¿Qué pasó en Alcácer?

¿Qué pasó en Alcácer?

Portada del libro “¿Qué pasó en Alcácer?”

Título: ¿Qué pasó en Alcácer? Todas las claves de un triple asesinato que conmovió España
Autor:
Juan Ignacio Blanco
Páginas: 393 (512 en la versión en papel, suponemos que por la inclusión de fotografías)
Año: 1998

Fue el viernes 13 de noviembre de 1992 cuando las 3 quinceañeras Miriam, Toñi y Desirée, naturales de Alcàsser, un pueblo de Valencia, España, salieron de sus casas con la intención de ir a la discoteca Coolor, que estaba situada en las afueras del cercano pueblo de Picassent, ya que se celebraba una fiesta del instituto. Pasaron a ver a su amiga Esther, que no pudo salir con ellas debido a que estaba enferma. Después una pareja de conocidos las acercó a una gasolinera de las afueras del pueblo y allí hicieron autostop hasta que alguien las recogió.

Una vecina del pueblo, tal y como declararía posteriormente ante la Guardia Civil, vio como las chicas subían a un coche pequeño, blanco, con 4 personas dentro y esa seria la última vez que se vería en vida a las 3 amigas, hacia las 20 h. de ese fatídico día.

75 días después, el 27 de enero de 1993, un par de apicultores de la zona encontrarían los cadáveres de las 3 chicas, que estaban semienterrados en una fosa a unos 800 m. de una caseta abandonada que se encuentra a 30 Km. de Alcàsser.

Desde la desaparición de las 3 chicas hasta años después el suceso se convertiría no sólo en el aire que respiraba todo el país sino que sería aprovechado por todos esos vampiros y chupópteros desalmados de los medios de desinformación masiva cuyo único fin es el de conseguir el máximo de audiencia, añadiendo siempre que fuera posible morbo y cualquier dato o rumor que surgiera, viniera éste de donde viniera y hubiera sido contrastado o no.

Y suponemos que es debido precisamente a ese circo mediático al hecho de que muchas personas en la actualidad, sobretodo los habitantes de los pueblos afectados, ya nada parezcan querer saber sobre el tema.

La versión oficial

La versión oficial nos cuenta que las chicas fueron raptadas por 2 únicas personas, Antonio Anglés y Miguel Ricart “El Rubio”, dos delincuentes de poca monta, aunque con un largo historial de delitos, y compañeros de aventuras.

Se las habrían llevado con el Opel Corsa blanco de Ricart a La Romana, la caseta perdida en la montaña, y allí las habrían violado y torturado durante horas. En medio de esta orgía de violencia habrían hecho una singular pausa para ir (los dos, curioso) a un bar de la localidad de Catadau, relativamente cercana a donde se encontraban, a por una botella de agua, una cerveza, una ensalada y dos bocadillos y una vez de vuelta, estando las chicas atadas a un pilar de madera que hay en la mencionada caseta, habrían continuado con sus depravaciones finalizando a la mañana siguiente con 3 disparos en las respectivas nucas de las chicas.

Luego las habrían enterrado a poca distancia de la caseta, caseta abandonada que solían frecuentar los dos acusados y otros, hasta que meses después fueron descubiertos los cuerpos.

Miguel Ricart, el único que fue a prisión por este delito, no las habría matado pero sí colaborado y participado en el resto de actos, además de no haber hecho nada por evitar el triple asesinato. En 1997 se inició el juicio contra él, que era el único encausado, y después de 49 vistas judiciales y la comparecencia de un centenar de testigos, fue condenado el 5 de septiembre de ese año a 170 años de prisión, que se acabarían convirtiendo en mucho menos debido a la Doctrina Parot, con lo que en principio en 2024 será libre.

Antonio Anglés, brasileño de nacimiento y parte de una suerte de “familia monster” donde los robos, las drogas y la violencia eran el pan de cada día, es oficialmente el autor de los 3 asesinatos. Era homosexual, un dato que tiene especial relevancia teniendo en cuenta de lo que se le acusó y dato al que se prestó nula atención a la hora de emitir juicios. Lo “mejor de todo” no es sólo que nunca se le capturó, a pesar de que se le persiguió con un dispositivo policial como no había habido en su día ni para detener a El Lute, sino que el asesinato lo cometió –supuestamente- tiempo después de haberse fugado aprovechando un permiso penitenciario concedido en marzo del mismo año. Se ordenó su búsqueda y captura 6 meses después de haberse fugado y, sin embargo, nadie fue a por él hasta que sucedió lo que sucedió.

