El otro Nostradamus

Título:  El otro Nostradamus
Productora: Canal Historia
Duración:  45 min
Año:  2005
Parte de la serie “Descifrando la Historia” 

Documental "El otro Nostradamus"

Documental "El otro Nostradamus"

Supongo que el título del documental ya deja claro que no vamos a hablar de la relación entre el gas metano emitido (flatulencias o pedos) por las vacas y el cambio climático (…) sino de profecías, profetas y videntes.

Se empieza hablado de Nostradamus, como no podía ser de otro modo, primero médico de la corte, astrólogo de la reina de Francia y, finalmente, el profeta más conocido por el terrícola medio.

Entre 1555 y 1558 escribió su libro “Les propheties” que constaba de 1000 poemas, las conocidas cuartillas, de los que se conservan actualmente 942 y para el que planeó 10 volúmenes. Debido precisamente a sus profecías, como la muerte del rey de Francia en una justa (combate entre 2 humanos con el fin de conseguir algún derecho o algo), cosa que sucedió 10 años después, la revolución francesa, el ascenso de Napoleón o la llegada al poder del malvado Hitler, fue conocido como “el profeta del desastre”

En la misma época que Nostradamus, pero en Inglaterra, había otra profeta, la madre Shipton, que describió en verso hechos que aún no se habían producido como la 2ª Guerra Mundial, el fin del mundo, que las mujeres se irían como los hombres -pelo corto, uso de pantalones, etc.-, que podríamos volar o ir bajo el agua, entre otras.

Como ya mencionamos en un anterior post, las profecías suelen prestarse a una libre interpretación que puede hacer que donde tú veas seres monstruosos lanzando fuego por la boca yo vea camellos escupiendo. Lo define perfectamente uno de los “estudiosos” que hablan en el documental: “Los profetas son como arqueros que disparan su flecha para que alguien dibuje la diana a su alrededor. Sus afirmaciones son enormemente vagas, pueden leerse de muchas maneras distintas y permiten que el público las interprete de la forma que estime conveniente”.

También se menciona la profecía de los papas de Malaquías. Malaquías, que fue un obispo que vivió en la Irlanda del s. XII, tuvo visiones, que dejó por escrito, en las que se le indicaban los 111 papas que dirigirían La Iglesia hasta el día del juicio final, o, quizás, hasta el día del final de La Iglesia. En dicha profecía el último papa sería el actual, Benedicto XVI. Es probable que pronto sepamos si iba errado o no.

Como no podía ser de otro modo en un documental de esta temática también se menciona a los Mayas y a los indios Hopi, ambos pueblos íntimamente ligados al cielo, a las estrellas y a su relación con los designios de este planeta y de los que lo habitamos, ya sea por sus calendarios, por sus profecías o por los ciclos de la historia que dijeron que había habido y que habría.

Y por fin llegamos al Profeta durmiente, el motivo por el que hemos decidido realizar este post.

Edgar Cayce, el profeta durmiente

Edgar Cayce, el profeta durmiente

Edgar Cayce nació en 1877 en Hopkinsville, Kentucky, EEUU, en el seno de una familia de clase media, muy religiosa y que vivía del cultivo del tabaco y de la ganadería.

Ya de pequeño se dio cuenta que el resto de niños no eran como él; tenía visiones mientras leía la Biblia en el bosque y decía ver muy a menudo a su abuelo, que había muerto hacía tiempo. Por si esto fuera poco se dice que memorizaba libros enteros durmiendo sobre ellos, algo que a más de uno le gustaría poder hacer.

A los veintipocos años padeció una laringitis aguda que no le permitía hablar, así que se puso a trabajar como fotógrafo, un trabajo en el que no necesitaría mucho su voz.

Un homeópata que conocía, el Dr. Lane, le sugirió la autohipnosis para tratar de curar su enfermedad. Finalmente accedió y el 30 de marzo de 1901, estando en un sofá en un estado de hipnosis, sorprendió a los presentes diciendo -con su voz, claro- lo que le sucedía a su garganta y el tratamiento que debía seguir para sanarse, cosa que sucedió después de seguir sus propias indicaciones. Esta fue su primera lectura, que es como se refería a las sesiones de autohipnosis que realizaba con el fin de obtener la información requerida. Más adelante haría lo propio con la virulenta tuberculosis que le detectaron a su mujer, a la que los médicos daban poco tiempo de vida, o con el ojo quemado de su hijo al tener un accidente con una cerilla encendida y pólvora (niños, no hagáis esto en casa).

