. Planeta Edo
(Descubrir el mundo. Tokio)

Pierre Brouwers
52 min
2006

Edo, la ciudad más grande del mundo. Tokyo, la ciudad más poblada del mundo.

Edo significa boca del río. Tokyo significa capital del este.

Edo, que era la capital durante la época de los shoguns, es el antiguo nombre de Tokyo.

Al este de Asia, el archipiélago de Japón se extiende en un arco a lo largo de 3.000 km. En la isla de Honshu, en el océano pacífico, la ciudad de Tokyo está construida alrededor de un enorme parque central. El palacio imperial está donde antaño se alzaba el castillo de Edo, que se construyó a finales del siglo XVI. Aunque aún fascina a los japoneses, el palacio imperial sólo cumple una misión simbólica. El emperador ya no participa en la política pero sigue representando la unidad nacional.

Hay más de 30 millones de habitantes en la zona de Tokyo, 12 millones de los cuales viven en el centro de la ciudad.

Tokyo se parece a Los Ángeles en la disposición de las casas. Nueva York ha inspirado la altura de sus edificios y París la creación de ciertos monumentos.

En Tokyo uno se pierde entre las luces de la ciudad.

Las rutas de comunicación se entrecruzan en la megalópolis. Mientras una línea de tren rodea la ciudad, autopistas superpuestas, vías de acceso e intercambiadores cubren la ciudad. Todos los medios de transporte se utilizan para moverse por la ciudad que no tiene un centro verdadero. De hecho Tokyo consiste en varios centros de ciudad yuxtapuestos a lo largo de unos 10 distritos que son muy distintos unos de otros.

A pesar de la demanda de suelo, la ciudad tiene muchos parques. La tierra es tan cara que se están creando nuevas superficies ganándoselas al mar.

Un gigantesco núcleo urbano une Tokyo y las ciudades vecinas. Reúne a 1/4 de los 127 millones de japoneses. Sólo la bahía de Tokyo ha contenido la expansión de la ciudad hacia el este.

El crecimiento económico ha disparado la construcción y la arquitectura. Edo y Tokyo viven juntas y nuevas creaciones amplían las perspectivas que cada vez son más osadas.

Para los japoneses el mundo material es efímero, un concepto que la arquitectura expresa a su modo. Nada es eterno, todo puede cambiar. El movimiento, pues, se transmite en los movimientos. La arquitectura se vuelve cada vez más fluida.

Los japoneses tienen un agudo sentido de la comunidad. En sus viviendas, por ejemplo. Hay policías por todas partes para humanizar la zona y para proporcionar información, ya que la mayoría de las calles no tienen nombre y la numeración de las puertas, que no es continua, es muy confusa.

En occidente las multitudes suelen ser sinónimo de ir a lo tuyo. Los japoneses, por otro lado, son muy considerados con los demás.

Las mascarillas son una protección contra el polen, pero también se llevan para no propagar gérmenes. Tokyo es una ciudad limpia; todos los rincones de frotan, restriegan y pulen. En una ciudad así la higiene requiere atención constante. Los japoneses tienen su propio código. Por ejemplo, evitar todo contacto físico cuando se saludan.

Un consejo: no fumen mientras caminan. Para los adictos a la nicotina hay una solución: cabinas para fumar. De esta forma los no fumadores están contentos y no hay motivos para tirar las colillas al suelo.

Por la calle la ropa tradicional alterna con vestimentas originales o clásicas.

El sistema educativo está basado en el modelo inglés. Otra influencia, esta vez estadounidense, el béisbol, es uno de los deportes más populares en Japón.

Las creencias japonesas surgen en su mayoría de 2 religiones principales: el sintoísmo, la más antigua de las dos, venera a millones de dioses; el budismo llegó en el siglo VI d.C. La vida diaria está dominada por el amor a la naturaleza y la serenidad que surge de ahí. La floración de los cerezos es un acontecimiento nacional y evoca la naturaleza fugaz de la vida y la belleza.

Otro acontecimiento primaveral: las ceremonias de graduación. Las familias hacen enormes sacrificios para que sus hijos tengan la mejor educación. Incluso después de la universidad, los japoneses siguen siendo infantiles. Adorables personajillos, cuya función es promocional y utilitaria, se ven por todas partes.