Según las investigaciones que se llevaron a cabo se supone que huyó a Lisboa, Portugal, donde embarcó en el barco “City of Plymouth” con destino a Dublín, Irlanda, como polizón, entre los contenedores de carga, donde habría sido descubierto y finalmente se habría escapado el 24 de marzo del 93, a partir de cuyo momento ya nada se sabe de él. Algunos creen que murió al saltar del barco y otros creen que estará viviendo a cuerpo de rey en Brasil o en la misma Irlanda. Sea como sea la Interpol lo tiene fichado en su página web como uno de los delincuentes más peligrosos de España. Es curioso también que, debido a las leyes actuales en las que pasados 20 años de un delito este prescribe, no queda mucho tiempo para que Anglés pudiera volver a España sin temer ir a la cárcel.

A grandes rasgos esto sería lo que oficialmente sucedió.

Despropósito total o algo más…

Sin embargo es tal la cantidad de despropósitos en este caso que sencillamente es difícil creer que tantas cosas hayan sucedido como nos explican y que no se trate de una película sino de la realidad. Lo malo es que lo que para algunos pudiera sonar a ciencia ficción o a una cadena de errores y cosas que no cuadran, para otros, como los familiares, fue una verdadera pesadilla.

La lista de incongruencias, errores, negligencias, dudas, contradicciones y “algo más” de este caso es larguísima, algo que se ve claramente en este libro ya que se incluyen muchas transcripciones literales del sumario del caso, lo cual incluye a su vez las declaraciones de todos los implicados en el mismo.

De todas ellas vamos a nombrar tan sólo algunos ejemplos importantes, para no aburrir, pero que ya dejan claro, a mi modo de ver, una idea de cómo funcionó la investigación de este crimen que conmocionó al país, así como de algunos hechos “extraños”:

  • Según la versión oficial en el coche en el que se llevaron a las chicas, aparte de ellas iban Anglés y Ricart, este último conduciendo. Como hemos dicho antes, la vecina del pueblo que vio por última vez a las chicas con vida aseguró haber visto bien claro cómo subían al coche tranquilamente, no forzadas, y que habían en él 4 personas.
  • Se asegura que con ese coche se subió hasta La Romana, la caseta donde se cometió el crimen y que se encuentra en la montaña en un lugar de tan difícil acceso que cuesta mucho creer, para todos aquellos que conocen el lugar, que el coche llegara hasta arriba no tratándose de un 4×4. Si además tenemos en cuenta que como mínimo iban en el coche 5 personas, más difícil de creer.
  • En La Romana no se encontraron rastros de sangre o de semen, ni en el colchón que había en la caseta ni en el suelo. Tampoco se encontró en la alfombra que envolvía los cuerpos enterrados ni en las ropas de las niñas ni en los coches investigados.
  • Cerca de la fosa se encontró una hoja troceada del Servicio de Urgencias del Hospital de la Fe de Valencia donde figuraba el nombre de Enrique Anglés, uno de los hermanos de Antonio, que serviría para que la policía fuera directa la casa que Neusa, la madre de los Anglés, tenía en Catarroja, un pueblo cercano a Alcàsser y donde vivían todos sus hijos además de otros de manera temporal, como el propio Ricart.
    Es curioso, pues, que se dejaran ese papel en la escena de crimen y que encima éste permaneciera allí, a la intemperie, durante casi 3 meses de invierno en tan perfecto estado. Es de hecho, aunque no viene a cuento, lo mismo que sucedería en los autoatentados del 11S, por ejemplo, cuando encontraron en las ruinas de las torres gemelas pasaportes de los supuestos secuestradores de los aviones en perfecto estado, algo tan y tan poco creíble…
  • Y muy parecido a lo anterior, cosas como que Antonio Anglés, que estaba siendo perseguido por medio cuerpo de la Guardia Civil y de la policía y del que no habían conseguido ni una sola huella dactilar a pesar de haber analizado todos los lugares por donde había pasado en su huida, curiosamente se dejara en uno de estos lugares, un chalet de Benaguacil, 5 fotografías de carnet, 4 con aspecto anterior y 1 con el nuevo aspecto después de haber pasado por una peluquería para teñirse el pelo.
  • Se encontró dentro de una de las chicas una cadena con una cruz de Caravaca en la columna vertebral, incrustada en las vértebras. La pregunta obvia es qué hace allí una cadena con una cruz, que además no era de ninguna de las chicas, detalle por lo visto sin importancia para los jueces.
  • Una de las chicas murió virgen, así que no había sido violada (por lo menos no vaginalmente).
  • Hubo pruebas que aparecieron donde no estaban anteriormente, como se dio en el caso en el de los dos apicultores que descubrieron los cuerpos y ayudaron a desenterrarlos, que afirmaron bajo juramento que los restos que aparecen en las fotografías de sumario de la exhumación que se realizó no se correspondían con lo que ellos habían visto. También hubo otras que desaparecieron, en concreto un total de 14, entre otras pelos que podrían haber servido de mucho o la alfombra mencionada más arriba, ya que parece ser que la que se presentó en el juicio no era la que cubría los cuerpos, ni siquiera del mismo color…
  • Los cuerpos, e incluso partes de un mismo cadáver, estaban en distintos estados de descomposición, algo ilógico si fueron enterrados los 3 al mismo tiempo en el mismo lugar.
  • Las declaraciones de ciertos agentes de la ley, testigos e inculpados podían llegar a ser muy distintas o directamente contrarias, incluso a las realizadas previamente por una misma persona. Uno de los casos más claros, y a considerar, fue el del propio Ricart, que en las diversas declaraciones que hizo empezó declarándose culpable de los hechos (dos días después de que se localizaran los cuerpos) y tiempo después acabaría enviando desde la cárcel cartas al juez retractándose de sus declaraciones anteriores, afirmando con rotundidad unas veces que no sabía nada del crimen y otras que sabía quien había cometido los asesinatos. Además afirmó en repetidas ocasiones que había sido torturado por miembros de la Guardia Civil y que éstos le habían dado el guión de lo que tenia que decir so pena de recibir nuevas palizas. Sin embargo sólo le hicieron caso cuando afirmaba que formó parte del crimen, siendo ignoradas y no investigadas el resto declaraciones.
  • Pruebas de ADN que no se llevaron a cabo y que podrían haber dado con los -verdaderos- asesinos. El caso más claro y flagrante es el de los pelos que se encontraron en el escenario del crimen y que apuntaban a, por lo menos, 7 personas distintas, ninguna de ellas los asesinos oficiales ni ninguno de los otros sospechosos.
  • Ni se trató de reconstruir el crimen, algo habitual y necesario en estos casos, ni se contrastaron la mayoría de hechos relatados por los investigados y declarantes.
  • La tierra que había pegada a las ropas y cuerpos de las 3 chicas era de un tipo (arcillosa, de color marrón amarillento), cuando la tierra de la fosa en la que se encontraron era y es de otro (caliza, blanquecina), algo que nunca se investigó.
  • Autopsia negligente y nefasta más digna de aprendices de Jack el Destripador que de los 6 forenses que realizaron la primera de ellas; no sólo lo hicieron de la peor manera que pudieron (no se hicieron ni radiografías de los cuerpos) sino que obstaculizaron en la mayor medida posible las siguientes autopsias que haría el profesor Luís Frontela, un catedrático de Medicina Legal con más de 4.000 autopsias a sus espaldas, un profesional serio y concienciado que llegó mucho más lejos que los anteriores forenses y que, de no ser porque esta más que claro que se quería cerrar el caso cuanto antes, seguramente habría sacado a la luz información mucho más valiosa, concreta e “impactante” sobre lo que pasó y sobre quien cometió de verdad el crimen.
    Lo mismo sucedería con el levantamiento de cadáveres, que se realizó siguiendo procedimientos totalmente incorrectos, y con otras partes de la investigación oficial.

Se puede resumir lo extraño del caso, o de la investigación, con las palabras que el propio profesor dijo ante el juez el 11 de mayo de 1997:

Por el contrario, en este caso “Alcácer” sufrimos y estamos sufriendo un verdadero calvario, salpicado de lamentables inconvenientes, que soportamos gracias a nuestra profesionalidad:

Tuvimos que afrontar como uno de los médicos forenses, el día que efectuamos las autopsias, en vez de respetar la libertad e imparcialidad pericial, nos llamaba la atención porque las estábamos haciendo minuciosamente, dado que considerábamos que no eran completas las que se habían realizado previamente. Cuando comenzamos las segundas autopsias, comprobamos atónitos, que se habían amputado o no disponíamos de las cabezas, genitales, manos y otras lesiones de los cadáveres, en un incomprensible acto, en contra de toda ética y actuación profesional, de quienes sabían que a continuación de ellos íbamos a efectuar nosotros otras segundas autopsias y cuando no corría tanta prisa la toma y ocultación a nuestros ojos de dichas muestras.

