Lo que aún no sabemos. ¿Somos reales?

Lo que aún no sabemos. ¿Somos reales?

Documental “Lo que aún no sabemos. ¿Somos reales?”

Título: Lo que aún no sabemos. ¿Somos reales?
Director: Srik Narayanan
Productoras: Darlow Smithson Productions / Channel 4 TV
Duración: 49 min
Año: 2004

Sólo comentaré que el documental “Lo que aún no sabemos. ¿Somos reales?” forma parte de una trilogía en la que en los otros dos 2 episodios no se preguntan si somos reales sino si estamos solos y por qué estamos aquí.

Los 3 están presentados por el cosmólogo inglés, y Sir, Martin Rees, que sobretodo por su apariencia (que nadie se sienta ofendido) parece salido de la trilogía de La Guerra de las Galaxias o, mejor aún, de las películas de la mítica y legendaria Hammer, y como verás nos hablan de ciencia mezclada con planteamientos filosóficos y existencialistas que para nada viene mal plantearse.

Si lo prefieres puedes ver el documental para, además, disfrutar de una cuidadísima estética que nos recuerda a la producción de algunos documentales de la BBC.

Sin más dilación…

El universo continúa siendo un lugar de novela, de misterio y de maravillas.

Como cosmólogo, yo me deleito con el hecho de poder hacer progresos, en obtener las respuestas para los que parecen ser las cuestiones fundamentales.

Esta serie se concentra en las siguientes preguntas: ¿Hubo algún origen? ¿Estamos solos? ¿Cuál es el futuro del cosmos? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad?

Con cada progreso, nuevas cuestiones aparecen. El tema principal es aquello que continuamos desconociendo.

No tenemos idea de cuán diseminada se encuentra la inteligencia en el Cosmos. A partir de nuestro conocimiento actual, las cosas más complejas de las que tenemos conocimientos en el universo somos nosotros mismos, en particular nuestros cerebros. Lo que es más increíble, es el hecho de que los átomos se hayan agrupado en entidades que de alguna forma son capaces de repercutir sobre sus orígenes.

Siempre estuvimos fascinados sobre nuestra existencia. De todos los prodigios de la creación, la vida es la más misteriosa y de todas las criaturas, somos los más especiales. Indudablemente debe existir una razón.

La religión ofrece una explicación simple: Dios creó todo lo que existe y solamente Dios sabe por qué estamos aquí.

La ciencia llegó a una conclusión diferente. No descubrió ninguna prueba de un “plan maestro”, sin embargo los descubrimientos más recientes hicieron que los científicos volvieran a ponderar la cuestión. Parece que las ideas del pasado están más cerca de la verdad de lo que los científicos alguna vez imaginaron. Tal vez exista, a fin de cuentas, un Creador y la Creación puede no ser aquello que nosotros pensamos que es.

Cada religión tiene su historia fantástica para explicar nuestra creación. Desde que Dios creó el universo en 6 días, hasta un interminable ciclo de universos creados a partir de otros que dejan de existir. Incluso el universo entero habiendo sido creado a partir de un simple toque divino.

Y una idea soporta todas estas creencias: los seres humanos tienen un lugar especial en este universo, estamos aquí con un propósito.

Pero a medida que la ciencia investiga nuestros orígenes, la existencia de un creador se hizo innecesaria, y nuestro lugar especial, menos especial.

Capítulo 1. En el que los cosmólogos descubren que no somos ningún accidente esperando a suceder

Max Tegmark, cosmólogo: “Históricamente los humanos tenemos una serie de “recaídas”, una serie de golpes en nuestro ego. Primero tomamos como garantizado que todos nos había sido dado. La mayoría de las religiones y mitologías reflejan eso mismo.

Y después, claro, nos dimos cuenta que el mundo era mucho más grande de lo que pensábamos. Descubrimos que no éramos el centro del universo, que estamos viviendo en una esfera en rotación que es un planeta entre muchos, en un sistema solar entre muchos, en una galaxia entre muchas… Podríamos pensar que a esta altura deberíamos haber cometido todos suicidio colectivo y entrado en depresión.”

Cuando los cosmólogos investigaron nuestra creación, descubrieron un proceso guiado por las leyes de la física. En el principio existía gas, constituido por simples átomos. Con el tiempo, las estrellas transformaron estos elementos en átomos más complejos. A medida que estos átomos más pesados se esparcían por el universo, se combinaron para formar todo lo que vemos. Este proceso fue conducido no por un creador, sino por las leyes fundamentales de la física, las leyes de la naturaleza.

Entre estas leyes existen valores para la velocidad de la luz, para la fuerza de la gravedad y para la carga existente en los electrones.

