Los huesos de Buda

Los huesos de Buda
ICON FILMS / NatGeo
45 min
2013

En 1898, un terrateniente de la India colonial hizo uno de los descubrimientos religiosos más significativos de la historia. Los expertos creyeron que había encontrado los restos del mismísimo Buda.

Pero sobre el hallazgo se cierne una ola de acusaciones de fraude.

Neil Peppé fue criado en la India británica y es el nieto del hombre que hizo el famoso descubrimiento, William Claxton Peppé.

Bajo este antiguo monumento, la estupa de Piprahwa, al norte de la India, William Peppé encontró una gran arca de piedra a 6 metros de profundidad. En su interior halló varias reliquias y más de 1.000 piezas de joyería, piedras semipreciosas talladas y objetos de plata y oro.

Su valor es incalculable.

Will Peppé, administrador de fincas e ingeniero, era un hombre en la cuarentena que decidió dedicarse a la arqueología como aficionado, allá por 1897.

Había más de 1.600 piezas allí dentro. Jamás se ha encontrado nada parecido en la India.

El detalle más importante fue en el que nadie se fijó. Había trozos de hueso y cenizas mezclados con las joyas.

Alrededor del cuello de uno de los relicarios había unas palabras que no vio en primer lugar debido a la emoción del momento. Se trataba de 36 letras extrañas.

Jamás se había encontrado ninguna reliquia de Buda, que llevaba muerto más de 2.500 años.

A las pocas semanas el Dr. Führer, en su papel de arqueólogo oficial por el norte de la India fue a ver a Peppé. Aunque nadie lo sabía aún, el Dr. Führer era un farsante.

El escándalo de Führer saltó algunos meses después. El arqueólogo alemán había vendido reliquias falsas de Buda, falsificado numerosos informes y lo que era aun peor, había falsificado al menos una inscripción antigua. Se fue antes de que pudieran despedirlo.

El gobierno británico se enfrentaba a un escándalo. El Dr. Führer era uno de sus más respetados arqueólogos. Lo primero que hicieron fue destruir todos sus informes. El gobierno vio la oportunidad de matar 2 pájaros de un tiro. Hacía tiempo que querían congraciarse con el estado vecino de Siam, así que presentaron de manera formal las cenizas y los huesos de Piprahwa al rey budista de Siam, Rama V, logrando una victoria diplomática.

Se sospechó que el Dr. Führer había tenido que interferir de algún modo en la excavación de Piprahwa. La clave de la teoría de la conspiración estaba en la inscripción de Piprahwa. Esa teoría se basa en que el Dr. Führer tuvo la oportunidad y la experiencia para falsificarla allí mismo.

Una piedra tan antigua no puede someterse a la prueba del carbono, ni tampoco la inscripción, pero para un experto sería fácil encontrar pistas en el texto.

Harry, llevas mucho tiempo viendo esto. ¿Es una falsificación?

Para nada, esto no es ninguna falsificación.

¿Por qué estás tan seguro?

Lo primero es que la inscripción es totalmente auténtica, el objeto es auténtico, la lengua es la que se usaba en aquella época, en aquella zona de la India.

El texto usa vocablos como nidani [¿?], que no se encuentra en ningún otro lugar. Nidani significa contenedor, en un sentido neutral. Sólo se ha hallado aquí, en ningún otro lugar. Puesto que Führer no era un gran conocedor de sánscrito, por decirlo suavemente, tendría que haber copiado los términos de otro relicario, no podría haberlo escrito él mismo.

“Este relicario contiene las reliquias de Buda, señor del clan Shakya.”

Pero aún nos encontramos con otro misterio aún más profundo. Según Harry Falk, la escritura usada para la inscripción no existía cuando Buda murió y las únicas urnas parecidas encontradas en otras partes de la India también son muy posteriores a la muerte de Buda.

Esta urna no data de la época de Buda sino de un siglo y medio después de su muerte.

¿Cómo pudo un hombre normal, de carne y hueso, haber empezado una religión? ¿Cómo y dónde murió? ¿Y cómo acabaron sus restos en la tumba de Piprahwa que encontró Peppé?

Pero lo cierto es que Buda fue una persona de carne y hueso. De hecho sabemos tanto de él como de Jesucristo o del profeta Mahoma. Vivía en las llanuras del Ganges 5 siglos antes de Cristo. Probablemente nació en el 500 a.C. y murió alrededor del 410 a.C.

Buda nació en Lumbini, no muy lejos de Piprahwa. Fue educado como príncipe real, pero a los 30 años huyó de los lujos de palacio y fue testigo del sufrimiento humano por primera vez. Vejez, enfermedad y muerte.

Cuando vio a un viejo ermitaño rezando, rechazó su antigua vida y siguió sus pasos. Durante 6 años llevó una vida de negación extrema, ganándose una nueva identidad, Sakyamuni, el hombre sagrado de su propio clan, los Sakyas.

Más tarde llegaría al lugar donde aclararía sus ideas, Bodhgaya. Cuando Buda llegó a este lugar por primera vez, no había nada más que árboles y jungla, pero con el paso de los siglos Bodhgaya se ha convertido en un lugar sagrado, tanto como la Meca o Jerusalén. Es el epicentro del budismo.

En el corazón de esta ciudad santa se encuentra el árbol de Bodhi. Meditando aquí, Buda por fin comprendió las causas del sufrimiento humano y alcanzó la claridad. De ese modo nació una nueva religión, el budismo.