También hay motos por todas partes, aunque lo de aparcarlas en cualquier sitio queda descartado. Hay plazas de aparcamiento especiales disponibles y equipadas con un sistema de seguridad automático muy ingenioso. Puede que no haya mucho espacio, pero lo que no falta es el ingenio. Para que haya más sitio, los surtidores de gasolina cuelgan del techo en las gasolineras. Unas enormes redes permiten encontrar un campo de golf en medio de la ciudad, un lujo que no todo el mundo se puede permitir, aún a pesar de Japón disfruta de un nivel de vida alto.

La economía japonesa es la segunda más grande del mundo después de EEUU y el doble que la del Reino Unido. Y aún así no tienen recursos naturales, ni petróleo ni gas, sólo un poco de carbón. La energía eólica, sin embargo, se está desarrollando.

Las actividades de ocio son una industria por sí sola. Los japoneses adoran los parques de atracciones y sus estructuras se funden bien con las infraestructuras de su entorno. Los medios de transporte públicos son vitales para reducir el tráfico. La red de metro, controlada por el ayuntamiento y una empresa privada, se ha simplificado para mejorar su eficiencia. La clase de los gestores de estaciones se agradece mucho.

Los trenes de alta velocidad aparecieron en los años 60. Conectan Tokyo con las ciudades principales del país. El autobús es menos eficaz en cuanto a velocidad, pero sigue siendo muy útil en la ciudad, igual que el taxi. En el planeta Tokyo, los taxis son omnipresentes y tienen sus propias características distintivas. Sí, el conductor controla la puerta. La decoración suele ser muy personal y los guantes blancos son parte del uniforme.

Las vías de tren atraviesan todo Tokyo. La estación de Tokyo es una réplica de la estación de tren de Ámsterdam. Sobrevivió a los bombardeos durante la guerra y sus características occidentales son una inspiración para los artistas.

Aquí el Shin Kan Sen proporciona una vía de escape a la fuerza del planeta Tokyo.

5 de la mañana. El atún espera pacientemente en la lonja de Tsukiji. Japón es el mayor consumidor de atún del mundo. La subasta está a punto de empezar, pero se debe comprobar la calidad del pescado antes. De hecho en Japón el pescado se suele comer crudo. Una vez adjudicado, los lotes se despachan sin demora a los restaurantes. Las mejores piezas se saborearán crudas, mientras que el resto acabará enlatado.

Al lado de la lonja hay un espacio enorme dedicado a otros productos del mar. Se calcula que cada año un japonés consume de media más que su peso en pescado y marisco.

En Tsukiji el pescado se corta a gusto del consumidor. Las piezas, en su mayor parte, sirven como material crudo para uno de los negocios más boyantes de Tokyo, los bares de sushi. El sushi, pescado crudo sobre una bola de arroz, se encuentra en infinitas variedades. El sushi, siempre acompañado de salsa de soja, se come de un bocado. Los tallarines son la especialidad de otros establecimientos. Son la versión japonesa de la comida rápida. De ninguna manera se ven comprometidos el sabor y la frescura y la ventaja es que los tallarines se pueden comer directamente.

Más rápido aún, el Bento es una comida preparada que se puede comprar en máquinas expendedoras y tiendas especializadas. Su contenido varía según región y temporada.

Las máquinas de bebidas son bares automáticos de lo grande que es la oferta. El té y el café se sirven calientes o fríos.

La cocina japonesa requiere mucho tiempo y paciencia. Una comida siempre se compone de varios platos. Cierta cocina vegetariana que excluye la carne y el pescado tiene su origen en los monjes budistas. Aquí la combinación de marisco y verdura se utiliza de forma preciosa a través de un proceso de cocinado que siempre es rápido. La preparación ensalza el sabor natural de los ingredientes.

Yumiku Kanu [¿?] elige los ingredientes por sus cualidades nutricionales y decorativas: “Elijo los ingredientes según la temporada y según la inspiración. Al llevar belleza al plato, quiero que el cliente se sienta a gusto, quiero transmitir el sentido de hospitalidad para que los clientes se sientas relajados y sanos por lo que preparo.”

La comida puede estar frita, pero no es grasienta. Durante el proceso de preparación, tanto el sabor como el color de los ingredientes se respetan. La cocina aquí es sinónimo de personalidad y creatividad. “He tenido suerte de poder crecer entre los preciosos paisajes de Japón. Aquí, a través de mi cocina, intento transmitir a los demás mi sensibilidad, mi percepción de lo que es hermoso.”