Max Tegmark: “La diferencia entre la ley de la naturaleza y la ley de los hombres, es que independientemente de tus ideales políticos todos la obedecemos, queramos o no. No existen excepciones para las leyes de la naturaleza.”

Los valores necesarios para las leyes fundamentales de la naturaleza fueron establecidos en el inicio de nuestro universo, en el Big Bang. El resto fueron sólo matemáticas.

El Big Bang fue en cierto modo muy simple. Podríamos escribir una receta bastante simple y a partir de ella podríamos, en principio, si tuviéramos un ordenador muy potente, calcular lo que iba a suceder y obtener algo muy parecido a nuestro universo.

Martin Rees

Martin Rees, el cosmólogo acuñador del término “multiverso” y presentador de esta interesante serie documental

¿Pero será así de simple? Las matemáticas pueden conseguir explicar cómo se formaron los planetas, pero no consigue explicarlo todo.

Seguro que la evolución de la vida seguirá siendo un misterio, aún especial.

John H. Conway, matemático: “Las personas piensan que las matemáticas son complicadas. Las matemáticas son la parte simple, es aquello que podemos entender. Los gatos sí que son complejos… quiero decir… ¿qué es esto, lo que existe en esas pequeñas moléculas que hace que un gato se comporte diferente de otro? O ¿qué hace a un gato? ¿Y cómo se define un gato? No tengo la menor idea…”

Sin embargo en 1970 John Conway mostró que aunque la vida sea desconcertante en su complejidad, la complejidad aparece a partir de reglas simples. Las pruebas vinieron de un juego cuyos resultados eran tan inesperados que lo llamaron “El juego de la Vida“.

Vida tenía los más básicos ingredientes. Un tablero con una parrilla de cuadrados con sus marcadores. El destino de cada marcador está controlado por reglas y a diferencia de nuestro universo, éstas son solamente 3.

John H. Conway: “Tuve esta idea, que si teníamos reglas simples, pero no demasiado simples, entonces, probablemente, la complejidad crecería.

Jugamos con las reglas y esperamos a que algo interesante sucediera. Y acabamos por establecer un conjunto de reglas que eran ligeramente basadas en la vida real.”

Las 3 reglas que llegaron eran las equivalentes al nacimiento, a la muerte y a la supervivencia. Lo que le sucedía a una casilla particular dependía de las más cercanas.

Una casilla vacía, con exactamente 3 marcadores a su lado, daría a luz, por lo que añadiría un marcador al tablero. Cualquier marcador con menos vecinos, moriría de aislamiento y sería retirado del tablero. Un marcador con demasiados vecinos moriría asfixiado y sería igualmente retirado. Y cualquier marcador con sólo 2 o 3 vecinos sobreviviría, quedando exactamente como estaba.

Con sólo estas reglas básicas, impredecibles y complicados patrones evolucionaron. El tablero parecía producir criaturas de la nada, criaturas que se arrastraban, criaturas que “disparaban” criaturas más pequeñas, bombas que parecían un primitivo corazón, criaturas que emitían una cadena de descendencia interminable…

John H. Conway: “Mi pequeño juego Vida es sorprendente porque a partir de reglas simples no esperábamos encontrar cosas que cambien de un modo que parece tener un propósito, y eso nos sorprendió. Por eso le llamamos Vida. En cierta manera imitan la vida.”

La ciencia descarta la noción de la vida creada con un propósito. En este universo racional no existe la necesidad de un creador.

John H. Conway: “No hay ningún arquitecto de la vida. Absolutamente ninguno. Se comporta de manera interesante como consecuencia de un comportamiento caótico.”

En este universo caótico no existe ningún propósito especial en nuestra evolución. Sólo somos el resultado de átomos, tiempo y matemáticas.

Si embargo, algunos cosmólogos continúan viendo un significado mayor en nuestra existencia. No concuerdan con la idea de que seamos concurrentes con la existencia del universo. El universo que ellos argumentan es irrelevante sin nuestra existencia.

Max Tegmark: “Si miráramos hacia el Cosmos, claro que somos insignificantes, pero supongamos que no exista ninguna vida en el universo. ¿Será que toda esta maravilla que existe allá fuera no se volvería completamente inútil si no existiera nadie para contemplarlo? Creo que sí, que solamente la vida de por sí da un significado al universo. Particularmente si somos la única vida existente en el universo observable.”

Se llama inteligencia antrópica. Nuestra creación continúa siendo regida por las matemáticas y por las leyes de la naturaleza, pero existe algo de misterioso, incluso especial, en las leyes de la naturaleza.

Parece que en algunos aspectos nuestro universo es especial. Sabemos que el universo permitió nuestra aparición, pero es muy fácil imaginar un universo con propiedades ligeramente distintas en el cual nosotros ni nada tan complejo como nosotros podría existir. Podemos imaginar como si fuera girar “manivelas”, las cuales fueron ajustadas en el momento del Big Bang, para determinar su expansión y constitución. Y si giramos la manivela ligeramente, descubrimos que eso acabaría por obtener un universo que no sería tan favorable para la aparición de la vida.

