Luz Tóxica. El lado oscuro de las bombillas de bajo consumo

Luz Tóxica. El lado oscuro de las bombillas de bajo consumo

Documental “Luz Tóxica. El lado oscuro de las bombillas de bajo consumo”

Título: Luz Tóxica. El lado oscuro de las bombillas de bajo consumo
Directora:
Alexandra Pfeil
Productora: Spiegel TV GmbH / ZDF
Duración: 28 min
Año: 2012

Si hace no mucho con el documental Comprar, Tirar, Comprar, redescubrimos la obsolescencia programada y, cómo uno de sus muchos ejemplos, las bombillas de toda la vida, cuya vida útil fue limitada a 1.000 horas para que los consumidores consumieran, valga la redundancia, más, ahora con este documental alemán redescubrimos también que las -tan en boga- bombillas de bajo consumo no sólo no cumplen lo prometido sino que, mucho peor, son veneno instalado en nuestras casas (en la mía no :)).

La Comisión Europea de Medio Ambiente decidió hace unos años, a raíz de una de esas reuniones de “calentólogos” (los que defienden la teoría del cambio climático antropogénico), donde Australia fue la primera en dar el salto a las bombillas de bajo consumo, que el 1 de este mes de septiembre de 2012 en el que estamos se dejarían de comercializar las bombillas de 25 y 40 W y serían reemplazadas por bombillas de bajo consumo.

La decisión se tomó muy rápidamente y muchos países decidieron subirse al carro de la modernidad; lo importante es seguir la moda, caiga quien caiga. La Comisión Europea confirma que no se hizo ninguna investigación de largo alcance sobre los efectos nocivos de este tipo de bombillas y el único estudio que se realizó fue entregado a dicha comisión en mayo de 2010, después de que hubiera sido prohibida la bombilla incandescente.

Empresas como Phillips y Osram, grandes productores de este (in)útil insano, que se fabrican mayormente en países de Extremo Oriente como China, y en cuyas fábricas ya ha habido bastantes casos de intoxicación de mercurio, influyeron mucho en la decisión. ¿Que por qué? Por lo de siempre, por intereses económicos: apenas se estaba ganando dinero con las bombillas normales, cosa que no sucede con las de bajo consumo, cuyo margen de beneficio es mayor.

En cuanto a las características reales de las bombillas de bajo consumo, ya sea en formato bombilla o las lámparas fluorescentes, tenemos que consumen menos electricidad y duran más tiempo que las bombillas incandescentes pero:

  • Tardan mucho en encenderse
  • La luz es difusa y no refleja bien los colores
  • Pierden luminosidad rápidamente
  • No duran el tiempo indicado en las cajas (su vida útil es de poco más de 1 año y se puede saber que van a dejar de funcionar cuando tienen manchas negras)

Pero todo esto son tonterías si tenemos en cuenta que estamos acostumbrados a que nos mientan constantemente (por algo vivimos en Matrix, ¿no?) y, sobretodo, si lo comparamos con el verdadero problema de estas bombillas: el mercurio que contienen y el resto de sustancias tóxicas que emiten en pleno funcionamiento.

El mercurio, un metal pesado como los que desprenden esos aviones que ves por el cielo dejando largas colas blancas conocidas como chemtrails y de los que algún día deberíamos hablar, es una sustancia altamente toxica, una neurotoxina muy severa que puede dañar gravemente los órganos de nuestro cuerpo, nuestra salud.

La directiva de la Unión Europea permite hasta 5 mg de mercurio por bombilla, como una cabeza de alfiler, algo que puede parecernos ridículo o inocuo, pero está constatado que una cantidad insignificante de mercurio reduce el coeficiente intelectual además de producir casos de eccema, caída de pelo, temblores, descomposición, autismo y, desde luego (no podía faltar), cáncer.

Así que en el documental afirman, usando la lógica canina, que es aquella lógica vital y básica que todos deberíamos poseer, que el límite de mercurio no deberían ser esos 5 mg sino 0.

