Into Eternity

Documental Into Eternity

Documental “Into Eternity”

Título: Into Eternity
Director: 
Michael Madsen
Productora: Magic Hour Films
Duración: 75 min
Año: 2010

Les diría que ahora están en un lugar en donde hemos enterrado algo, para protegernos de ello.

Y hemos hecho todo lo posible para asegurarnos de esa protección.

También necesitamos que sepan que este lugar no debe ser alterado.


Y queremos advertirlos de que no pueden vivir aquí.


Deben alejarse de este lugar si quieren estar seguros.


Estoy ahora en el lugar al que nunca deben venir.

A oscuras, iluminado únicamente por una cerilla que se va consumiendo en su mano izquierda, Michael Madsen, el director de este soberbio documental, nos introduce con las palabras de arriba a Onkalo, palabra finlandesa que significa cavidad o lugar oculto, el hasta ahora mayor cementerio de residuos nucleares, situado en Eurajokl, a unos 100 km. de Helsinki, la capital de Finlandia. Pretende almacenar, aislar y asegurar los residuos que generen las centrales nucleares de este país bajo tierra, en un túnel en forma de espiral que llegará a 500 m. de profundidad, con una longitud de 5 km. y cuya construcción se inició en 2004, se prevé que finalizará en el 2100 y, ojo al dato, se pretende que dure la friolera de 100.000 (cien mil) años. Lo repito por si no se ha entendido bien: debe durar 100.000 años.

El documental, que como digo tiene una producción impecable, más allá de analizar las características de una obra faraónica como lo es ésta, parece realizado a modo de mensaje, de aviso, para las futuras generaciones que tengan que lidiar, voluntaria o involuntariamente, con lo que se encuentra en esta megatumba abismal y mortal, algo que ya se intuye por la coletilla del propio título: “a film for the future” (una película para el futuro).

Los retos y problemas no sólo se presentan en la propia construcción del cementerio, a nivel técnico, sino también en el “después de”, ya que lo ideal para los constructores y para el gobierno de Finlandia, y podríamos decir que para todos, es dejarlo preparado de tal manera que no sólo no precise de intervención humana sino que, si es posible, ningún ser vivo inteligente (y menos uno que no lo sea) pretenda y pueda acceder a él o, incluso, saber de su existencia, por las consecuencias que esto podría llegar a tener teniendo en cuenta que no es precisamente un macro almacén de chocolatinas.

Hablamos de residuos generados por el uso de la energía nuclear para producir electricidad, uranio y plutonio radiactivos, la muerte que ni se huele ni se ve ni se siente y que tiene la capacidad de romper nuestro código genético, el ADN, de “destrozarnos” o de matarnos.

Entrada a Onkalo

Entrada a Onkalo, el inframundo radiactivo de Finlandia

Una de las personas entrevistadas lo define terroríficamente bien: “Tras una exposición total prolongada, no sientes nada hasta el cabo de una hora, cuando empiezas a tener nauseas y vómitos, así que piensas en una intoxicación alimentaria. Quizás luego mejores, pero a las 2 semanas empezarás a sangrar. Tendrás diarrea y fiebre. Y tras unas pocas semanas, puedes incluso morir. La radiación también puede dejar un rastro en ti. Puede cambiar los genes. Mutarlos. Causar malformaciones, enfermedades o insuficiencias. Ten cuidado. Nunca permanezcas en un área con una tasa alta de radiación. Y bajo ningún concepto roces siquiera una fuente de radiación.” Nada que añadir…

Actualmente hay unos 430 reactores nucleares en nuestro planeta, el 30% en EEUU, y se calcula que si China e India siguen el ritmo acelerado de crecimiento que tienen, habrá que instalar 3 centrales nucleares diarias para poder abastecerlos (…). En nuestro planeta hay unas 250.000 toneladas de residuos nucleares que, además, siguen siendo nocivos durante mucho tiempo, en este caso durante 100.000 años (según la Unión Europea y motivo por el que Onkalo debe durar ese tiempo), con lo que está claro, por lo menos para los entrevistados en el documental, que algo hay que hacer con ellos, que hay que ser responsables ya que se ha decidido utilizar una fuente de energía peligrosa que genera tanta basura tan nociva.

Dado que no se ha encontrado todavía manera de inutilizar dichos residuos, de hacerlos inocuos, se pensó en su momento en maneras de deshacerse de ellos. Ejemplos que se dan son enviarlos en un cohete directos al Sol o enterrarlo en lo más profundo de algún océano. En el primer caso se corre el riesgo de que el cohete pueda explotar en el despegue, algo a lo que nadie se quiere arriesgar, y en el segundo, que es sólo otro ejemplo, en el caso de que hubiera terremotos los residuos podrían acabar liberados en el mar, con consecuencias devastadoras para el planeta entero.