Consideremos la gravedad, tal vez la más conocida de las leyes de la naturaleza. Su valor determina cuánto son atraídas las cosas entre sí. Desde el hecho de que estemos “pegados” a la Tierra, hasta la Tirra circundando nuestro Sol, las estrellas manteniendo su lugar en remotas galaxias situadas a millones de años luz de distancia.

Sólo en más ínfimo ajuste al valor de gravedad en una simulación computerizada del Big Bang y nuestro universo ni siquiera se forma.

Por ejemplo, si la gravedad fuese más fuerte, cualquier cosa más grande que nosotros sería chafada. Si no hubiera gravedad, las estrellas no se habrían formado porque se formaron gracias a la gravedad, y los planetas tampoco.

Life Dress, ropa inspirada en El Juego de la Vida

Life Dress, vestido con luces inspirado en El Juego de la Vida, de la diseñadora Elizabeth Fuller

Y las otras leyes son igualmente ajustadas a la perfección. Cualquier ajuste pequeño en sus valores y nunca habríamos existido. No hay ninguna razón conocida para que estos valores sean definidos de esta forma, y sin embargo parecen estar ajustados a la perfección para permitir nuestra creación.

Leonard Susskind, físico teórico: “Para algunos de nosotros, no todos, parece que tenemos que vivir con la idea de las constancia de la naturaleza, las leyes de la naturaleza, todo lo que sabemos, fue influenciado por nuestra existencia de alguna forma. Ésta es una idea que los físicos odian. La mayoría de los físicos quiere un mundo controlado por las matemáticas puras y no por nuestra existencia.”

Tal vez exista una explicación racional para el hecho de que las leyes naturales hayan sido creadas con valores tan precisos en el momento del nacimiento de nuestro universo.

Hasta que comprendamos completamente esos primeros instantes, no debemos asumir ninguna razón en especial para sus valores.

Cuando retrocedemos en la historia del cosmos hasta el llamado Big Bang, a medida que nos acercamos a su inicio, nos quedamos con cada vez más dudas. Esto se debe al hecho de que las condiciones en ese momento eran más extremas, no tenemos el apoyo de la experiencia, porque las condiciones eran más extremas de las que conseguimos simular o conseguir obtener en cualquier experiencia aquí en la Tierra. Por lo tanto existen grandes incertidumbres.

Durante un espacio breve de tiempo, los cosmólogos más famosos estaban satisfechos, pero tan pronto como comprendimos mejor las razones subyacentes para las cuales las leyes han sido establecidas como son, el ajuste perfecto no parecería tan místico y, una vez más, entraríamos en el reino de la física y de las matemáticas.

Leonard Susskind: “La idea general, para muchos físicos, es de que estos ajustes perfectos son totalmente fortuitos, que la constancia de la naturaleza es determinada por ciertos principios matemáticos que no tuvieron ninguna relación con nuestra existencia. Impersonal, matemático… y tuvimos una suerte increíble que a raíz de las matemáticas se haya creado un universo con todos estos ajustes perfectos.”

Es así que el Principio Antrópico existía como una teoría interesante pero excéntrica. Pero entonces, inesperadamente, fue descubierta una ley de la naturaleza totalmente nueva y nuestro universo se basa en el hecho de esta ley tan necesaria que parecía que ninguna teoría racional podría jamás explicar.

Nuestro universo parece ser definido por un conjunto de números que en cierto modo parecen ser especiales. Si tuviéramos números diferentes, tendríamos un universo estéril.

Las personas reaccionan a esta aparente coincidencia de maneras diferentes. Puede decirse que ése es el resultado de cierto arquitecto o providencia, se puede decir que es un hecho que tenemos que aceptar porque estos números pueden ser determinados por alguna teoría que aún no descubrimos.

Capítulo 2. En el que los cosmólogos descubren sólo un traje que se adapta

Durante cierto tiempo, fue posible creer que las leyes de la naturaleza no eran ajustadas de una forma tan precisa, que eso requería la mano de un creador. Pero entonces fue descubierta una propiedad fundamental del universo completamente nueva. Una fuerza antigravitacional presente en el propio espacio. Es llamada la constante cosmológica. Y cuando los cosmólogos calcularon su efecto en la evolución del universo, notaron que tenía que estar muy bien ajustada.

Leonard Susskind: “Los ajustes perfectos, ¿hasta qué punto son perfectos? La mayor parte de ellos son ajustados al 1%. En otras palabras, si tuvieran un valor diferente en un 1%, todo iría mal. Los físicos dicen que tal vez sea sólo consecuencia de la suerte.