Los coches tienen el acceso limitado a los barrios viejos de Tokyo. A veces el paso ni siquiera es posible. La paz y la tranquilidad favorecen las artes. La Sra. Shoko Ota [¿?] es especialista en el Shodo, el arte de la caligrafía. El Shodo se originó en China, igual que el sistema de escritura. La pintura con pincel se desarrolló más tarde, pero con los mismos materiales: un pincel, tinta y papel. El papel se debe preparar antes de poder recibir la tinta.

“El papel japonés se puede cortar mucho más fácilmente después de humedecerlo. El papel absorbe el agua, lo que permite que los trazos se difuminen.”

El Shodo es una técnica que no se puede improvisar. Diluida en agua, la tinta es una mezcla de polvo de carbón, hollín y goma. El mango del pincel suele estar hecho de bambú. La tinta puede tener color para reproducir los matices de la naturaleza. La punta del pincel, hecha de lana o de cerdas de tejón y la técnica del artista, proporcionan los delicados trazos. La pintura con tinta es un ejercicio delicado. De hecho no se pueden hacer correcciones; la pintura se hace de una vez. En el Washi, el papel utilizado para pintar, no hay cabida para los errores.

La técnica se puede aplicar a otros medios, como el vestido tradicional, el kimono de seda.

En la porcelana encontramos los mismos patrones vegetales que expresan el papel fundamental que desempeña la naturaleza en la cultura japonesa.

Una de las variantes del jardín japonés es originaria de los templos sintoístas, donde delimita un espacio sagrado. También se corresponde con la imagen que tienen los budistas del cielo: armonía y equilibrio.

La sucesión de las estaciones es un factor de equilibrio para los japoneses. En primavera se utilizan redes para proteger a las plantaciones de ibis de los voraces pájaros. Se toman las medidas necesarias para evitar que las fuerzas externas perturben la floración.

En el parque Yoyogi, uno de los pulmones de la ciudad, se cuida muy bien de la vegetación. Las ramas frágiles se sujetan y durante el invierno se envuelven los árboles con cuidado. Los domingos, unos sonidos extraños devuelven el parque a la vida. Es el lugar de reunión de grupos de rock aficionados.

Desde hace tiempo Japón ha estado abierto a las influencias occidentales, y en particular de los EEUU. La moda por supuesto, pero también se comparte la música con los europeos o los estadounidenses. Y a veces el planeta Edo se cruza con el planeta California. Con sus tupés, el cuero y los vaqueros tipo años 50, los fans rockabillies actúan todas las semanas en el parque Yoyogi con la esperanza de llamar la atención a algún productor de televisión.

El rockabilly, que surgió en los EEUU a mediados de los 50, es el más puro de los géneros de rock and roll. Los años 80 vieron cómo se renovaba su popularidad.

Aunque los japoneses se quedan fascinados con los bailes de otros sitios, de ninguna manera han perdido el interés en espectáculos más tradicionales.

El teatro noh es una de las formas teatrales tradicionales de Japón. Surgió en el siglo XIV de los rituales sintoístas, aunque hoy en día no existen referencias religiosas en los textos.

Los trajes del noh son pesados e impresionantes. Indican el nivel social de los personajes. Las máscaras permiten a los actores hacer distintos personajes durante la misma actuación.

Katuhiro Ashimodaida [¿?] es actor: “En el repertorio del teatro noh hay aproximadamente 200 obras distintas. Los actores tienen muchos papeles para elegir; pueden ser humanos, fantasmas, espíritus de la naturaleza, dioses o incluso ogros. En el escenario representamos un mundo de sueños e ilusiones surrealistas. Lo que es lento en el mundo real es incluso más lento o más rápido. Exageramos, pero, de cualquier forma, es un mundo fantástico.”

En cuanto se ponen la máscara el mundo real desaparece.

Shinjuku es un barrio muy animado al oeste de la ciudad, donde se reúnen oficinas gubernamentales, empresas y centros comerciales. La noche aquí es sinónimo de vida. Desde la era Edo, en el siglo XVII, Shinjuku ha sido un lugar con una vida nocturna muy animada. La zona fue, de hecho, la primera parada en el camino que llevaba a la antigua capital, Kyoto. Shinjuku no ha perdido nada de su vitalidad sin límites y está animado todos los días a todas horas.