Se corrió la voz y a partir de entonces mucha gente le visitaba para que les dijera qué problema tenían y cómo solucionarlo, lo que él hacía empleando terminología médica, algo curioso ya que no tenía estudios de medicina.

Pero no todo se reducía a diagnosticar y curar enfermedades. Acudieron a él infinidad de personas, ricas o pobres (no cobraba nada por sus lecturas y vivía de las donaciones), que le pedían información de lo más variopinta: saber el estado de un familiar que estaba batallando en alguna guerra lejada, buscadores de petróleo que querían saber donde había oro negro, a los que facilitó informes casi milimétricos de donde se encontraba su preciado tesoro, jugadores de bolsa que querían saber donde invertir su dinero o gente que quería hacer su agosto en las carreras y solicitaban “consejo” para saber en qué o en quien apostar.

Acudieron a él incluso algunos personajes famosos como Thomas Edison, el presidente Woodrow Wilson o Nelson Rockefeller.

Y fue precisamente esto, el hecho de que se aprovechara su don para satisfacer el egoísmo y las ansías de riqueza de algunos, y el que padecía dolores de cabeza cuando realizaba lecturas en busca de información con intereses egoístas, que decidió dejar de realizar lecturas, aunque poco tiempo después volviera a la carga.

Solía realizar 2 sesiones diarias, una por la mañana y otra por la tarde. Se sentaba en el sofá, se aflojaba la corbata, se desataba los zapatos, cruzaba los brazos sobre el pecho y se relajaba, llegando a un estado de trance hipnótico. Cuando sus ojos comenzaban a moverse durante 30/60 segundos era el momento en el que se le podía hacer una pregunta a la que él respondería. Los datos que necesitaba eran el nombre de la persona a la que se le hacía la lectura y el lugar donde se encontraba dicha persona (no todo el mundo acudía a su casa a realizar la consulta)

Finalizada la lectura psíquica, una vez despierto, no recordaba nada de lo que había dicho. Gladys Davies, la taquígrafa/secretaria que contrató Cayce en 1923 para registrar sus palabras cuando entraba en trance, tomaba notas de todo lo que decía y luego hacía una copia del informe que enviaba a la persona que había hecho la consulta. Para mantener la privacidad se acabaron sustituyendo los nombres de las personas por números en los informes.

Edgar Cayce y su mujer Gertrude

Edgar Cayce y su mujer Gertrude

Gladys contó que “un día, durante una lectura, soltó una frase larguísima, y yo no sabía si debía poner un guión o una coma, cómo plasmar aquello, y, mientras dormía, allí en el sofá con los ojos cerrados, me dijo “ahí va una coma”.

En la década de 1920, mucho antes de que se descubrieran los manuscritos del Mar Muerto (en 1947), Cayce habló de los esenios, secta judía que se ha considerado la responsable de los manuscritos, y dijo que estaba compuesta por hombres, mujeres y niños, cuando se creía que esta secta estaba formada únicamente por hombres hasta que, bastantes años después, se descubrieron esqueletos de mujeres esenias y se confirmaron las palabras del profeta.

Sugirió que el río Nilo en algún momento había discurrido en dirección contraria a la actual y que desembocaba en el océano Atlántico. En 1980, gracias a imágenes captadas desde el espacio, se supo que en algún momento del pasado el Nilo cruzaba el Sáhara y llegaba al Atlántico.

También realizó lecturas sobre la Atlántida. La consideraba el 1er gran edén sobre la tierra, anterior al edén que conocemos, el de Adán y Eva, que se localiza en Mesopotamia.

Situaba la Atlántida en mitad del Atlántico, un enorme continente cuyos habitantes poseían un profundo conocimiento de las fuerzas del universo, capaces de construir cristales con poderes especiales y objetos voladores que, finalmente, abusaron de su poder y la cosa acabó como el rosario de la Aurora, o como dijo Platón, desapareciendo del mapa de la noche al día, hace más de 10.000 años.