Por otro lado, esta constante cosmológica está ajustada en 1/10 elevado a 120, 120 dígitos decimales. Nadie cree que eso fuera resultado de la casualidad. No es una idea razonable que alguna cosa sea ajustada en 120 dígitos decimales de manera accidental.

Este es el mejor ejemplo de ajuste perfecto.”

Nunca en la historia de la cosmología se había descubierto una fuerza tan perfectamente ajustada. La constante cosmológica necesita ser ajustada en una parte por un trillón, trillón, trillón, trillón, trillón, trillón, trillón, trillón, trillón de trillones. De otro modo el universo sería tan drásticamente diferente que nos habría sido imposible evolucionar.

Parece estar fuera de cuestión que la constante cosmológica haya llegado a un valor tan pequeño por casualidad. Pero la explicación alternativa era igualmente imposible de considerar.

Leonard Susskind: “Los físicos no querían aceptar la idea de que las leyes de la naturaleza tal vez fueran controladas por la benevolencia de la naturaleza. No debería existir ninguna razón para, si hubiera tenido lugar, haber admitido nuestra existencia. Es demasiado forzado.”

Parecía que oculto en las leyes de la naturaleza existía un valor tan preciso que era imposible negar que nuestro universo había sido diseñado. Pero un universo diseñado requiere de la existencia de un diseñador, una noción que ni los científicos antrópicos querían admitir.

Max Tegmark: “Hay ciertas personas que adoran el misterio y que se quedan contentos de no tener todas las respuestas. Y hay otras personas que temen el misterio y la incertidumbre y quieren todas las respuestas y seguir adelante, y estarían encantados si le diéramos un panfleto, desearían un guión turístico o cualquier libro religioso y que les dijéramos: “aquí están todas las respuestas, ya pueden dejar de preocuparse por esto, todo está resuelto.”

Muchas personas encuentran cierta comodidad en esto.”

Los científicos estaban en un callejón sin salida. Sus propios descubrimientos apuntaban a la existencia de un arquitecto inteligente.

Leonard Susskind: “Esto es como si se mezclase religión con física. Pienso que tenían un cierto recelo que fuera admitido que la razón del mundo de ser como es se debe a nuestra existencia. Ese argumento tenía que ser aprovechado por los creacionistas, por los arquitectos inteligentes. Y por supuesto lo que ellos dirían es: Siempre tuvimos la razón, existe una entidad benévola ahí en el cielo que creó el universo de la manera exacta con el propósito de que pudiéramos existir.

Creo que los físicos se quedan aterrados con la idea de verse envueltos con tales ideas.”

¿Cuántos Big Bangs creadores de universos han habido?

¿Cuántos Big Bangs, creadores de universos, han habido?

Algunas personas defienden que este aparente ajuste del universo es un hecho irrefutable. De lo contrario no estaríamos aquí para considerar esto y es de este modo que las cosas son así. Los otros están más perplejos e invocan a la providencia o a un creador para explicar que las cosas fueron establecidas con el objetivo de producir un universo complejo.

Algunas personas están satisfechas con una explicación religiosa, mientras que yo creo que es una cuestión científica que debe ser dirigida por los cosmólogos.

Y los cosmólogos encontraron una respuesta al problema del ajuste perfecto. Es simple y elegante. Pero… requiere de una fe tan profunda como cualquier creencia religiosa.

Si nuestro planeta no está solo, si está entre billones de planetas que orbitan billones de estrellas, en cientos de billones de galaxias de nuestro universo, ¿podrá nuestro universo ser igualmente uno de muchos?

Puede llegar a verificarse que nuestro concepto de universo, como los astrónomos lo ven actualmente, sea muy limitado, y aquello que tradicionalmente llamaríamos nuestro universo sería uno entre muchos.

Si existen otros universos, sus leyes de la naturaleza pueden ser establecidas de manera diferente en sus propios Big Bang. Si existieran varios Big Bang y si, es decir, una suposición, el resultado de esos Big Bang fueran universos gobernados por leyes físicas diferentes.

Entonces podríamos imaginar que existiría un universo gobernado por cualquier ley con un poco de supremacía. Por consiguiente no deberíamos sorprendernos por la existencia de un universo ajustado.

Si nuestras leyes de la naturaleza son sólo un conjunto de valores entre un número ilimitado de otros, entonces los ajustes de nuestro universo, de nuevo, entran en las leyes de la casualidad. Nuestra ley de la gravedad sería una entre trillones de diferentes valores para la gravedad. Lo mismo se puede decir de la constante cosmológica, de la carga atómica e incluso del número de dimensiones.

De repente, entre tantas posibilidades, no es tan sorprendente que por lo menos uno contenga el conjunto de leyes que permitan que los seres humanos evolucionen.