La ropa de las víctimas estaba mojada, introducidas en bolsas, en contra de los correctos dictados de la ciencia que obliga a secar las prendas (no a mojarlas) con el fin de que no se deterioren las manchas de interés criminalístico que pudiera haber.

Trajimos a Sevilla las ropas de las víctimas para su estudio con el pleno conocimiento y autorización del Juez de Instrucción, inmediatamente comenzamos a secarlas y, sin terminar esta operación, recibimos un telegrama del Juez ordenándonos que las devolviéramos inmediatamente ¿por qué? Cuando meses más tarde nos envían de nuevo las ropas, comprobamos que entre el barro y las prendas se hallaban pelos de gran interés criminalístico, que por la circunstancia de su localización se encontraban en la ropa desde que fueron enterrados los cadáveres, y que no habían sido “vistos” ni estudiados en otros laboratorios donde habían permanecido dichas prendas.

Comunicada la existencia de dichos pelos y realizado un primer informe de los mismos, sin ultimar su estudio, se nos ordenó los devolviésemos al Instituto Nacional de Toxicología; allí, al parecer efectúan estudios del ADN y, por tal motivo amputan los bulbos, no obteniendo resultados. Dichos pelos nos son enviados de nuevo y, posteriormente, parte de los mismos, nos ordenan sean enviados a otro laboratorio. Y así, podría ir recorriendo toda una serie de “peculiaridades”, poco comprensibles, hasta llegar al hallazgo de manchas de interés criminalístico en a moqueta, manchas que no habían sido visto antes por otros investigadores.

Estas palabras fueron ignoradas por el Tribunal, que ordenó a Frontela y a su equipo que suspendieran sus investigaciones, no admitiendo los resultados (como que las muchachas habían sido enterradas antes en otro sitio, los como mínimo 7 individuos desconocidos y otras tantas cosas a las que hubiera podido llegar el forense si se lo hubieran permitido) como pruebas para el juicio.

Como se explica en el libro tampoco sirvió de nada una manifestación que se llevó a cabo por prácticamente todos los habitantes de Alcàsser al ver lo surrealista derroteros por donde iba la investigación y el juicio, que al grito de “¡No pruebas, no juicio!” pedían que se suspendiera el surrealista y teatral juicio.

Libros prohibidos

El libro ha sido escrito por Juan Ignacio Blanco, periodista criminólogo que entre otras cosas trabajó en, y dirigió, el legendario diario español El Caso.

Como medio país, seguía el caso de las 3 chicas de Alcàsser y se dio cuenta que no cuadraban para nada los datos oficiales que aparecían sobre el caso, con lo que decidió dedicarse en cuerpo y alma, junto con el padre de una de las niñas, Fernando García, a investigar a fondo el caso y a luchar para que la verdad saliera a la luz y se hiciera justicia.

Finalmente escribió el libro en 1998, que como explica en la introducción “la intención de este libro no es descubrir los hallazgos realizados a lo largo de esas investigaciones, sino desvelar las investigaciones oficiales realizadas en torno al triple crimen de Alcácer.” Sin embargo una sentencia judicial en el año 2000 decretada por un juez, ordenaba que el libro quedara secuestrado de por vida debido a que no podían publicarse ni las fotos de las niñas estando vivas ni fotos de los cadáveres, pero principalmente porque no podía incluir la declaración sumarial completa de Miguel Ricart (¿?).

Así pues es difícil, si no imposible, que encuentres el libro en una librería, pero obviamente sí está en Internetes, que es de donde lo hemos conseguido, aunque en éste no hay ni una sola foto, más allá de la de la portada.

Pero no ha sido éste el único libro censurado sobre el crimen de Alcàsser. Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia (conocida como la Duquesa Roja), escribió en su día la novela “La ilustre degeneración”, que como define la criminóloga Luz Sayay, a la que tampoco -como a muchos- le cuadra la versión oficial de los hechos y que está escribiendo un libro sobre el caso: “es una historia sobre la crudeza, las perversiones y la impunidad de las “altas esferas” en muchos crímenes. Se considera una base para comprender el trasfondo del Crimen de Alcácer.”. Tampoco este libro llegó a ver la luz en papel y por eso la autora lo acabó liberando en Internet.