Cuando nació en Lumbini era sólo una persona normal, que en un momento tuvo un pasado y un futuro, pero no un presente. Cuando vio la luz debajo del árbol de Bodhi fue cuando comenzó a vivir el momento presente. Las diferencias entre una persona normal y una persona iluminada como Buda es que Buda vive sólo en el presente. No vive en el pasado ni en el futuro. Por el contrario, una persona corriente vive con miras a su pasado o a su futuro, no vive el presente.

Cuando rondaba los 80 años Buda emprendió su viaje final. La vuelta a su tierra natal, Sakya, cerca de Piprahwa. Su camino fue señalado posteriormente con stupas conmemorativas y pilares de piedra. En Vaisali, el lugar donde dio su último sermón; Kesaria, donde dejó la multitud para seguir adelante sólo con sus discípulos más acérrimos. A sólo 100 Km. de Lumbini, en Kushinagar, se tumbó entre 2 árboles de Sara y murió.

Esta gran estatua en Kushinagar marca el punto en el que experimentó lo que los budistas llaman la extinción final.

Cuando Buda murió incineraron su cuerpo. Con el paso de los años había reunido a un grupo de fieles muy grande, por lo que hubo una disputa enorme porque todo el mundo quería una parte de sus restos. La solución llegó cuando se decidió que sus restos se dividirían en 8 partes que irían destinadas a 8 reyes, incluyendo la familia Sakya, los miembros de su propio clan Sakya.

La inscripción de la urna de Piprahwa afirmaba que contenía la preciada parte correspondiente a los Sakya. Y Piprahwa es el corazón del territorio de los Sakya, la tierra natal de Buda.

Esa tumba tan elaborada debió de ser creada posteriormente por otra persona.

Con su enorme stupa de 15 metros de alto, Sanchi es un auténtico monumento a la difusión del budismo. Las tallas aquí son monumentales. Podría decirse que es un milagro que hayan sobrevivido más de 2.000 años y sigan aquí. Es muy imponente.

Sanchi tuvo su origen cuando un gran emperador convirtió su imperio indio al budismo, unos 150 años después de la muerte de Buda. Se llamaba Ashoka y su conversión supuso también una transformación personal. Un emperador extremadamente violento, desagradable, maleducado, que sometía a sus súbditos a la violencia. Mató a sus hermanos y de repente sufrió un cambio extraordinario en su corazón y decidió convertirse. Se volvió un hombre nuevo.

Fue él el que convirtió un culto minoritario en lo que primero fue una religión nacional y más tarde mundial.

Tres aspectos fundamentales sugieren que hay una conexión entre Ashoka y Piprahwa.

En Sanchi descubrimos que Ashoka construyó cientos de stupas de ladrillo por toda la India y que enterró las distintas porciones originales de los restos de Buda redistribuyéndolas por nuevos lugares.

Para difundir su nueva filosofía, Ashoka utilizó uno de los lenguajes primitivos de la India, una variedad de sánscrito, para crear los primeros edictos escritos, primero sobre piedra y luego sobre enormes pilares de arenisca. Se escribieron con una grafía llamada brahmi, la misma utilizada en la inscripción de Piprahwa.

Según Harry Falk, aquella inscripción de hizo unos 150 años después del fallecimiento de Buda, exactamente cuando Ashoka reinaba. Pero si fuera Ashoka quien construyó la tumba de Piprahwa, si marcó el sepelio de la propia familia de Buda, el clan Sakya, entonces sería uno de los lugares sagrados del budismo. ¿Cómo podría haber pasado un lugar así al olvido?

Ashoka quería transformar su reino en un país budista y de algún modo aquello fue demasiado lejos.

Estas estatuas no han perdido la cabeza por accidente. El budismo supuso un desafío para la autoridad de los sacerdotes hindúes, que lo consideraban una herejía que debía ser eliminada. Y lo que los hindúes comenzaron, los invasores musulmanes lo remataron.

Durante muchos siglos, Ashoka, el texto brahmi y el budismo en sí se borraron de la memoria de la gente, casi como si nunca hubieran existido. No fueron hasta el siglo XIX cuando fueron redescubiertos, principalmente por estudiantes británicos.

El brahmi fue descifrado, identificaron a Ashoka, igual que lugares como Sanchi. Y uno de los últimos lugares en ser descubiertos fue Piprahwa, desenterrado por Willy Peppé en 1898.

Todos los indicios parecen apuntar a Ashoka como el hombre que construyó esta magnífica tumba.

Las dimensiones del arca parecen encajar con las habituales de las otras obras de Ashoka. Su aspecto, el sentimiento, todo recuerda al perfeccionismo típico de Ashoka.

Un equipo de arqueólogos de la India regresó a Piprahwa en los años 70 y realizó un descubrimiento extraordinario. Justo debajo del descubrimiento de Peppé localizaron otro enterramiento anterior. Tenía 2 pequeños departamentos, cada uno con un féretro de esteatita y algunos platos rotos. Significativamente el equipo anunció que ese enterramiento era de la época del propio Buda.

Para Charles Allen es la última pieza del puzzle que sugiere que el nivel inferior era el lugar original donde los Sakya enterraban a su clan y que las cenizas de Buda fueron trasladadas desde ahí hasta la nueva tumba elaborada justo encima, tal y como rezaba la inscripción.

Ahora puedo regresar a Inglaterra y contarle a Neil Peppé que su abuelo no era un mentiroso, que la inscripción es auténtica. Y no sólo eso, sino que las joyas que posee también lo son.

Para los casi 400 millones de budistas en el mundo ha confirmado que Piprahwa es, muy probablemente, el verdadero lugar donde los Sakya enterraron los restos de su líder hace más de 2.000 años, y donde más tarde el emperador Ashoka construyó una magnífica tumba para honrar al mismísimo Buda, el señor.

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Publicado el 05/08/2013 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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