A veces, después de hacer compras, algunas parejas van a un lugar de entretenimiento muy japonés: karaoke. Kara significa vacío y oke significa orquesta, así que karaoke es sin la presencia de una orquesta. Aquí las salas de karaoke están diseñadas de tal forma que ayudan a que sus aficionados se olviden del mundo exterior. Miran el catálogo y eligen sus canciones con cuidado. El vídeo ilustra la música. Lo único que queda por hacer es seguir la letra. Cuanto más desafinado, más divertido es.

En grupos pequeños es más fácil perder la vergüenza. Gracias al karaoke uno puede sentirse flotar por el planeta Edo.

Algunas formas de entretenimiento en Japón son más tradicionales. La geisha es una institución que se remonta al siglo XVII. La preparación de la joven comienza con el maquillaje. La parte superior del cuerpo y la cara se pintan de blanco. Hace tiempo, las mujeres nobles se distinguían de las trabajadoras por la palidez de su tez. La piel clara era señal de distinción. El peinado de las geishas es tan complicado que ahora cada vez es más común que lleven pelucas. El kimono es el elemento más importante del atuendo. Ja joven debe aguantar los largos preparativos con gracia. El arte del vestido se enseña en la okiya, la casa donde suelen vivir las geishas. El último paso; el kimono se completa con el obi, un paño largo que se ata a la espalda. Como todos los kimonos son del mismo largo, el obi permite ajustar el kimono a la cintura. El kimono es personal.

En cuanto está lista la geisha puede llevar a cabo su cometido, por ejemplo entretener durante cenas de negocios. Pero ¿cuál es exactamente el papel de una geisha?

“Nuestro papel principal es bailar y cantar, claro, pero básicamente hablamos con los clientes para que se realcen.”

Una geisha debe sentirse totalmente cómoda en todo tipo de situaciones. Debe ser capaz de animar la conversación y, para mejorar la sobremesa, demostrar su habilidad en las artes tradicionales.

El kendo se originó con la lucha con sables en el que los samuráis participaban. Llevar espadas se prohibió en el siglo XIX. Se reemplazó por el shinai, una espada hecha de bambú seco. Kipo Asakura [¿?] es profesor de kendo: “El kendo empieza y termina con el mismo principio, el del respeto por los demás. Esto es fundamental.”

Para marcar un punto hay que asestar un buen golpe en la cabeza, la muñeca o el peto, usando sólo el tercio superior del shinai. Se da un grito al acabar cada golpe. Los rivales se ven como compañeros de lucha, no como enemigos.

Puede que los videojuegos cansen menos, pero sí que te hacen agujeros en los bolsillos. En Japón el mercado de los videojuegos es el segundo más grande del mundo después de los EEUU. Una enorme parte de los beneficios de la industria provienen de los productos derivados de los juegos, sobretodo los juguetes. En el barrio de Akihabara, una gigantesca tienda especializada es el templo de la diversión. Los productos nuevos desaparecen de las estanterías. Es fascinante.

La afición a los juguetes antiguos, empero, es igual de extrema. Las piezas más bonitas tienen precios parecidos a las obras de arte. Sin embargo los precios a veces alcanzan tales cotas que bastan hasta para disuadir a los coleccionistas más decididos.

Los cómics manga ocupan estanterías enteras. Manga es el término que se utiliza para los tebeos en Japón. Se producen en papel barato para un consumo en masa. Aún así, para Shimia Yamamoto [¿?], los mangas son irreemplazables: “Llevo leyendo mangas desde que era un niño. He crecido con ellos. Ahora soy estudiante, y los mangas siguen formando parte de mi vida.”

Se cree que aproximadamente la mitad de los japoneses lee al menos un manga a la semana, y a veces los lectores piden que las historias continúen.

“Sí, creo que los mangas influyen en la gente. Se aprende bastante con ellos. Sentimos, descubrimos cosas nuevas, nuevas formas de pensar. De verdad creo que todos los lectores se dejan influir. Aprendemos muchas cosas con los mangas.”

Y hay muchos tipos distintos: “Es casi imposible clasificar los mangas en categorías porque hay muchos tipos distintos. Verdaderamente hay muchísimos.”

Aún en el barrio de Akihabara los japoneses viven otra pasión: la electrónica. Los ayudantes de las tiendas intentan atraer a los clientes de cualquier forma posible. Se suelen usar los folletos, pero este modo de publicidad se ha reemplazado ahora por pantallas.

