La industria de los expertos

La industria de los expertos
CBC / Documentos TV
50 min
2011

Expertos. No podemos vivir sin ellos. Nos dicen cómo arreglar nuestro coche, cómo decorar nuestra casa, cómo criar a nuestros hijos y cómo cocinar nuestros alimentos. Nos dicen qué vinos beber, qué arte comprar y qué opiniones debemos tener, además de cómo comer bien, cómo hacer ejercicio físico bien y cómo vivir eternamente.

Están en todas partes y los necesitamos porque vivimos en un mundo frenético donde hay demasiada información para procesarla nosotros mismos.

Nos dicen qué coches son los más seguros y después se retiran esos coches del mercado. Si quieres ponerte a dieta alguien va a decirte qué debes comer, y si quieres cortarte las uñas de los pies, habrá un experto que te dirá como tienes que hacerlo. Incluso en cómo vivir ha llegado a haber expertos.

Cada día aparecen ejércitos de nuevos expertos, analistas, eruditos, consultores y otras autoridades para cubrir nuestras necesidades en los medios y en todas partes.

De todos los especialistas, estos se encuentran entre los más arrogantes; toman un sorbo de vino y declaran que tiene aromas de madera con un toque de regaliz y piedra seca.

Frédéric Brochet empezó a catar vinos en las bodegas de su padre cuando sólo tenía 11 años. Hoy en día produce 1 millón de botellas al año en Château Domaine Ampelidae. Pero Brochet también es profesor de enología, la ciencia del vino, en la Universidad de Burdeos. Dice que la mayoría de expertos en vinos son incapaces de distinguir un gran caldo de uno normal y lo ha demostrado con numerosos experimentos. En un estudio Brochet pidió a 56 de estos eruditos que probaran 2 botellas de Burdeos: una etiquetada como un selecto gran vino y la otra con un vino de mesa cualquiera. En realidad las 2 botellas contenían el mismo vino, pero todos los expertos se equivocaron por confiar en lo que esperaban saborear.

De los 56 sujetos sólo 2 sospecharon que el vino de la etiqueta prestigiosa no era un gran vino. A todos los demás, ese vino de la etiqueta famosa les pareció un caldo de gran calidad. Y de ese mismo vino, presentado con una etiqueta cualquiera, dijeron que tenía un aroma poco interesante, que estaba avinagrado. En el caso de los expertos, cuando prueban un vino de calidad, buscan sus virtudes, pero cuando prueban un vino barato, buscan sus defectos.

Con ustedes John Myatt, un artista británico que falsificó más de 200 obras de grandes maestros, desde Monet a Matisse, y las hizo pasar por originales con la ayuda de un timador. Durante casi una década Myatt engañó a los críticos, galerías, museos y casas de subastas más importantes del Reino Unido en lo que Scotland Yard llamó el mayor fraude artístico del siglo XX.

Myatt dice que al principio sus obras eran las de un aficionado y sin embargo, él su socio John Drewe, llevaron 2 falsificaciones del conocido artista francés Roger Bissière a la mundialmente famosa Tate Gallery. Se hicieron pasar por historiadores del arte y convencieron a los expertos del museo de que las obras eran auténticas.

Entonces 2 empleados con batas blancas trajeron los cuadros y allí estábamos todos, mirando las 2 pinturas sobre la mesa. Y dijeron: ah, son una maravilla. Ya sabe… y estaban pintados con pintura de paredes normal, en lienzos modernos, y su especialista las miró y dijo, sí, a mí me parecen buenas. Yo no me lo podía creer, me parecía demasiado ridículo para ser cierto.

A mediados de los años 90 Myatt había pintado casi 200 falsificaciones de Chagall, Picasso, Miró y Giacometti y las había vendido en las casas de subastas más importantes de Europa.

Les han dicho ya lo que van a ver, así que cuando lo ven, lo ven. Me dan mucha pena los expertos, francamente. Incluso el mayor del mundo es falible, cometen errores, nunca han cazado a los mayores falsificadores.

Todos los historiadores del arte, todos los conservadores, quieren hacer el gran descubrimiento, de modo que quieren encontrar una obra maestra desconocida y a veces se olvidan de hacer bien los deberes.