Actualmente el método utilizado habitualmente es el de almacenar los residuos en piscinas de hormigón cubierto de materiales sintéticos o acero inoxidable y de llenas de agua fría, ya que ésta hace las veces de escudo para la radiación, pero el problema que tienen es que no se pueden asegurar condiciones estables durante 100 años (no digamos ya 100.000) y que este tipo de almacenamiento necesita energía para mantener las piscinas frías, personal de mantenimiento, etc.

Estructura principal de Onkalo

Vista de la estructura principal de Onkalo

Así que la opción más segura ha sido ha sido que los residuos permanezcan bajo tierra en millares de cilindros de cobre en túneles secundarios unidos al túnel principal que mencionamos al principio y Onkalo, el lugar creado para este fin,  se encuentra en el lecho rocoso finlandés, que tiene 1.8 billones de años y parece el medio más estable como para que aguante 100.000 años más, aunque evidentemente no existe el 100% de seguridad de que no vaya a suceder algún imprevisto.

El depósito además debe ser autónomo, sin actividad, gestión o vigilancia necesaria por parte de los humanos, ya que en la superficie, y más teniendo en cuenta el tiempo que debe persistir, las condiciones pueden cambiar de manera radical: crisis energéticas, guerras, catástrofes naturales y un largo etcétera. De hecho se ha previsto en la construcción de estas instalaciones incluso una glaciación que, según los estudios que se han hecho, sucederá dentro de unos 60.000 años.

A parte de todo lo que se ha comentado, el mayor riesgo en esta obra es la intrusión de personas, es decir, el que los residuos puedan dejar de estar aislados del ser humano, que es precisamente lo que se quiere evitar.

Esta posibilidad presenta distintas situaciones, como los motivos que podrían llevar a esas personas el excavar: la curiosidad innata del ser humano; las intenciones de descubrir qué se encuentra oculto bajo tierra, por si hay algo que pueda ser de utilidad; la posibilidad de que en un futuro estos residuos sean considerados como un tesoro, como durante mucho tiempo ha sido el oro (en este caso se trata de uranio, plutonio, cobre, acero…); la posibilidad de querer conseguir estos materiales con fines dudosos como, por ejemplo, el de fabricar armas…

Y todo esto plantea un dilema: si hay que indicar de algún modo que en esa zona se encuentra el cementerio de residuos o simplemente dejarlo oculto y olvidado para que pase desapercibido y haya, en teoría, menos posibilidades de que alguien sepa de su existencia y por lo tanto intente acceder a él.

Onkalo finalizado

Onkalo una vez finalizado. Las líneas blancas es donde se encontrarán los contenedores con los residuos nucleares

En el caso de no indicar nada y dejarlo de tal modo que nadie sepa que allí hay lo que hay, no habría mayor problema, eso si damos por hecho que como hemos dicho anteriormente la instalación no necesita de acción humana para mantenerse. Pero en el caso de que se decida notificar o avisar de lo que se encuentra a metros de profundidad se plantean nuevas discusiones.

En el documental se da el ejemplo de una piedra rúnica que se encontró en Noruega hace tiempo colocada boca abajo y que incluía la inscripción “Que no sea tocada por hombres incorrectos”, cosa que los arqueólogos ignoraron, lo mismo que podría pasar en este caso, que aún alertando del peligro éste fuera ignorado. Pero aquí damos por supuesto que los que vean/lean el mensaje lo entenderán.

¿Cómo avisar del peligro que se encuentra bajo tierra? ¿En qué idioma o idiomas hacerlo? De aquí a, pongamos, 300 años, ¿alguno de los idiomas actuales seguirá existiendo? ¿Sería mejor usar símbolos universales de peligro? ¿Se entenderán claramente y no se confundirán con algo totalmente distinto? ¿Quizás sería más útil algo como el cuadro de Edvard Munch, “El grito”, una de las ideas mencionadas en el film, a modo de representación de algo negativo, de desesperación?

Incluso una de las posibilidades barajadas es la de, en caso de decidir avisar o informar, hacer de la zona un lugar en el que no sólo se explique en lenguaje escrito y/o simbólico el peligro que hay sino que se sienta dicho peligro, que se perciba, haciendo de ése un lugar enrarecido, algo malsano, quizás llenando la zona con espinas gigantescas o monumentos aterradores, oscuros, impregnados de negatividad y “generadores de mal rollo”, que dejen meridianamente claro de que ahí pasa o hay algo malo, peligroso, dañino, y que es mejor irse que seguir allí.