Desde que aparecieron los transistores en los años 50, los japoneses se han convertido en líderes del mercado de aparatos electrónicos: lectores de DVD, televisores, cámaras, fotografía digital, portátiles y telefonía móvil. La competición se vuelve cada vez más feroz, sobretodo con otros países asiáticos. La oferta es tan variada, que cuando algo pierde beneficio, se puede explotar fácilmente a otro sector que dé beneficios. Entre los aparatos recreativos y materiales para el público general, las calles de Akihabara nunca están vacías.

El teléfono se ha convertido en un accesorio de moda. Se cambian regularmente.

Más que en occidente, el código para vestir es realmente importante e indica la pertenencia a un grupo concreto. Sea cual sea esa apariencia, los aparatos electrónicos son una parte integral. En el planeta Edo, las apariencias son muy importantes; eres lo que te pones.

En otros barrios la moda es algo que se tiene en cuenta pero con un criterio más convencional. El barrio de la calle Omotesando, se considera el Saint-Germain-Des-Prés de París o el Kings Road de Londres. Las últimas novedades de la moda atraen multitudes. Hay un enorme mercado de moda en Japón. Desde hace años, una serie de diseñadores japoneses han ganado fama internacional. Sus creaciones aumentan y están en la misma línea que sus rivales franceses o italianos.

En cuanto a la creatividad, cualquier cosa es posible. Es sólo cuestión de pagar el precio, y como el poder adquisitivo es uno de los más altos del mundo, aquí la creatividad no tiene límites.

Por qué no experimentar la noche durante el día gracias a un cielo trampantojo. Un centro comercial ha elegido eso para liberar a sus clientes del mundo real y llevarles a una nueva órbita.

Puede que sean negocios, pero sigue habiendo un gran sentido de la corrección, y unas azafatas dan la bienvenida a los clientes cuando se abren los centros comerciales. Aquí el sentido del servicio implica una cortesía extrema. Los buenos modales no impiden admirar los pasteles, y como con la mayoría de cosas en Japón, la decoración toma prestado sus patrones de un universo casi infantil.

La imagen no se improvisa. Los calcetines altos y las falditas de colegiala siguen unas normas muy precisas, pero por llevar uniforme no significa que se ignoren las modas. Dependiendo del presupuesto, eligen. Excéntrico o clásico, los precios también cambian dependiendo del barrio.

Al lado de los templos de consumo un monje budista cuenta con la generosidad de los viandantes para ayudarle a llenar su bol de arroz. Está aislado en su propio mundo. A nadie le sorprende. La recaudación forma parte de sus tareas diarias.

Ginza, un distrito que a menudo se le llama Los Campos Elíseos de Tokyo. Aquí es difícil resistirse a la tentación. En japonés ginza significa literalmente “el lugar donde se acuña la plata”. Aún así, esto era una marisma cuando Edo se convirtió en la capital. La zona se limpió, los comerciantes vinieron y con ellos la prosperidad.

El barrio de Shibuya es un centro de comunicación. Uno de los puntos de encuentro es la estatua del perro Hachiko. Durante 10 años después de la muerte de su amo, vino todas las noches a esperarle a la puerta de la estación, un sentido de lealtad que los habitantes de este barrio quisieron conmemorar.

En Japón el concepto de trabajo ha evolucionado con la juventud. Cada vez trabajan más mujeres, la gente cambia de trabajo con más regularidad y una gran flexibilidad permite a los estudiantes, así como a la generación más mayor, encontrar trabajo.

Tras el boom económico de los años 80, una intensa fiebre por la propiedad se hizo con Tokyo. Se podía haber esperado los peor: perder toda la herencia arquitectónica, pero en las construcciones verticales la ciudad ha mantenido una fuerte personalidad. En Japón todos los edificios deben cumplir una normativa muy rigurosa de resistencia a los terremotos. El país está bajo el riesgo constante de los terremotos, y como es imposible predecirlos, la mejor protección consiste en adoptar materiales y estructuras que sean capaces de resistirlos.

Las técnicas modernas han permitido, por ejemplo, que en Shinjuku haya rascacielos.

Sigue habiendo algunos puntos protegidos donde los habitantes aún encuentran paz interior. Pasando por el majestuoso tori, pórtico de entrada, los visitantes pueden llegar al santuario dedicado al emperador Meiji, que comenzó su reinado en 1868, un reinado que se prolongó durante 44 años. Escrito en una tablilla de madera, el visitante pide un deseo que luego se cuelga bajo un doselete. Otra paradoja: en una sociedad pragmática, donde nada se deja al azar, creen en la posibilidad de cambiar el curso del destino pidiendo un deseo.