Profetizó que partes de la Atlántida volverían a salir a la superficie en 1968, cosa que no sucedió, pero fue por esa época cuando en las Bahamas se descubrió el camino de Bimini, que como sabrás si has visto algún documental sobre la Atlántida, es uno de los 2 sitios que siempre se nombran [el otro es lo que hoy conocemos como el conjunto Santorini y Creta, esta última tierra de la civilización minoica, de donde viene la leyenda del Minotauro].

Cayce dijo que antes de su destrucción, los atlantes ocultaron información sobre su historia. Una parte la ocultaron en la península del Yucatán, tierra Maya, y la otra bajo la zarpa derecha de la esfinge de Egipto. En relación a este último punto, en 1990 se hicieron diversos estudios en Egipto y se descubrió que bajo la gran esfinge se encuentra una gran cámara, cámara que por su forma no parece creada de forma natural. Además, por la manera de resonar de las hondas emitidas por los sónares y radares utilizados, se cree que hay algo en dicha cámara, aunque no se ha seguido con esas investigaciones (o se ha seguido y no nos los han contado).

Lugar de enterramiento de Edgar Cayce

Lugar de enterramiento de Edgar Cayce

¿De donde obtenía Edgar Cayce toda esta información? La respuesta que él daba era que la obtenía del subconsciente del individuo al que realizaba la lectura y de los registros akásicos, una fuente universal de conocimiento que alberga todos los presentes, pasados y futuros de la humanidad. Ahí es nada. Además afirmaba que cualquiera con un poco de entrenamiento podía hacer lo que él.

Algunas de las predicciones que realizó, durante 43 años de lecturas, incluyen el inicio y fin de la 2ª Guerra Mundial, la muerte de varios presidentes como Franklin Delano Roosevelt o JFK, y el inicio y fin de la depresión de 1929. Otras, más oscuras y aún –en teoría- por ocurrir son un cambio en el eje rotacional de la tierra, el hundimiento de Japón en el océano, inundaciones permanentes en las costas de EEUU, incluida la ciudad de Nueva York, cambios geológicos y climatológicos de Europa, tormentas y terremotos… cosas poco halagüeñas.

A pesar de que, como comentaba antes, se había impuesto un máximo de 2 sesiones diarias, el verano de 1944 estaba realizando ya 7 u 8 al día. Y esa fue su perdición, ya que cada sesión le acarreaba un desgaste emocional considerable: moriría un año después de un derrame cerebral, dejando tras de sí la friolera de, ojo al dato, 14.306 lecturas psíquicas que se encuentran actualmente archivadas y catalogadas por la Asociación para la Investigación y la Iluminación Espiritual de Virginia Beach, lugar donde murió, indiscutiblemente gracias a su secretaria Cladys que anotaba y organizaba todo lo que Cayce decía en estado de trance.

No sólo nos dejó una ingente cantidad de lecturas. El hecho de que una persona con un don como el que tenía no sólo no aprovechara la ocasión para enriquecerse (y podría haberlo hecho si hubiera querido) sino que no cobrara por sus lecturas, lecturas que le llevaron a la tumba, o que creara un hospital (la que era su mayor ilusión, aunque el hospital tuvo que cerrar debido a la depresión) para poder ayudar a otras personas, dice mucho de él.

Afirmaba que el futuro es moldeable, es decir, que se podía modificar, y que dependía de nosotros cómo se desarrollaran las cosas. Y en el fondo, y en la superficie, ¿no somos nosotros los responsables últimos de la vida que tenemos?.

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Publicado el 13/02/2012 en Docus. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. EvilChurches

    Lo de Edgar Cayce es algo curioso. Yo habré pronosticado un trillón de cosas pero al igual que Edgar no me acuerdo cuando despierto y como no tengo secretaria que me lo recuerde, pues mal asunto. Prefiero vivir en la ignorancia cuando se trata de algunas cosas porque el saber SÍ ocupa lugar y cuanto menos espacio, peor.

  1. Pingback: Las Piedras Guía de Georgia « Nebula Draconis

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