Se plantean como vemos más problemas por resolver, aunque desde luego, hasta que se finalice la obra, queda tiempo de sobras para darle vueltas a estos asuntos. En el documental se da otro ejemplo, el de las pirámides de Giza, cuyo propósito no sabemos, al menos no de manera oficial (ya que esta versión obsoleta y simplista es que se tratan de “meras” tumbas). No se sabe si los que llegaran a la zona de Onkalo entenderían el mensaje que se les quiere dar o si, por ejemplo, podrían interpretarlo como un emplazamiento funerario o algo de tipo religioso. En resumen: se haga lo que se haga puede suceder cualquier cosa, y más teniendo en cuenta el tiempo que ha de transcurrir hasta que los residuos dejen de ser radiactivos.

Símbolos Onkalo

A la izquierda símbolos universales de peligro y radiactividad. A la derecha una propuesta para hacer sentir al que llegue a la zona que se trata de un lugar del que hay que alejarse

Tampoco sabemos si las personas (si fueran personas las que lo hicieran…) que descubrieran el lugar serían más avanzadas que nosotros en la actualidad, habrían retrocedido tecnológicamente (al paso que vamos no es una posibilidad descabellada) o estarían en una situación intermedia. Podría darse el caso de que  fueran muy capaces de excavar a gran profundidad pero no tuvieran ni idea de la energía nuclear ni de sus peligros, o no tuvieran herramientas para poder saberlo.

Según explica el “pobre” abogado entrevistado (pobre porque, como otros entrevistados, se encuentra con estos dilemas y dudas que plantea el director del documental cuando entrevista a los protagonistas), la ley finlandesa dice que hay que proteger a las generaciones futuras (su nivel de seguridad no puede ser menor del que disfrutan actualmente), no se les debe añadir cargas ni imponerles responsabilidades excesivas, teniendo la obligación de informar sobre el propósito de esta magna y un poco aterradora obra. Todo esto está muy bien pero, como venimos viendo, no es nada sencillo y plantea muchas cuestiones que se convierten en disyuntivas filosófico-ético-morales.

Además, y por contra, la ley también dice que es necesario que cada generación compruebe si el sistema es el adecuado y que es responsabilidad del gobierno -de Finlandia- que la información perdure en el tiempo, que “llegue al futuro”, pero en finés (¡!), así que en unos cientos de años es más que posible que nadie lo entienda. Y aún si los manuales, instrucciones o archivos estuvieran en varios idiomas podría suceder lo mismo que hemos comentado más arriba, que acaben en algún momento resultando incomprensibles a menos que vayan siendo “traducidos” a lo largo del tiempo a los nuevos idiomas propios o universales que puedan surgir en este planeta. Eso en el caso de que las generaciones futuras sean tan responsables como parecen ser los finlandeses con todas estas propuestas o, como mínimo, con la idea de querer proteger a los hijos de los hijos de los hijos…

Si todo va según lo planeado, en el 2100, una vez se hayan almacenado los residuos generados por las 4 centrales nucleares que hay, o acabará habiendo, en Finlandia, unas 12.000 toneladas de basura mortal, el túnel será sellado con cemento y, si no se cambia de opinión, dejado listo para el olvido, un olvido que habrá que recordar de algún modo, ya sea para proteger a los que vendrán como para decidirnos a “buscar de verdad” otras fuentes de energía más saludables.

Director del documental Into Eternity

Michael Madsen, director del documental Into Eternity, haciéndonos reflexionar antes de que se consuma la cerilla. Detrás la entrada/salida que será taponada una vez finalice la construcción de Onkalo

No queda más que recomendarte, como hago o pienso siempre, que veas este documental que nos muestra una construcción probablemente única pero que ahonda – parece ser el mayor interés del director- en las consecuencias de dicha construcción para las generaciones venideras, en la manera de avisarles y en el propio uso de este tipo de energía.

Aquí puedes ver un trailer del documental.

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Publicado el 04/06/2012 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. EvilChurches

    ¡Más que una sorpresa, ha sido un disgusto lo que me has dado! jejeje

    He visto el docu. Sigo pensando que la mejor alternativa a la energía nuclear para generar electricidad es la energía azul (también conocida como osmótica: http://es.wikipedia.org/wiki/Energ%C3%ADa_azul). Me atrae la idea de utilizar la presión del agua a secas, sin calentamiento, para generar energía eléctrica.

    Desafortunadamente, la peña prefiere vivir peligrosamente y poner en peligro la vida de los demás.

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