Si fuéramos a una tienda de ropa que tuviera un gran stock, no será sorprendente que encontremos un traje que nos vaya a medida, mientras que si existe uno solo, sí sería sorprendente que nos fuera bien. Por lo tanto, muchos universos están sujetos por leyes diferentes, lo cual eliminaría cualquier razón para estar sorprendido con el aparente ajuste perfecto de nuestro universo.

Con un poderoso salto intelectual los cosmólogos podían, una vez más, aceptar de buen grado que nuestro universo satisfizo nuestra evolución en el perfeccionamiento sin la necesidad de la existencia de un supervisor, de un creador.

Martin Rees creó una nueva palabra para describir la nueva idea.

Si se viniera a descubrir que existe otra realidad además de nuestro Big Bang, o debido al resultado de nuestra gran explosión, entonces tendremos que redefinir nuestro universo para usar una u otra definición, y escogí la palabra Multiverso para describir este conjunto de Big Bangs, este grupo de universos.

El concepto de multiverso salva el universo científico de un plumazo.

Leonard Susskind: “Tenemos un mecanismo natural para explicar la razón de existir de toda la diversidad que existe allá afuera. Eso elimina la necesidad de un ajuste perfecto que algunas personas desearían, porque dirían que existe un supervisor. No precisamos de un supervisor.”

Sin embargo, en teoría, estos otros universos estarán siempre fuera del alcance de nuestros telescopios. Por eso, ¿será que el multiverso es una solución científica?

John H. Conway: “Una de las cosas que dicen las personas cuando son enfrentados con la idea del multiverso, es: “esto no puede ser ciencia cuando hablan de todas estas cosas que no se pueden observar. Si tienen una teoría que atañe a entidades que nunca podrán tocar, medir y observar, eso no es ciencia, ¿verdad?” Y yo diría: todo lo contrario; lo que hace buena ciencia no es el hecho de que las podamos ver o no, sino que consigamos excluir la teoría o no.”

Habiendo aparecido la posibilidad de otros universos, los cosmólogos comenzaron a pensar sobre cómo serían. Y mientras pensaban descubrieron que la lógica había armado una nueva trampa. La idea de multiverso los había puesto en un camino que los llevó de nuevo a un creador.

Para evitar la conclusión de que una fuerza inteligente había tenido influencia en nuestra creación, los cosmólogos invocarían el principio de los universos múltiples. ¿Pero ese potencial residirá en esos otros universos para la evolución de la complejidad?

No tenemos idea de la cantidad de variedad que haya en los otros universos y como no tenemos contacto con ellos, todo lo que podemos decir es que debe haber un cierto potencial para la existencia de la complejidad en esos universos.

Es fácil imaginar otros universos que son menos favorables para la vida que el nuestro, pero podemos, obviamente, no estar en un universo modélico. Podemos imaginar universos que puedan ser más favorables. Éstos, claro, tendrán potencialidades mucho más allá de aquello que nuestro cerebro puede concebir, pero no podemos asumir, en este gran cosmos, que no existan otros universos con mayor complejidad que el nuestro.

Capítulo 3. En el que los cosmólogos descubren que no son los entes más inteligentes en nuestro universo, o en otros.

Aunque estemos completamente apartados de estos otros universos, no es imposible que un día podamos llegar a demostrar su existencia.

El tamaño del cerebro no importa

Parece ser que en este caso el tamaño no importa. Si nuestro cerebro fuera más grande sería menos eficiente, según dicen

Leonard Susskind: “Creo que es una cuestión que no podemos siquiera asumir actualmente. Creo que nos tenemos que basar en la ingenuidad de futuras generaciones de científicos, o lo que quiera que sea que se llamen entonces, para que encuentren el camino para nuevas maneras de pensar estas cosas.

La teoría atómica que fue propuesta por los antiguos griegos hace 2.500 años llevó cerca de 2000 años confirmarla. No me sorprendería que se tardara una fracción de ese tiempo hasta que comprendamos estas ideas en su totalidad, hasta que nos sintamos completamente cómodos con estas ideas, hasta que consideremos que estas ideas son totalmente científicas.”

¿Pero podremos alguna vez saber cómo son estos otros universos? En algún sitio, entre esta colección infinita, deben existir algunos parecidos con el nuestro. Algunos serán menos evolucionados y otros mucho más avanzados.

Tenemos una idea de cómo la vida evolucionó en la Tierra y, a partir de un comienzo simple, se desarrolló hasta llegar las criaturas como nosotros, con un cierto nivel de inteligencia.

Parece existir un aumento gradual de la inteligencia y los seres humanos, en cierto momento, destacaron de los otros animales, pero no tenemos idea de cuán inevitable fuera ese nivel.