Creo que la causa muchas veces es la codicia, y no solamente la codicia económica, sino la codicia académica. Quieres que se te reconozca un gran descubrimiento.

En 2009 uno de los grandes museos de Hamburgo abrió una exposición de guerreros de terracota chinos que resultaron ser copias sin ningún valor.

Los analistas tienen su propia jerga. Es cierto que a los economistas, por ejemplo, les gusta mucho utilizar palabras como push y pull y los derivados y cosas por el estilo, sólo para mostrar su competencia. Los expertos religiosos, los sacerdotes, también tienen su jerga. Por ejemplo el hecho de que se sigan haciendo muchas misas en latín, indica que hay un argot al que los fieles no pueden acceder. El experto utiliza unos códigos que le permiten presentarse como alguien que tiene unos poderes a los que nosotros no tenemos accesos.

A menudo las asociaciones profesionales tienen unos estándares tan informales que cualquiera puede conseguir un certificado con aspecto oficial. De hecho él pidió uno por correo a esta asociación de expertos en nutrición para su difunta gata Henrietta y lo consiguió. Lo que demuestra que no necesitas ser nutricionista, ni de hecho necesitas ser humano. Ni siquiera tienes que estar vivo para ser miembro de la Asociación Americana de Consultores Nutricionales.

Juntos han escrito un libro que reúne las grandes tradiciones de expertos de todos los tiempos, por ejemplo: el mercado bursátil ha alcanzado una meseta permanente, Irving Fisher, economista de fama mundial, justo antes del crack bursátil de 1929; en 1962, un ejecutivo de la discográfica Decca rechazó a un grupo musical diciendo: “no nos gustan cómo suenan. Los grupos de guitarras están pasados de moda”, después de oír a los Beatles.

Los economistas han estudiado el índice de errores en publicaciones económicas y han concluido que estamos muy cerca del 100%. Prácticamente todos los estudios publicados en la prensa económica se equivocan.

Pero los economistas rara vez piden disculpas.

En una ocasión, la revista The Economist, hizo un estudio comparando 10 años de predicciones de un variado abanico de expertos sobre la economía y la inflación. Y entre estos individuos había presidentes de corporaciones, economistas, gente muy respetada y también varios basureros de Londres. Y pasados 10 años, los que presidían la mesa eran los basureros londinenses.

El filósofo en Francia es el experto de base, es decir, que en todos los programas nos encontramos con ellos porque saben de todo. Son capaces de hablar tanto del calentamiento global, como de dar su opinión sobre la desaparición del Polo Norte o la sexualidad de la mujer checoslovaca.

Por eso tienen un título de filosofía, porque eso les permite opinar sobre todo. Es la aristocracia del pensamiento. Los odiamos, pero estamos orgullosos, podemos criticarlos, pero usted no.

El profesor Philip Tetlock ha seguido a 300 expertos gubernamentales y mediáticos de alto nivel durante 2 décadas en las que han hecho 82.000 predicciones. Entre ellas había previsiones económicas y pronósticos políticos sobre acontecimientos mundiales. La conclusión es que a los expertos apenas les fue mejor que a monos lanzando dardos. Es como hacer suposiciones al azar. Y cuanto más famosos son y más seguros están, más a menudo se equivocan.

La fórmula para equivocarse totalmente es tener opiniones muy tajantes, no estar dispuesto a revisarlas ante nuevas evidencias y hacer pronósticos sobre un futuro lejano.

Vivimos en un mundo frenético sometidos a demasiadas presiones para tomar decisiones por nosotros mismos, así que buscamos desesperadamente consejos sobre cómo vivir nuestra vida, de entrenadores personales a consejeros vitales, asesores dietéticos, sexpertos y expertos en paternidad. Nos hemos vuelto adictos a los expertos, pero ellos también son adictos a nosotros.

Hay una dependencia doble ya que ellos necesitan a la opinión pública para existir y nosotros necesitamos a los expertos para, de alguna manera, saber qué pensar, saber de qué podemos discutir.

Pero pienso que todos queremos creer que alguien sabe y que alguien realmente entiende, porque la alternativa, enfrentarnos a todo esto, en esencia el caos, es algo con lo que resulta muy difícil vivir.

Como dijo una vez un deportista muy famoso: es muy difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro.

Anuncios

Publicado el 17/06/2013 en Píldoras. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: