La Máquina Invisible

La Máquina Invisible

Documental “La Máquina Invisible”

Título: La Máquina Invisible (aka Investigaciones Electromagnéticas)
Directores:
Barbara Doran y John Whalen
Productoras: Morag Productions / Invisible Entertainment
Duración: 46 min
Año: 2003

El documental empieza con el supuesto de que una gran ciudad es atacada por un arma que no genera explosiones ni destrucción visible, pero que hace que todos los aparatos electrónicos dejen de funcionar, volviendo a sus habitantes al siglo XIX y generando un caos monumental.

El tipo de armas que podrían crear este tipo de situaciones, son las conocidas como armas de microondas, cuyo desarrollo hace ya muchos años que se lleva a cabo aunque se ha intentado mantener en secreto durante mucho tiempo.

Un caso paradigmático de los efectos de este tipo de armamento, o por lo menos es lo que la mayoría cree, es lo que sucedió el domingo 2 de abril de 1978 en Bell Island, Terranova, al este de EEUU: cayó una especie de rayo del cielo que arrasó con gran parte de la tranquila isla.

La explosión generó un ruido ensordecedor que se escuchó a más de 20 Km. de distancia e incluso allí hizo temblar todo. Los televisores explotaron, los fusibles saltaron, bolas de fuego demolieron las casas del pueblo y murieron animales. Incluso la dueña de la casa donde cayó ese “rayo” murió 4 meses después por un fallo cardíaco, lo cual no se sabe si sucedió por mera coincidencia, algo casual, o estaba directamente relacionado con el rayo que puso a la isla en el punto de vista mundial, algo causal.

Ese día los satélites registraron emisiones de luz equivalentes a la explosión de una bomba de 10 megatones, muchísimo más potente que la generada por la bomba lanzada sobre Hiroshima, y también los escáneres militares registraron tamaña explosión.

Con todo lo dicho, la rama de inteligencia de la policía militar de Canadá decidió abrir una investigación por su cuenta aunque los informes oficiales acabaron diciendo que la explosión había sido debida a la caída de un rayo, algo que los habitantes de la zona no creyeron; se preguntaban si lo que sucedió no habría sido un experimento militar fallido.

Bell Island, 1978

Algunas de las consecuencias del “misterioso rayo” que asoló Bell Island en 1978

Y es que es difícil creer que un mero rayo generara tal destrucción, por no contar con que hiciera que no sólo 2 científicos de los laboratorios de Los Álamos (Álamos National Laboratory) fueran a Bell Island a investigar lo sucedido sino que también llegaran allí militares soviéticos acompañados por personal militar canadiense y estadounidense, quienes se llevaron diversas muestras en cajas metálicas mientras preguntaban mucho y no daban muchas explicaciones. Raro era también que en plena Guerra Fría supuestos enemigos como eran los soviéticos y los estadounidenses fueran cogidos de la mano a investigar ese extraño suceso.

Era conocido que tanto la URSS como EEUU estaban preparando armamento nuclear, pero no se sabía que ambas naciones estaban desarrollando un nuevo tipo de armas, las armas electromagnéticas o de energía dirigida, que venían estudiándose desde hacía más de 30 años y que se están usando en la actualidad, aunque muchas veces no nos enteremos, siendo ésta una nueva manera de hacer la guerra, la guerra silenciosa.

Los grandes avances en temas marciales empezaron con la pólvora, luego vinieron los barcos con cañones, las fuerzas aéreas, las mejoras con explosivos y así hasta el armamento nuclear de la 2ª Guerra Mundial, el napalm en la guerra de Vietnam, las bombas inteligentes en la Operación Tormenta del Desierto, o Guerra del Golfo, y, por el momento, este tipo de armas electromagnéticas, como láseres de alta potencia o rayos iónicos o microondas. Todo ellos haciendo uso de la misma tecnología que nos ha dado, por ejemplo, los microondas, los móviles y el control a distancia.

Esto no fue conocido por el público hasta que en 1997 un periodista del New York Times, Seth Schiesel, empezó a investigar acerca de armamento del futuro, lo cual hizo que salieran a la luz las bombas inteligentes, los misiles guiados por satélites, aviones no tripulados (los drones de los que tanto se habla en la actualidad, no sólo en el ámbito militar) o el uso de las ondas electromagnéticas en forma de energía dirigida.

En este último caso, los investigadores y fabricantes trabajan en una gama de armamento con un poder destructivo cientos de veces superior al de la corriente eléctrica producida por un rayo y que puede aniquilar misiles enemigos en el cielo, cegar a los soldados enemigos en el campo de batalla, quemar la piel al que se ponga a tiro o destruir toda la electrónica de una ciudad en cuestión de segundos.

Todas estas opciones tienen algo en común, el uso de la energía dirigida que genera un poderoso pulso electromagnético, como un rayo controlado, pasando de generar un pulso electromagnético de gran longitud de onda como el de los rayos, a las microondas, que tienen una longitud de onda de entre 1 metro y 1 mm.

Instalaciones HAARP en Gakona, Alaska

Instalaciones HAARP en Gakona, Alaska

El efecto de los pulsos electromagnéticos fue descubierto accidentalmente durante las primeras pruebas nucleares, cuando en las primeras explosiones los equipos de medición y aparatos eléctricos se estropearon y quedaron inservibles, lo cual llevó a que se descubriera que este hecho era debido a que las explosiones nucleares generaban (generan) enormes pulsos electromagnéticos que afectan a todo aparato electrónico.

Así que a principio de los años 50 en los Álamos, Nuevo México, que es uno de los centros de donde salió la primera bomba atómica en lo que se conoce como Proyecto Manhattan, los científicos pensaron si podrían generar ellos estos pulsos electromagnéticos.

Se explica que en documental que recibimos muchas clases de ondas electromagnéticas. Una de ellas, por ejemplo, es la que nos hace visibles, formando parte del espectro electromagnético y percibiendo nuestros ojos esas ondas. El calor sería otro tipo de ondas electromagnéticas que no vemos pero, en este caso, nuestra piel sí siente. Y la telefonía móvil o la televisión también funcionan gracias a ondas electromagnéticas.

A raíz de las investigaciones realizadas con respecto a estas nuevas tecnologías se supo de HAARP, High Frequency Active Auroral Research Program o Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, del cual se ha hablado mucho estos últimos años. HAARP es un programa financiado por los EEUU y sus instalaciones más conocidas son las que se encuentran cerca de Gakona, en Alaska.

Desde allí, con la ayuda de 180 antenas capaces de generar una potencia de 1 GW, ondas de radio de alta frecuencia son dirigidas hacia la ionosfera, que forma parte de la atmósfera. La ionosfera contiene partículas cargadas eléctricamente, los electrojets aureales, y actúa como un espejo, reflejando las ondas de radio recibidas a la tierra. Al enviar ondas de radio a la ionosfera se aceleran sus partículas calentando ciertas áreas y después estas partículas reflejan la energía que acaba bajando de nuevo a la tierra.

Así pues con HAARP se pueden crear grandes concentraciones de energía, haciendo que la ionosfera vibre en armonía con la señal emitida por estas instalaciones, lo cual se puede usar por ejemplo para detectar misiles o aviones hostiles. Y ojo, que no son las únicas instalaciones ni los únicos programas creados con esta finalidad: hay más en Noruega, Rusia o Japón, por mencionar sólo algunos de los países que manejan esta tecnología.

Ondas electromagneticas rebotando en la ionosfera

Así funcionan HAARP y similares, enviando ondas electromagnéticas a la ionostera donde rebotan hacia la tierra

HAARP se basa, entre otros, en varias patentes del físico Bernard Eastlund, y la supuesta idea del proyecto era la de disponer de un escudo que protegiera Canadá y EEUU de los hipotéticos misiles enemigos. En la actualidad el –también supuesto- fin del proyecto es el de estudiar la ionosfera y mejorar los avances en las radiocomunicaciones y sistemas de vigilancia (¡ja!).

Pero no sólo los EEUU trabajaban con esta tecnología. También los soviéticos realizaban experimentos similares y algunos creen que la explosión de Bell Island mencionada al principio fue el resultado de estas pruebas, en las que supuestamente lo soviéticos estarían dirigiendo una señal electromagnética hacia Cuba pero ésta habría sido atraída por la isla actuando como un imán gigante, ya que el lugar tiene enormes depósitos de hierro y las minas abandonadas tienen muchos kilómetros de tuberías de cobre.

Posteriormente también se ha especulado que este tipo de armas fuera usado en Kosovo en 1999 o en la guerra de Irak de 2003. Armas como las bombas E (electromagnética/s), en las que un pulso eléctrico sale de la bomba concentrando la energía delante en la antena de microondas. Luego la bomba se desintegra en el aire justo en el momento en el que el rayo de microondas es lanzado contra el área del objetivo, área que es conocida como “la huella mortal”, lo cual ya dice mucho de sus consecuencias.

Otra categoría de armas son las que usan la energía láser, que es un hilo continuo de radiación con intensidad suficiente como para causar grandes daños o, como hemos mencionado antes, las que tienen como bonito fin el control de masas (manifestaciones y demás), que en vez de lanzar un único pulso, emite constantemente energía para, por ejemplo, calentar la piel con mucha rapidez, parecido a lo que hace el microondas que tienes en la cocina (o no).

Según los creadores de estas tecnologías lo que tienen de bueno es que no es necesario matar personas o causarles heridas permanentes. Como dicen en el documental, aclarando que es una manera de decir, son “armas para hacer la guerra de una manera mas civilizada”. Ejm.

Aunque este tipo de armas se han hecho para acabar con los sistemas electrónicos, igual que sucedió con armas anteriores como las nucleares o las químicas, hasta de aquí a un tiempo no se sabrán exactamente las consecuencias para el ser humano, porque puede tenerlas y, en caso de que así sea, como siempre lo sabremos una vez el daño ya se ha hecho, no antes.

Bomba electromagnética haciendo de las suyas

Otro ejemplo del uso de las ondas electromagnéticas, en este caso una bomba-E haciendo de las suyas, es decir, emitiendo pulsos electromagnéticos y anulando todo aparato que “viva” de la electricidad

Pero ahí no se acaba la cosa, ya que esta tecnología podría (puede) calentar la ionosfera y convertir el clima en un arma de guerra, generando inundaciones, tornados, terremotos y todo tipo de catástrofes, motivo principal por el que estos últimos años se ha hablado tanto de HAARP.

EEUU firmó tratados con la URSS y con otros países a mediados de los 70 en los que se acordó no usar la geofísica como arma de guerra, permitiendo usarla sólo dentro de los límites nacionales, pero la verdad es que es difícil acotar el clima con barreras artificiales, además que los propios EEUU siempre han querido cambiar esos tratados sobre la modificación del clima y, estamos más que seguros, los debe respetar bastante poco o nada.

Acabaremos esta destripada con el noble título del libro que publicaron en su día Jeanne Manning y Nick Begich y que, para el que no esté en Babia, dice mucho más que 5 palabras:

Angels Don’t Play This HAARP

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Publicado el 05/11/2012 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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