Al final del post encontrarás un enlace donde poder localizar estos y otros libros sobre el crimen de Alcàsser, así como mucha más información.

Más allá del crimen de Alcàsser

No sólo se han censurado libros sobre este caso, también ha habido juicios y sentencias contra los que más lucharon para que se hiciera justicia.

Fernando García, padre de una de las 3 niñas de Alcàsser, que como ya hemos mencionado investigó el caso con Juan Ignacio Blanco, fue por así decirlo la cara pública de las 3 familias de las niñas.

Ambos, el padre y el criminólogo aparecieron unos años después de los hechos, y durante unos meses, cada noche en el conocido programa de televisión Esta noche cruzamos el Mississippi, algo que muchos han cuestionado debido principalmente al tipo de programa que era, pero está más que claro que el hecho de que medio país miraba ese programa mantuvo el caso fresco y permitió hacer públicos datos y hechos que la gente desconocía, entre otras cosas.

Pues bien, el padre fue sentenciado a pagar una multa de 270.000 € por calumnias e injurias a algunas personas relacionadas con la investigación y el juicio y el criminólogo, por el mismo “delito”, 350.000 €, además de tener una denuncia de la madre de una de las niñas por haber colgado en Internetes –supuestamente de nuevo- fotografías de las autopsias, con lo que actualmente se pide para él 2 años de cárcel (llegaron a pedir 17) y 12.000 € de indemnización a la madre. Como dice Juan Ignacio Blanco en una de las entrevistas de abajo: el culpable siempre acaba siendo el mensajero.

Al final pues, y tristemente, el mismo cuento de terror: delitos, crímenes sin resolver, familias hundidas, perros de paja y los verdaderos asesinos campando a sus anchas impunemente gracias a su “posición”.

Así va todo.

BONUS:

Como que el mundo es un pañuelo, al buscar información extra sobre el caso me percato que el profesor Frontela, del que ya hemos hablado, también investigó el caso del Síndrome Tóxico del aceite de colza sucedido en España en 1981 que “se llevó” a más de 300 personas y enfermó a más de 20.000. Ambos casos tienen como mínimo algo en común: que no se nos explicó la verdad ya que ésta hubiera supuesto, muy probablemente, la ira (y el despertar) de la gente al darse cuenta de que la realidad es mucho más cruel y horrorosa de lo que nos quieren hacer creer, algo que aún hoy en día es difícil de hacer ver a mucha gente.

Si estás interesado en este caso te recomiendo la lectura del libro Pacto de Silencio que escribió en su día el gran Andreas Faber-Kaiser, un libro tan esclarecedor como el resto de sus libros o como el que aquí nos ocupa.

Bien. Dicho esto, y volviendo al crímen de Alcàsser, el libro, así como mucha más información sobre el caso, puedes encontrarlo en la web de El Palleter, un colectivo de personas que luchó (y supongo que sigue luchando) para que se sepa la verdad del caso de Alcàsser, es decir, para que se haga justicia, eso que ya vamos olvidando de qué se trata en realidad ya que hace demasiado tiempo que parece que no se aplica en este mundo virtual en el que vivimos.

Para finalizar dejo aquí 2 interesantes vídeos. El primero es una entrevista que le hicieron en 2002 a Juan Ignacio Blanco y donde dice las cosas bien claras:

Y para finalizar otra entrevista, ésta de 2009, al mismo Juan Ignacio y a Fernando, el padre de Miriam, donde hablan tanto del caso como de las sentencias contra ellos por injurias y calumnias que hemos comentado antes, mientras el presentador parece más preocupado por su guión y por el tiempo que queda de programa que por lo que se explica:

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Publicado el 07/01/2013 en Libros. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Raquel Estelles Sabater

    Hijos d putaaaa pobres crias no hay derecho desgraciados

  2. haya sido quienes hayan sido los culpables espero que les entre una sifilis o alguna enfermedad y que se les caiga a cachos,hijos de puta malparidos.

  3. Indeciblemente cruel el crimen contra esas tres criaturas. Ojalá llegue el día en que se devele toda la verdad del caso y al menos caiga todo el asco y el horror sobre los perpetradores y sobre la podrida memoria de los que ya hayan muerto.

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