La religión se percibe de una manera muy práctica. Los japoneses ven la religión como una forma de establecer una relación con los dioses, a quienes piden que sus deseos se hagan realidad. El deseo de casarse, por ejemplo. Un sacerdote sintoísta preside la ceremonia tradicional de la boda. El matrimonio sigue siendo una institución muy importante en Japón, pero la población se hace mayor. La tasa de natalidad es una de las más bajas del mundo, mientras que la esperanza de vida es una de las más altas.

Una fuente da la bienvenida a los fieles al templo de Sensoji. Se purifican con el agua antes de que empiece el festival de Sanja Matsuri.

De pronto un enorme dragón aparece sujeto por lugareños. El dragón persigue a un capullo de loto. Para los budistas la flor de loto representa la liberación de un espíritu puro dentro de un cuerpo impuro. Un grupo de geishas participan con gran ceremonia en el festival que honra al maestro budista Kannon venerado para obtener su misericordia. Kannon es una de las figuras a las que se venera más extensamente en Japón y todo el continente asiático donde toma distintas apariencias y nombres. Se le suele representar montado en un dragón.

En el lejano oriente el dragón es un símbolo de energía y prosperidad. Tocar la cabeza del dragón se supone que da buena suerte.

A la salida del festival la gente se echa el humo del incienso encima para recuperar o conservar la salud. Por unos pocos yenes puedes sacar un palito de una caja metálica. Cada palito se corresponde con un cajón pequeño que contiene un mensaje. La suerte aparece en los ideogramas: trabajo, amor, dinero, éxito… están deseando averiguarlo. Cuando las noticias son buenas se quedan con el mensaje. En cambio si el futuro se muestra crudo, hacen un nudo con el mensaje para protegerse de la mala fortuna y no pensar más en ello.

Bajo las carreteras urbanas late el planeta Edo. El wa-daiko, el tambor tradicional japonés, ya sonaba en el siglo VI. Acompañaba en las ceremonias religiosas y animaba a los soldados durante la batalla. Hoy existe un interés renovado por el wa-daiko. Se han formado una serie de grupos y sus ritmos han sobrepasado las fronteras del país.

Un monorraíl lleva a Odaiba, un barrio que surgió de la nada a finales de los 80, pero desde entonces las atracciones se han multiplicado. Francia tiene su copia de la Estatua de la Libertad en París; los japoneses se quedaron con una copia de cada cosa: un poco de París, un poco de Nueva York… Tokyo es un planeta de mosaicos.

Este edificio, que alberga un canal de televisión, fue creado por uno de los grandes maestros japoneses de la arquitectura contemporánea: Kenzo Tange. Las líneas claras enfatizan aún más la diferencia entre planetas. Se pierde en seguida el contacto con la Tierra, y cuanto más alto se sube, más grande es el campo visual. Pasajeros durante un breve periodo de tiempo, los habitantes de Tokyo redescubren su ciudad. Tras estar en órbita, es hora de volver a la Tierra.

Edo, Tokyo. Sus caminos parecen haber sido trazados durante siglos. De pronto, e inesperadamente, la ciudad se cuestiona a sí misma. Se le nubla la vista. Tokyo confunde los sentidos. Uno piensa que ha encontrado el camino, pero se encuentra en otro sitio, perdido.

Sí, es fácil perderse en Tokyo, ya que la ciudad es un cruce permanente de colores e influencias, de técnicas y osadía, de conceptos, estilos y ritmos.

Día y noche, sin respiro, la ciudad busca en otros sitios nuevas formas e ideas. Les sacude, les espabila, sólo para adaptarles a su propia cultura. Otro planeta, pero un planeta donde hay mucha comunicación.

Tokyo es un caleidoscopio. Va en todas direcciones entre tradiciones austeras y sueños locos. Tokyo es un puzzle, un enorme puzzle donde cada barrio es una pieza. Se necesita distancia para digerir la ciudad entera. Sólo entonces, cuando te encuentras a suficiente distancia, el presente se escapa y a través de las luces de la ciudad el planeta futuro aparece, que puede ser, de hecho, muy parecido al planeta Edo.

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Publicado el 14/10/2013 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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