Los 4.000 millones de años de la evolución darwiniana forma parte de la cultura actual, pero aún así, la mayor parte de la gente piensa que los seres humanos son, en cierto modo, el culmen. No hay ninguna razón para pensar que la inteligencia no siga evolucionando. Los astrónomos saben que nuestro sol está a medio camino del final de su vida. Faltan 6.000 millones de años para que nuestro sol aumente de tamaño y empiece a engullir a los planetas interiores y a evaporar cualquier pista de vida que exista en la Tierra.

Pero cualquier vida que exista en ese tiempo, si fuera vida humana, será vida tan diferente a nosotros como nosotros lo somos de las bacterias, porque habrá pasado tanto tiempo, para la futura evolución en la Tierra y en otros sitios, antes de morir el sol, como el que pasó desde los organismos simples hasta nosotros.

Por lo tanto nuestro futuro, en este universo, puede darnos pistas sobre la vida en otros universos más avanzados. Entonces, ¿cuál es el futuro de la inteligencia?

Michel A. Hofman, neurobiólogo: “Considero que tenemos el sistema nervioso más complejo de la Tierra. Teniendo en cuenta eso, podemos ser consideradas las criaturas más inteligentes del planeta, tal vez del universo, por lo menos en nuestro universo. Podría ser. Tuvo un inicio como un cerebro de chimpancé y triplicó el tamaño durante un periodo de 2 o 3 millones de años. Nos podemos preguntar si aún hay lugar para más evolución.”

Michel Hofman investiga la estructura de nuestro cerebro y expuso la pregunta: ¿Será que un cerebro más grande aumentaría la inteligencia?

Michel A. Hofman: “Llevamos a cabo un estudio comparando las estructuras cerebrales en los primates, comenzando desde los pequeños y primitivos primates, hasta los seres humanos. Lo que pudimos hacer fue extrapolar estos estudios para criaturas que tienen un tamaño mayor que nuestro cerebro. Para nuestra sorpresa, a partir de cierto tamaño de cerebro, algo extraño ocurre.

Existe un máximo en inteligencia, en poder de procesamiento y habilidades cognitivas, pero por otro lado, se obtiene un decrecimiento en el número de las estructuras existentes en el cerebro. Resulta un decrecimiento en el poder de procesamiento y en el procesamiento de la información y por consiguiente, en la inteligencia.”

Parece que como órgano de la inteligencia el cerebro llega a su límite. Si se hiciera mayor, la comunicación entre las diferentes partes del cerebro se debilitaría y se haría menos eficiente.

Michel A. Hofman: “Por eso no será mejor que el que tenemos ahora, es la conclusión de todos estos estudios. No podemos cambiar la tecnología de nuestro cerebro. En cierto modo somos prisioneros de nuestros antepasados hace millones de años, en lo que a evolución de nuestro cerebro se refiere.”

Así que a menos que la naturaleza invente una nueva manera para que la inteligencia orgánica evolucione, parece que en este universo la inteligencia llegó a su máximo potencial.

Pero algunos científicos ven la inteligencia orgánica únicamente como el primer estadio de evolución. Y la próxima fase, creen ellos, ya empezó.

Nick Bostrom, filósofo: “Durante los primeros 3 o 4 mil millones de años, la fuerza principal de estímulo del aumento de la complejidad aquí en la Tierra fue la evolución, la selección natural, la selección sexual. Pero en las épocas más recientes, en los últimos miles de años, ya no se trata de la evolución sino de nuestro desarrollo cultural. Esto fue formalizado en el desarrollo científico, tecnológico y médico. Es alrededor de eso que todo gira.

Si nos hacemos más inteligentes será porque aprenderemos a usar la tecnología, o tal vez la medicina, para mejorar nuestras propias capacidades intelectuales. Y eso puede llegar a ocurrir en cuestión de décadas.

En todos estos diferentes caminos, los seres humanos utilizarán su capacidad técnica para alterar o modificar su propia naturaleza. Este es el lado trans-humano de nuestro desarrollo, que sólo comenzamos a explorar en el despuntar de este nuevo milenio.”

¿Será habitual en el futuro ser cyborg?

Por muchos beneficios que pueda conllevar, me asusta pensar que en un futuro sea lo más normal del mundo tener, además de carne y huesos, hardware

La tecnología ya es parte de casi todos los aspectos de nuestras vidas, pero filósofos como Nick Bostrom creen que la tecnología puede venir a sustituir nuestras vidas gradualmente y que ese cambio será casi imperceptible.