Cuando se rompe una bombilla de bajo consumo el mercurio se evapora rápidamente y llega a nuestros pulmones y de allí al cerebro, con lo que las recomendaciones en estos casos son abrir las ventanas rápidamente y salir de la habitación durante al menos 15 minutos, tiempo que recomienda oficialmente la Oficina Federal de Medio Ambiente. Incluso si hay calefactores encendidos en la habitación habría que apagarlos.

Una vez pasado el tiempo no hay que barrer los cristales, para que el mercurio que quede no se esparza por el aire, ni tampoco tocar los cristales. En todo caso habría que hacerlo con guantes que luego habrán de desecharse (una opción que proponen en el documental es usar cinta adhesiva para recoger del suelo los cristales más pequeños).

Seguimos. Dichas bombillas, estando en funcionamiento e intactas, no rotas, emiten sustancias orgánicas volátiles como el fenol o el tetrahidrofurano, ambas sustancias cancerígenas, a parte de otras que pueden dañar el sistema nervioso y el hígado.

Estas sustancias amigas de la vida ajena salen del zócalo de la bombilla y de las grietas de los tubos cuando ésta se calienta.

La contaminación electromagnética, que emiten es, además, mucho mas alta que las de las bombillas de toda la vida, lo cual puede producir disfunciones morfológicas, neurológicas o celulares. La luz ultravioleta que emiten es cancerígena.

Ya para acabar, por si no fuera poco, y a nivel medioambiental y de reciclaje, el zócalo de estas bombillas contiene componentes electrónicos hechos de silicio, aluminio y fósforo, con lo que si no se desechan correctamente, es decir, en contenedores o lugar especiales, dichas piezas y elementos acaban vaya-usted-a-saber-donde.

Y lo curioso es que según se explica en el documental las tiendas que venden estas bombillas no tienen ninguna obligación legal de aceptarlas una vez se hayan consumido. Teniendo en cuenta esto, y que se calcula que sólo el 10% de las bombillas son recicladas correctamente, podemos imaginar que parte de las sustancias mencionadas del 90% restante acaban en suelos, ríos y mares y de allí a animales y luego a nosotros que, por cierto, somos doblemente animales.

La alternativa, a parte de seguir usando las bombillas de siempre, si aún las encuentras, es el uso de las bombillas LED, que consumen menos electricidad, iluminan inmediatamente y duran entre 4 y 5 veces más que las de bajo consumo, aunque eso sí, son bastante caras. Esperamos que no tengamos que publicar un día un post en este santo blog para cagarnos en dichas bombillas como estamos haciendo ahora con las de bajo consumo…

Es muy probable que pienses que todo esto es mentira, que no tiene fundamentos científicos (la ciencia, ese dios del presente y único poseedor de La Verdad…) y que no puede ser que las instituciones que nos explotan gobiernan den el visto bueno a un producto masivo que puede ser perjudicial contra la salud y el medio ambiente.

Y puede que tengas razón, puede que el documental exagere, sea mero “politiqueo” o que haya datos incorrectos, pero lo contrario también es posible y, desde luego, no sería la 1ª ni la última vez que esto sucede. Sin ir más lejos tenemos el tabaco, el aspartamo, los OMG, etc., y está más que demostrado que vivimos rodeados de sustancias tóxicas; los hospitales y cementerios saben mucho de este tema.

Por Internetes encontrarás posturas tanto “a favor” como “en contra” de las bombillas de bajo consumo, como casi de cualquier cosa que se te ocurra, pero tú, y sólo tú, acabas siendo el que decide lo que crees y, por lo tanto, los riesgos que decides asumir.

Aquí el documental:

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Publicado el 24/09/2012 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. 😀 ok titus, message received, ya no compro más bombillas de bajo consumo. Me paso al tema led…

    • Iba a decir que qué contentos estarán los fabricantes de bombillas de bajo consumo, pero visto que los mismos también fabrican LED… tú saes…

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