Nick Bostrom: “Muchas personas podrían escoger entre varios medios, medios computacionales, donde no sufriremos dolores, donde nuestros procesos mentales serían acelerados infinitamente, donde podríamos transportarnos a velocidades de la luz, como patrón de información, donde podríamos hacer copias, copias de seguridad de nosotros mismos… Empezaríamos sustituyendo una parte pequeña de nuestro cerebro, como una célula nerviosa, por un procesador que haría la misma tarea, y entonces iríamos sustituyendo cada vez más partes del cuerpo y al final seríamos constituidos por silicio. Y todo esto parece aterrador y malo, pero si en algún punto durante este proceso nos diésemos cuenta de cualquier diferencia y acabáramos por tener la misma capacidad mental que teníamos anteriormente, entonces podríamos pensar que no interesa tanto si estamos hechos de silicio o de carbono, qué tenemos dentro de nuestro cráneo, o si tenemos cráneo, o si mi vida mental está controlada por un ordenador. Lo que realmente importa es aquello que pensamos, sintamos y hagamos y cómo nos relacionamos con los otros.”

La tecnología puede llevarnos más allá de la capacidad natural de nuestros cerebros biológicos. Gracias a la tecnología, nuestro universo puede desarrollar súper-inteligencias.

Nick Bostrom: “El concepto de súper-inteligencia significa, poco más o menos, cualquier tipo de intelecto que sobrepasa holgadamente cualquier cosa que los humanos consigamos hacer. No sólo sería un ser humano muy inteligente, sería inconmensurablemente superior. No habría ninguna incertidumbre sobre si sería muy inteligente o no; podría estar en un nivel totalmente diferente.”

Claro que no conseguimos imaginar lo que una super-inteligencia sería capaz de conseguir, del mismo modo que un perro no puede apreciar la mecánica cuántica. Pero podemos, por lo menos, cuantificar las cosas al pensar en los ordenadores. Podemos pensar en los componentes de procesamiento de los ordenadores y el tipo de cálculo que pueden hacer, el grado de complejidad que consiguen emular.

Sabremos esto de aquí a unas décadas. Los ordenadores habrán desarrollado la manera de ser capaces de simular desde dibujos simples hasta ser capaces de crear mundos virtuales de gran detalle.

Y si los ordenadores de esta nueva era son suficientemente poderosos, serán capaces de simular los eventos del mismísimo origen de nuestro propio universo, de evaluar el origen subyacente que estipuló nuestras leyes de la naturaleza de una forma tan precisa como para poder jugar con los parámetros de la creación, de ver cual es el resultado que de ahí vendría.

Si esa evolución continuara, entonces podemos imaginar ordenadores que simularían mundos tal vez tan complicados como aquellos en los que estamos viviendo.

Por supuesto esto hace emerger una cuestión filosófica: ¿Será que formamos parte de una simulación genérica? ¿Podría, lo que pensamos que es el universo, ser una especie de bóveda celeste en vez de algo real?

En un multiverso existirán, por supuesto, seres que habrán desarrollado inteligencias muy superiores a las nuestras con la capacidad de crear simulaciones infinitamente más complejas. Todo nuestro universo podría ser una de esas simulaciones. Entonces, ¿dónde está eso que nos simula?

En cierto modo, podemos ser nosotros mismos las creaciones de esta simulación, supongo yo.

A la que nos alejamos de la hipótesis de que nuestro universo sea obra de un creador, de un dios, la lógica ha llevado a la ciencia de vuelta al punto inicial. ¿Será que nuestras super-inteligencias sean el dios que siempre hemos imaginado?

Nick Bostrom: “Bueno, la hipótesis de la simulación, que dice que vivimos en una simulación de ordenador, debería ser entendida literalmente. No es sólo en el sentido metafórico, donde podemos ver el universo como una simulación, sino que viviríamos literalmente en una simulación creada por una civilización avanzadísima, en un ordenador que ellos construyeron en su universo.

Y todo lo que vemos, nuestros propios cerebros, serían partes de esta simulación.”

Y si fuésemos simulaciones, ¿será que fuimos simulados con algún propósito? ¿Nuestra existencia ha sido consecuencia de algo no casual? ¿Existirá, a fin de cuentas, un creador de un gran plan, tal como nuestros ancestros creían?

Capítulo 4. En el que los cosmólogos aprenden que sus trajes son copias

Nick Bostrom: “El argumento de la simulación está basado en consideraciones empíricas, sobre los grados de poder de computación que estarán disponibles en civilizaciones avanzadas. Está claro que no podía ser conceptualizado antes de que existieran los ordenadores, por eso sólo en las últimas décadas es cuando la hipótesis podía ser propuesta.”

Las criaturas que rastrean en el juego Vida son un poco más que trozos de información. Sin embargo apoyan extrañamente la hipótesis de la simulación.

John H. Conway: “Las reglas de mi juego Vida están basadas en las cosas pequeñas y triviales y las reglas del verdadero universo son tan complejas que si intentásemos comprenderlas tardaríamos miles de años, y aún así no terminaríamos, ni nos acercaríamos, ni nos alejaríamos. Por lo tanto, no podemos esperar demasiado, pero estas leyes básicas ya revelan comportamientos interesantes.

Mostró algo importante, que fue que un sistema como este puede tener algunas de las propiedades del universo real. Así que, en cierta manera, su estructura fue copiada de una forma muy básica, a partir de la biología de la vida real, y es muy raro eso, ya que paralelamente se ha hecho una especie de biología artificial.”

No podemos tener la certeza hasta qué punto las leyes actuales que gobiernan nuestro mundo son similares a las del juego Vida. Sabemos que las leyes que gobiernan nuestro mundo son simples; podemos escribirlas en ecuaciones simples, podemos programar ordenadores para simularlas. Y a partir de la sencillez llegamos a la complejidad humana.

Nuestra propia existencia ha sido parte de una simulación, ¿será que somos reales?

¿Somos reales o una simulación?

¿Somos reales o una simulación creada por una civilización más avanzada de otro universo? La pregunta tiene tela… 

Nick Bostrom: “Las especulaciones acerca de la naturaleza de la realidad y sobre si será una ilusión o un sueño, se remontan a cientos y miles de años, cuando los filósofos ya debatían estas cuestiones. Si estamos en una simulación, ¿significa eso que nada es real? Creo que la mejor manera de verlo, por decirlo de algún modo, sería que la realidad es algo ligeramente diferente de aquello que pensamos. En términos prácticos continuaría siendo una realidad.”

Max Tegmark: “No hay razón para sentirnos desmoralizados debido a las implicaciones filosóficas de estas ideas porque cualquier aspecto de la vida del día a día se mantendrá igual, independientemente del hecho de si tenemos voluntad propia o no, independientemente de que el universo vaya a acabar con un Big Rip o con un Big Crunch

Creo que además de las grandes cuestiones, aquello que nos dice alguna cosa emocionalmente, son las cosas pequeñas del día a día y… valen lo que valen.”

Si somos una simulación, entonces en lo que a nosotros nos importa, somos suficientemente reales.

Cualquiera que sea la fuerza que haya guiado nuestra creación, matemática o inteligente, nos construyó de simples átomos a criaturas capaces de pensar más allá de los límites de la investigación física.

Nick Bostrom: “Estas clases de argumentos aparecen en el mismo punto que los límites del intelecto humano, en el sentido en que descubrimos que nuestro rincón del mundo es en realidad un muy, muy, pero que muy pequeño rincón de un mundo infinitamente mayor de lo que alguna vez hayamos imaginado. Y que nunca podremos conseguir alcanzar y observar las otras partes.

Y al mismo tiempo, estos argumentos dan el énfasis al alcance extraordinario del intelecto humano en la medida en que comenzamos a formular teorías e hipótesis que van mucho más allá del mundo que nos rodea y de las ideas con las que evolucionamos para lidiar con situaciones como: ¿Cuántos leones entraron en la gruta?, ¿Lloverá al final de la tarde?, ¿Qué piensa esa persona acerca de mí?, este tipo de cosas, es decir, lo que nuestro cerebro evolucionó pero parece que pueda ser utilizado para comenzar a abordar estas cuestiones fundamentales sobre la existencia y la naturaleza del mundo.”

En la búsqueda de una explicación alternativa a las explicaciones religiosas sobre nuestra creación, los cosmólogos revelaron una posibilidad que parece increíblemente similar. Un ser todopoderoso, omnisciente y súper-inteligente, una entidad cuyos motivos son inescrutables y cuya existencia es… imposible de demostrar.

Max Tegmark: “Es muy importante para nosotros, los físicos, no rechazar ideas aunque parezcan raras, porque si lo hacemos ya habríamos descartado los átomos, los agujeros negros y todas esas otras cosas maravillosas. En realidad cuando hacemos una pregunta sencilla sobre la naturaleza de la realidad, ¿no será de esperar que la respuesta sea un poco extraña?.

Pienso que todo lo que sea menos que extraño sería una gran desilusión. Francamente pienso que debemos aceptar que el universo es extraño, y en este sentido tiene su encanto.”

No hay ninguna razón en particular para que nuestro cerebro se haya desarrollado suficientemente como para ser capaz de asimilar los niveles más profundos de la realidad. Lo que es fantástico es que consigamos poder dar tanto sentido como hicimos acerca del mundo exterior. Y creo que cuando la historia de la ciencia haya sido escrita, lo que fue descubierto acerca del universo en las últimas décadas será uno de los capítulos más conmovedores.

Pero la cuestión clave es, claro, aquello que continuamos desconociendo. Y ese es el desafío para el siglo que viene.

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Publicado el 22/04/2013 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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